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San Nicolás de los Arroyos
martes, 29 noviembre, 2022

Edición N° 4246

CENIZAS, HUMO Y CUENTOS PARA IR A DORMIR

CRÓNICAS DE LA TIERRA MEDIA

Como si fuera un desafío, un chiste, una provocación, el humo de la islas, lejos de asustarse porque dicen que va a ir un grupo comando a agarrar a los culpables, está cada vez peor, más intenso, más insoportable y nos arroja sus cenizas como recordándonos que hay cosas que no podemos manejar por más que vayamos a protestar con pancartas y marchas. El fuego de las islas se nos ríe y los que están detrás de eso, peor.

Germán Rodríguez
redaccion@diarieolnorte.com.ar



La imagen era psicodélica, surrealista, de sueños oscuros, de esas cosas que no deberían pasar más, pero siguen sucediendo, que se nos siguen escapando y nos recuerdan que somos como ese perro que se corre la cola, que da vueltas como loco, perdido, tonto. Y sí, somos tontos, no aprendemos y le damos por la mala senda, volvemos con las guerras, con las divisiones, con la barbarie ancestral, con ese ser de deseos imparables que solo en la muerte se detiene. Y en ese circo de la vida compramos cualquier tontería porque necesitamos imperiosamente que nos mientan, que nos digan que todo está en orden y que se hacen cosas, para que marchemos emocionados y nos detengamos a cantar a viva voz el himno, apelando a que San Martín se despierte de nuestra emoción y nos pida silencio que quiere seguir en su sueño eterno.

Pasan las semanas, las broncas, las protestas, la indignación en redes sociales, el frente de batalla de la posmodernidad. Pero el fuego de las islas, o no tiene Instagram o es sordo, porque en vez de calmarse ante el enojo de la gente sigue y sigue llenándonos de humo, sin importarle el qué dirán y esta vez, como cagándose de risa, nos tira sus cenizas, que tienen mezcla de malezas y animales muertos, recordándonos que esta es la naturaleza, así que tráguensela.

Héroes

La pregunta que nunca tuvo respuestas es quién inicia el fuego y por qué lo hace. Se habla de los dueños de los campos y las teorías de que lo hacen para la siembra y así hacer dinero con nuestro ahogamiento. Pero todo queda ahí, en la nada, volando, perdiéndose en esas imágenes de malos muy malos y la no aparición del héroe que nos rescate. Entonces todo suena a complicidades, a un poder más allá del imaginable y a mentiras estruendosas. El fuego es de todos y de nadie. Se acusan entre políticos y ministros, entre poderes, pero el humo sigue y las llamas inundan por todas partes.
Respiramos cenizas, suciedad, y no hay respuestas, se manda al muere a los bomberos que, con lo que pueden y tienen, tratan de hacer milagros. Pero es imposible, una quimera. Entonces se juega al engaño, al estamos controlando, estamos comprometidos en el tema.

Un grupo comando es enviado a la zona de las islas para atrapar a los culpables de encender los fuegos. Como si un equipo fuertemente armado, preparado para luchar contra guerrillas y narcos, encontrara en la difícil e inaccesible vegetación y aspereza de la isla a un gaucho que prende el fuego que no corresponde, si es que es realmente así. ¿Entonces para qué están? Humo, más humo, mucho humo que asfixia, que encierra, que miente y confunde. Para peor, el humo llegó a Capital y ahí pensamos que como los porteños lo sufren algo van a hacer, como haciéndonos cargo de nuestras imposibilidades de ser del interior y que como un padre grande nos salven, que lo envíen a Massa y con sus dotes de telequinesis lo apague. Pero no, todo igual, sospechosamente igual. Capturan a uno o dos perejiles y zafan, o no hay nada y todo forma parte del show. También nos dicen que si no se pueden apagar los incendios en Europa, qué queda para nosotros. Y algo de razón hay, o en realidad, allá en el Viejo Continente también les mienten como a nosotros.

Ecohartos

Después surgen preguntas históricas. ¿Por qué antes no había esos incendios? ¿Qué cambió en la geografía para que de golpe todos los años se vuelva nuestro problema? ¿Es verdad entonces lo de las superficies para sembrar? ¿O es un mito urbano? ¿O será verdad que con el tema de la sequía y la bajante del río, que también es cierto y que probablemente algo tenga que ver con los desastres que le hacemos a la ecología, cualquier chispa es un volcán? Más de uno se dirá: “Yo como un boludo separando en bolsas verdes y negras la basura en aras de proteger el planeta para que en un ratito el cielo oscurezca de nubes de cenizas y todo se vaya al carajo”. Dejo el veganismo y tráiganme una doble con cheddar.

¿A qué juega el fin? ¿Adónde vamos después de todo esto? ¿Qué hay en el día siguiente? ¿Es la despedida? Todo pasa y el mundo sigue girando, el sol sale a la mañana, se va a la noche y todo continúa, estemos o no estemos más.



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