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miércoles, 19 junio, 2024

Edición N° 4814

CALLADAS, NUNCA MÁS

HACIA UNA CONSTRUCCIÓN FEMINISTA DE LA MEMORIA

“Pensar el 24 de marzo desde una perspectiva feminista implica poder hacer un ejercicio de memoria que recopile e identifique la especificidad que tuvieron los mecanismos de la violencia sobre los cuerpos de las mujeres e identidades feminizadas que, con su formación, militancia y pertenencia a organizaciones políticas y guerrilleras, cuestionaban el lugar para ellas otorgado en la sociedad patriarcal”, sostiene Catalina Filgueira Risso.

De la Redacción de EL NORTE
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Catalina Filgueira Risso en un artículo publicado hoy en Feminacida en el marco de la efeméride argentina por el 24 de marzo, realizó un necesario abordaje de la construcción feminista de la memoria.

Durante la última dictadura que se instauró en la Argentina entre 1976 y 1983, más del 30 por ciento de las víctimas del terrorismo de Estado fueron mujeres, de acuerdo a los datos recabados por la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep). La violencia que las atravesó en los centros clandestinos de detención, tortura y exterminio fue específica y sistemática. “Abusos sexuales, violaciones, agresiones verbales, amenazas, desnudez forzada, embarazos no deseados, abortos producto de la tortura, partos clandestinos, separación y apropiación de sus hijes y esclavitud sexual fueron algunas de las formas particulares que adquirieron estas violencias”, describió. Muchas denunciaron, incluso durante la dictadura, frente a tribunales militares, otras en organismos de Derechos Humanos y otras lograron hacerlo en el Juicio a las Juntas con el retorno de la democracia.

EL LUGAR RESERVADO PARA LAS MUJERES

Pensar el 24 de Marzo desde una perspectiva feminista implica poder hacer un ejercicio de memoria que recopile e identifique la especificidad que tuvieron los mecanismos de la violencia sobre los cuerpos de las mujeres e identidades feminizadas que, con su formación, militancia y pertenencia a organizaciones políticas y guerrilleras, cuestionaban el lugar para ellas otorgado en la sociedad patriarcal. “Ese modelo se basaba en lo que los propios terroristas de Estado llamaban ‘moral cristiana’ que no era más que el modelo de familia heteropatriarcal donde los roles de varón o mujer estaban completamente delimitados”, explicó Ana Oberlín, abogada especialista en género, derechos humanos y derecho penal, trabajadora del Ministerio Público Fiscal y respresentante de víctimas del terrorismo de Estado en procesos por delitos de lesa humanidad. A su vez, agregó que por el lugar reservado que tenían las mujeres en la casa, la familia y fuera del espacio público; en los centros clandestinos sufrieron un tipo de violencia que iba más allá de las sexuales con el objetivo de disciplinarlas. “Eran continuamente tratadas de malas madres, de promiscuas, eran insultadas, todo por haberse salido del modelo sexo-genérico patriarcal que defendía el Golpe”.

Olga Wornat, periodista y escritora, coautora junto con Miriam Lewin del libro Putas y Guerrilleras entrevistada por este medio sostiene: “Toda la publicidad y propaganda del golpe estaba volcada a echar  la culpa sobre las mujeres. Primero, a ‘la madre’ que no enseñó y cuidó a su hija como correspondía porque sino, nosotras tendríamos que haber estado casadas con hijxs y en nuestras casas. Y segundo, a las mujeres militantes: ‘Si vos sos una chica de buena familia ¿qué hacías ahí? ¿Qué hacías en los barrios pobres? ¿Qué hacías en la calle tirando panfletos y poniendo bombas? ¿Por qué no te casaste?’. Nos consideraban putas, si éramos guerrilleras, si leíamos y estudiábamos en la universidad, para los represores éramos putas”.

MORALIDAD Y ESCUCHA

En el prólogo a la segunda edición del libro, la antropóloga, escritora y activista feminista, Rita Segato, aclara que la violación no es el resultado del deseo varonil desatado o la líbido masculina descontralada, sino que se trata de una retroalimentación del poder viril en sus diversas formas, ya sea física, política, económica, moral “porque el sujeto violador es un moralizador por excelencia” y es en este sentido que la violación es pedagógica porque su objetivo es replegar a las mujeres al orden patriarcal.



“Durante mucho tiempo, sobrevivientes de los centros clandestinos de detención quisieron denunciar la violencia sexual, incluso durante la dictadura en tribunales militares y, sobre todo, en organismos de Derechos Humanos, en Argentina y en el exterior. Después, en democracia, en la Conadep, en el Juicio a las Juntas”, desarrolló Victoria Álvarez, Doctora en Estudios de Género, Magíster en Historia y Memoria y Becaria posdoctoral de Conicet. En la misma línea agrega: “En gran medida los testimonios siempre tienen que ver con la posibilidad de escucha que hay del otro lado y el problema fundamental es que, durante mucho tiempo, ellas no encontraron lo que yo denomino ‘marcos sociales de escucha’, ámbitos en los cuales poder denunciar y ser escuchadas sin ser culpabilizadas”.

RECORRIDO

La violencia sexual a la que fueron sometidas no comenzó en 1976 ni finalizó con el regreso de la democracia. Incluso las repercusiones de las violencias que atraviesan hoy en día los cuerpos de las mujeres e identidades disidentes cargan con los mismos cuestionamientos: ¿qué hacía ahí a esa hora? ¿Por qué estaba sola? ¿Por qué lo cuenta ahora que pasó tanto tiempo? 

Hasta 1999, la violación era un delito “contra el honor”, recién a partir de ese año empezó a considerarse como un delito “contra la integridad sexual”. A partir del 2003, con las políticas de memoria implementadas por el gobierno de Néstor Kirchner y, sobre todo, con la declaración de inconstitucionalidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, de los indultos y la reapertura de los juicios, se abre en nuestro país una nueva posibilidad para la aparición de denuncias.

En mayo del 2022, la Corte Suprema de Justicia revocó una sentencia de la Cámara Federal de Casación Penal que excluía los delitos de violación y abuso sexual cometidos contra un grupo de mujeres mientras estuvieron detenidas.

LAZOS REPARATORIOS

Es sumamente importante para las víctimas e intrínseco de la reparación simbólica que los responsables sean condenados particularmente por las violaciones sexuales. Visibilizar la violencia sexual del pasado que, muchas veces fue ocultada para no correr el foco de lo que se consideraba más importante (como conocer el destino de las personas desaparecidas), echa luz sobre la violencia sexual del presente y permite construir nuevos lazos reparatorios entre lo personal y lo político.

Según los datos arrojados por el último informe de la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad del Ministerio Público Fiscal, de un total de 1114 personas condenadas, hasta hoy, por crímenes de lesa humanidad, 154 fueron responsabilizadas por delitos sexuales y otras 29 llegaron acusadas a debate y resultaron absueltas.

A pesar de no haber sido incluidas e incluidos en el informe del Nunca Más de la Conadep, Carlos Jauregui -primer presidente de la Comunidad de Homosexuales de Argentina- publicó sobre 400 personas de la comunidad LGBTIQ+ detenidas y desaparecidas durante el proceso.

Este 2023 se cumplen 40 años de democracia ininterrumpida. Mantener viva y actualizada la memoria es imprescindible.

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