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San Nicolás de los Arroyos
domingo, 26 septiembre, 2021

Edición N° 3818

CUANDO LA MISIÓN DE SALVAR VIDAS SE TOPA CON LA FALTA DE SENTIDO COMÚN

En la noche del miércoles tuvo lugar un episodio que puso en jaque la posibilidad de éxito de un operativo de ablación de órganos para su posterior trasplante. Luego de que en el Hospital San Felipe se diagnosticara con muerte encefálica a una mujer que había sufrido un ACV, el equipo médico del Cucaiba encargado de extraer los órganos antes de que el corazón dejara de funcionar no podía aterrizar en el aeródromo de San Nicolás, puesto que la pista no cuenta con sistema de balizamiento. Por lo cual, la aeronave debió bajar en Pergamino, desde donde los médicos llegaron por tierra en un periplo contra reloj para salvar los órganos a trasplantar. El tiempo, factor determinante en estos operativos que pueden salvar vidas, fue desafiado por la falta de previsibilidad e inversiones.

El equipo médico debió aterrizar en el aeródromo de Pergamino, y ser trasladado para practicar la ablación de órganos en el Hospital San Felipe. FOTO: PERGAMINOVIRTUAL.COM

Guillermo Insúa
diarioelnorte@diarioelnorte.com.ar



En la madrugada del jueves último, en el Hospital San Felipe se llevó a cabo el proceso de ablación multiorgánica a una paciente de 38 años que pocas horas antes había sido diagnosticada con muerte encefálica tras sufrir un accidente cerebro vascular (ACV). El procedimiento establece que una vez hecho el diagnóstico de muerte cerebral, si la persona en vida se ha declarado donante o bien su familia da el consentimiento, inmediatamente se pone en marcha el proceso de ablación puesto que el tiempo es un factor determinante para garantizar la viabilidad de los órganos que se transportan para el posterior trasplante.

La extracción de órganos está a cargo de un equipo de profesionales del Centro Único Coordinador de Ablación e Implante Provincia de Buenos Aires (Cucaiba).

El problema se presentó ante la imposibilidad de que los profesionales especializados en ablación de órganos pudieran aterrizar en el aeródromo San Nicolás, en virtud de que no cuenta con sistema de iluminación de la pista.

Contra reloj, y luego de barajar opciones poco viables, el Cucaiba resolvió que el equipo médico aterrizara en Pergamino, donde lo esperaría una ambulancia que luego lo trasladaría hasta San Nicolás. Mientras el reloj corría también crecía la posibilidad de no llegar a tiempo para extraer los órganos antes de que el corazón de la donante dejara de latir.

Fueron horas de altísima tensión, puesto que en el otro extremo de este procedimiento se encontraban personas que necesitaban esos órganos para tener esperanza de vida.

Finalmente, los especialistas del Cucaiba arribaron a Pergamino por aire, se trasladaron hasta San Nicolás por tierra y el procedimiento de ablación se pudo realizar a tiempo. Horas más tarde, ya con luz solar, los órganos volaron hacia Buenos Aires para ser trasplantados en los centros médicos donde se encontraban las personas receptoras.





En esta oportunidad, como ya ocurriera alguna otra vez en San Nicolás, la logística que despliega el Cucaiba se topó con una carencia que resulta difícil de asimilar en una ciudad tan desarrollada: la pista del aeródromo local no cuenta con balizamiento, con lo cual este tipo de operativos sanitarios se ven imposibilitados de practicarse en horas oscuras. En este punto es preciso insistir en que el factor tiempo es clave para decidir el éxito o el fracaso de un operativo cuyo único fin es salvar vidas.

Alternativa inviable

El Aeródromo San Nicolás supo tener sistema de iluminación para que las aeronaves puedan operar de noche. Pero las luces fueron robadas, hace ya varios años. Y al día de hoy no se repusieron.

Ante la consulta de cómo proceder en casos de emergencia extrema, como puede ser un episodio de catástrofe, la respuesta recibida no aclara. Más bien oscurece todavía más el escenario: “Se pueden colocar seis automóviles que iluminen estratégicamente la pista”, sugieren. Aunque esta posibilidad fue definida por uno de los pilotos de los vuelos sanitarios como “una locura”.

“Es imposible, además de ilegal. Hay medidas de seguridad que deben respetarse. Sería un riesgo muy grande para la tripulación porque la visión que se obtiene no es la que debe tener el piloto. La profundidad, la altura, son variables fundamentales que debe tener claras quien está al mando de una aeronave, y que no te las ofrece uno o seis autos iluminando la pista”, le dijo a este diario Sebastián Tidoni, piloto de vuelos sanitarios.

Finalmente, los órganos pudieron salir y el final de la historia tal vez nunca lo conozcamos, puesto que sobre todo procedimiento de trasplante hay absoluta reserva.

Aunque este episodio, que no es la primera vez que se produce, obliga a reflexionar sobre la necesidad de poner en valor un aeródromo que puede decidir si se salva o no una vida humana. La de un niño, la de un adolescente o la de un adulto que se encuentra a la espera de recibir el órgano que necesita para seguir viviendo. En otras palabras, que la falta de iluminación de la pista del Aeródromo San Nicolás no termine apagando la vida de otras personas. 


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