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San Nicolás de los Arroyos
viernes, 21 enero, 2022

Edición N° 3935

AQUELLOS DÍAS DE CRISIS, TAMBIÉN EN LA EDUCACIÓN

MIRADA DE UN ESPECIALISTA



“La vida escolar continuaba, pero había disminuido la presencia masiva de los alumnos. El clima social era irrespirable y los problemas económicos sacudían a las familias y a las instituciones. Comenzaron a sonar voces de abandono de los estudios y – frente a la crisis y la desocupación – la partida de la ciudad para probar suerte en otros destinos, tanto en la Argentina o en el exterior”, recordó en diálogo con EL NORTE el Prof. Dr. Jorge Noro. 

De la Redacción de EL NORTE
diarioelnorte@diarioelnorte.com.ar

El 20 de diciembre de 2001 en Rosario fue asesinado el militante Claudio “Pocho” Lepratti, de 35 años, auxiliar de cocina de una Escuela en el barrio Ludueña, a la que llegaba en bicicleta. Subido al techo de la Escuela le gritaba a la policía: “Dejen de tirar que aquí solo hay pibes comiendo”. Como respuesta recibió un escopetazo de un policía llamado Esteban Velásquez. Desde su muerte se convirtió en símbolo de la resistencia de los barrios más vulnerables y las bicicletas pintadas en las paredes recuerdan: ¡Pocho vive!. EL NORTE consultó al profesor en Filosofía y Educación -de posgrados en Argentina y el exterior- Jorge Noro sobre la situación en las aulas de nuestra ciudad durante aquellos tiempos de crisis.



“Dieciocho años después de la recuperación de la democracia, nadie recuerda la celebración de aquel 10 de diciembre porque ya se preanunciaba el caos que explotó con toda la furia diez días después: crisis económica terminal con un ajuste brutal, presencia de cuasimonedas y la instalación del corralito, desborde social ganando las calles y asaltos progresivos a supermercados y negocios, descontrol político que se iba vaciando de poder y perdiendo todo control al gobierno”, contextualizó.

Voces de abandono

“En aquel momento yo era quien coordinaba las actividades escolares en el secundario del Colegio Don Bosco y era el Director del Instituto Superior 127. El gobierno de la Alianza había prolongado y ajustado las políticas de la Ley Federal, especialmente a través de los perfeccionamientos y las capacitaciones de la Red Federal y – después de cuarenta años – promovió la reformulación y la puesta en marcha de los nuevos diseños curriculares en todas las Carreras de Formación Docente. Los sucesivos ministros (Llach, Juri y Delich) se fueron sucediendo tratando de escapar a las sucesivas y progresivas políticas de ajuste del sector. En ambas instituciones, habíamos concluidos las fiestas y las ceremonias de final de cursos en los primeros diez días de diciembre, y tanto en el nivel secundario como en el superior se habían puesto en marcha los diversos turnos de exámenes. La vida escolar continuaba, pero había disminuido la presencia masiva de los alumnos. El clima social era irrespirable y los problemas económicos sacudían a las familias y a las instituciones. Comenzaron a sonar voces de abandono de los estudios y – frente a la crisis y la desocupación – la partida de la ciudad para probar suerte en otros destinos, tanto en la Argentina o en el exterior”, recordó.



“Sobrevivientes resilientes”

Noro contó: “Como ya no había clases, no tuvimos que hacernos cargo de las adaptaciones curriculares para subordinar los aprendizajes planificados a los problemas sociales y de subsistencia, pero las galerías, las salas de reuniones y las aulas eran el punto de encuentro y debate para compartir las opiniones y la desazón frente a la lluvia de noticias que estallaba en las pantallas: docentes y alumnos vivían en sí mismo, en sus allegados y en su entorno el derrumbe de un país que nuevamente nos regalaba frustración y fracaso. Sentíamos que todo se había detenido. El jueves 20 y el viernes 21 de diciembre mientras tratábamos de cerrar los últimos exámenes, las noticias de todos los medios anunciaban el vacío institucional, el estado de sitio, las corridas en las calles, la violencia desbordada, la renuncia presidencial, la acefalía y el desfile incesante de candidatos presidenciales que revelaba la profundidad de la crisis”.



“´Que se vayan todos, que no quede, ni uno solo´, ´O el Presidente cambia, o habrá que cambiar al Presidente´, eran algunas de las frases, que se escuchaban y se pronunciaban, mientras los comentarios se mezclaban con las libretas y las planillas de exámenes, y la educación sabía que, en medio de semejante estallido social, quedaría nuevamente postergada y a la espera de mejores tiempos. No estaba en riesgo el sistema democrático, pero no podíamos desconocer que el sistema de representación ciudadana había colapsado: nadie confiaba en la clase política y muchos soñaban con otro formato en el ejercicio y la delegación del poder de todos. Somos los sobrevivientes resilientes de todas estas tragedias”, concluyó.

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