EKAR Y EL SIGLO DE ORO TRANS

Julián Ekar es actor, modelo, hace doblaje rioplatense y neutro, y es transmilitante que presta su faceta interpretativa en todos esos planos a la vez. Está a punto de reestrenar una versión contemporánea de Don Gil de las calzas verdes, de Tirso Molina, en el Complejo Teatral de Buenos Aires, para el Siglo de Oro Trans con dramaturgia de Gonzalo Demaría y dirección de Pablo Maritano.

Por Carmen Padilla

Entrevista virtual. Julián desde su casa y yo desde la mía. Se lo ve en una cocina cálida, casi como de cuento, y un poco bohemia a la vez. Estantes de madera, pobladas de cerámicas y lozas decoradas que me hacen imaginar el olor a café y la calidez de ese lugar.
A Julián lo veo con lentes y el entrecejo fruncido. La primera impresión fue la de una persona seria, pero a lo largo de la entrevista descubrí que si bien habla en serio y sobre temas serios, es de lo más risueño y agradable.

CP: De formación sos actor, ¿no?
JE: Sí. Bah, en realidad me recibí ¡como actriz! (risas). Y es curioso el abordaje de la interpretación cuando en la formación se instalan cosas del orden de lo binario. ¿Cómo seduce, o cómo se enoja un hombre? Son cosas que están enmarcadas en un estereotipo y me parece importante ¡empezar a romper con esas cosas!

C: Ardua tarea parece la de desmenuzar estereotipos.
J: ¡Sí! Cambié un montón mi cabeza. El modo de percibir el entorno a partir de reconocerme como una identidad transgénero transforma todo. Y para alguien como yo, que se vincula territorial y políticamente con esto, no puedo hacerme el “dolobu”. Tengo que hacerme cargo de una identidad que uno se crea. Y en esas cuestiones, indudablemente aparece lo artístico.

C: ¿Cómo entraste al modelaje?
J: Como mujer ni se me cruzaba ser modelo. No me sentía cómoda, pero no quiero caer en esto de nacer en un cuerpo equivocado. Porque la verdad es que no viví así mi vida como mujer cis-género, actriz, lesbiana, sino que todo el tiempo lo fui transformando, y creo que en ese sentido, el espacio del teatro me ayudó un montón.

C: Es importante contar con referentes. ¿Vos tuviste referentes trans en tu niñez?
J: No. En la tele entra en el código de espectacularidad, y las personas del colectivo que aceptan ese juego lo tienen en claro. Ponele a Flor de la V, le critican su “reciente” militancia, pero sentarse en una mesa tan importante donde las preguntas son incisivas y dañinas, también es ponerse la camiseta. Y esto puede ser un llamamiento al mismo colectivo. La vez que más juzgado me sentí, fue por una chica lesbiana, es decir que en la comunidad también existen casos de discriminación.

C: Es que todos, mal o bien, venimos de una misma sociedad…
J: Yo nací en los noventa, en la espectacularidad de lo ‘freak’, el consumo era el divertimento de las generaciones previas. Y nosotres la generación monstrua, vamos de la mano de las políticas públicas, que hacen que hoy tengamos cupo laboral, matrimonio igualitario. Por eso valoro el rol de los comunicadores, porque en ese entonces se veía como ‘gayfriendly’ algo que en realidad no lo era.

C: ¡Hacés de todo, producís en muchos planos!
J: Sí, hago de todo. La formación institucionalizada nunca me pareció buena y siempre fui autodidacta. Hago trabajo de community manager, doy clases de teatro y de clown, y ahora doy un seminario de “Cinco lenguajes, laboratorio de visual”, que es iniciación al lenguaje audiovisual pensado para seguir trabajando de forma virtual.

C: Tu niñez y adolescencia temprana, como mujer, ¿cómo fueron?
J: Recuerdo que ya desde la niñez clamaba ser niño. Cuando comprendí que eso traía rispidez entre mis viejos, medio que me fui armando una jaula. Pero porque ni yo ni mis viejos teníamos la información que hoy circula sobre infancias trans. Lo que soy siempre estuvo en mí. Por eso, a partir de que lo hablé en serio con ellos, siempre tuve el apoyo de mi entorno más inmediato. En el medio en mi período adolescente, medio que no me lo pude bancar. Ni sabía qué era lo transgénero. Las pocas referencias que tenía eran películas donde pasaban cosas horribles como en “Los Hombres no lloran”. Y reprimí hasta los 27 o 26. Por eso creo que es importante contar otras historias. No siempre son historias trágicas.

C: ¿Cómo fue tu proceso de masculinización?
J: Fue un devenir de varias cosas. Pero se dio que falleció mi abuelo. El último tiempo lo cuidaba yo, y de la figura de masculinidad tan grande que representaba, pasé a verlo tan vulnerable y chiquito. Fue inevitable decirme “¿y qué estás esperando?”. Empecé pidiendo que me llamen Julián. Y el uso de pronombres masculinos para instalar mi masculinidad. ¡No me salía la ‘no binariedad’! Cosa que después fui construyendo y hoy a veces me trato de él o ella.

C: ¿Cómo llevás tu cuerpo no binario?
J: Al principio no quería saber nada con tener tetas. Yo siempre hice deportes y me molestaban. Pero ahora, después de mucho trabajo interno y de una construcción decidida y constante, como que me amigué. Y con el modelaje resurgió el tema. ¡No conozco ningún varón con tetas y que sea modelo! Y a la vez me dije: “¿Y qué?”.
Nadie escapa del patriarcado. Es muy seductor cuando el entorno que no te conoce te valida como masculinidad. Pero cuando aparecen los comentarios por lo bajo en relación con los cuerpos de mujeres, por ejemplo. De algún modo mis tetas son un escudo para esa masculinidad cis (y tóxica) que asume que me voy a comportar igual que ellos. Y ahí es cuando más me gusta que se noten. Que se vea que no soy así.

C: ¿Que pensás en relación con el rol trans en la actuación? Tanto para papeles trans como para actores y actrices trans.
J: El actor es ajeno al personaje, es un servicio al personaje. Por eso no se entiende que las personas trans solo hagan papeles trans. Pienso desde mi lugar de identidad transgénero y me pregunto “¿será que algún día podré ser un galán, o un villano, y no solo ocupar el lugar del chico trans?”.
Yo empecé a formarme a los 13 y recién se me da en el 2019 esto de poder entrar en el teatro oficial. Ahora, a mediados de septiembre, voy a estar haciendo un reestreno de una obra en el Complejo Teatral de Buenos Aires, en el marco del Siglo de Oro Trans. Una versión libre de “Don Gil de las calzas verdes”, de Tirso Molina, por Gonzalo Demaría con dirección de Pablo Maritano y con un elenco hermoso. Así que dejo la invitación abierta a quienes quieran disfrutar de esta obra maravillosa.

Nos despedimos, y la utopía de la inclusión y la diversidad ya se siente más cerca.
Más información en @julian.ekar