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San Nicolás de los Arroyos
domingo, 14 agosto, 2022

Edición N° 4139

“BENDITA ENTRE TODAS LAS MUJERES”

HE VENIDO PARA QUE TENGAN VIDA

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Lucas (Lc 1,39-45)

Por el obispo + Hugo Norberto Santiago. 



  “María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas ésta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su vientre, e Isabel, llena del Espíritu Santo exclamó: ‘¡Tu eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi vientre. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor”. Palabra de Dios.

Un “sí” que cambia la historia

         En el centro de la escena del Evangelio de este fin de semana está la Virgen Santa, la Madre de Dios, que después de recibir el anuncio del Ángel de que concebirá un Hijo, pregunta: “¿Cómo será esto si no conozco varón?” y recibe la respuesta del Ángel: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y concebirás un hijo que será llamado ‘Hijo del Altísimo… mira a tu prima Isabel, la que llamaban ‘estéril’, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios”. María cree al Ángel y responde: “hágase en mí según tu Palabra”. De este modo el Hijo de Dios se hace hombre. 

Una buena noticia de alegría

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     La Virgen ha recibido una buena noticia que la llena de alegría, porque acertar en decisiones trascendentes y llevar a Dios en uno mismo siempre da mucha alegría; y como el Ángel le había dado la señal de Isabel, que siendo estéril ya se encontraba en su sexto mes de embarazo, María va a transmitir el milagro de ser Madre de Dios por obra y gracia del Espíritu Santo a quien sabe la podía comprender. De hecho, acierta, porque Isabel la recibe, y tal vez enterada de la novedad prodigiosa, la saluda diciendo: “¿quién soy yo para que la Madre de mi Señor venga a visitarme? Mientras decía esto, el niño saltó de alegría en su seno. Lo que une a estas mujeres es una maternidad prodigiosa; una concibió ya en su vejez siendo estéril y la otra concibió por obra y gracia del Espíritu Santo; lo que las une es Dios que se ha fijado en la humildad y la disponibilidad de estas mujeres y ha encontrado su terreno preferido para bendecir y nacer.

La trascendencia de nuestro “sí”

        Hay una diferencia entre “asentimiento” y “consentimiento”. El asentimiento es un “sí” a cosas y situaciones que no son esenciales a nuestra vida, son opiniones que no nos involucran o decisiones que no inciden en nuestro destino y en el de los demás. En cambio, en el “consentimiento” todas nuestras facultades entran en juego; la inteligencia, la afectividad, la voluntad, en fin, toda nuestra persona, porque se trata de decisiones determinantes para nuestra vida y a la vida de otros. Por eso el consentimiento se da, por ejemplo, en la decisión de contraer matrimonio, en una ordenación sacerdotal o al asumir un cargo importante que involucra a nuestra persona y el bien de hijos, fieles, empleados o ciudadanos y por eso supone reflexión previa, amor, decisión y compromiso. El “sí” que da la Virgen María, involucra, en cierto sentido, el bien de toda la humanidad; un “sí” que la llena de Dios y supone una enorme bendición para nosotros, porque los hombres transitábamos en la oscuridad de una noche sin luz, de una vida sin sentido trascendente,  y gracias al “sí” de María, vemos salir el sol; para toda la humanidad se abre la oportunidad de renovar la alianza con Dios, de ser sus hijos y amigos, de tener un código de convivencia pacífica, fundado en el amor y la justicia, testimoniado por el estilo de vida de Jesús, que nació por obra y gracia del Espíritu Santo, gracias al “sí” de la Virgen María.

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         A los “sí” buenos y esenciales que hemos dado en la vida, están “acollarados” otros tantos “sí”, por eso son trascendentes, porque además de ser determinantes para nosotros, suelen motivar un estilo similar en hijos, fieles y ciudadanos. Como todas las decisiones buenas y trascendentes, este tipo de decisiones tienen como corolario una profunda alegría que buscamos espontáneamente transmitir, primero a quienes más queremos y nos pueden comprender y luego a todos los posibles. Así nace la evangelización o comunicación del cristianismo que nace con el “sí” de la Virgen Santa, que pronto celebraremos en Navidad, lleva más de dos mil años transmitiéndose y expresa su identidad y estilo en nuestro canto: “noche de paz, noche de amor”. Lo celebramos gracias a que Dios ha querido hacerse uno de nosotros para mostrarnos el camino y gracias al consentimiento de María, a la que le rezamos: “llena de gracias, el Señor está contigo, bendita entre todas la mujeres”. Buen domingo!

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