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San Nicolás de los Arroyos
sábado, 9 octubre, 2021

Edición N° 3831

EL ATAQUE REALISTA POR EL QUE SAN NICOLÁS FUE NOTICIA NACIONAL

Por Rodolfo Fernández Viña*

El 9 de octubre de 1812 y a partir del ataque realista, San Nicolás de los Arroyos fue noticia nacional. Al amanecer del 9 de octubre de 1812, la ciudad se vio conmocionada por el bombardeo de los cañones de cinco buques realistas que desde el río dispararon a la población. No fue la primera vez que los nicoleños, conociendo las intenciones de sus asiduos atacantes, evacuaron al pueblo internándolo en la campaña en busca de protección. Sin embargo, nunca el ataque fue tan intenso.



San Nicolás de los Arroyos era uno de los blancos preferidos por los españoles para saquearla en busca de alimentos y enseres, y así paliar las consecuencias del sitio dispuesto por las tropas de la Primera Junta. Máxime si se considera que Montevideo era el enclave fiel a la corona y su principal puerto donde se acoderaba a la alicaída flota española, cuya función era hostigar desde las costas a nuestro territorio.   

Nuestra ciudad no opuso resistencia militar a los 150 hombres que desembarcaron con cinco cañones desde las siete de la mañana y hasta las cinco de la tarde -de acuerdo con el informe del comandante militar Juan Correa- y que se dispusieron a saquear este pueblo impunemente. Esta acción continuó al día siguiente con similar virulencia, pero con otros invasores llegados también a nuestro puerto con un bergantín, una goleta y un falucho, desembarcando sus hombres y cañones con el mismo propósito: saquear y destruir. 



El daño asestado a los nicoleños fue desproporcionado. Casa por casa los invasores se apoderaron de todo cuanto pudiere haberles sido de utilidad, y aquello que no lo era, fue destruido, muchas veces a cañonazos.

Refugio en la parroquia

Un pequeño grupo, compuesto mayoritariamente por mujeres, ancianos, niños y vecinos carentes de cabalgaduras para escapar, se refugiaron en la parroquia. En ese tiempo era su cura el Dr. Manuel José de Warnes y García de Zúñiga, quien estaba ausente del pueblo a causa de una enfermedad crónica. Las funciones parroquiales eran cumplidas entonces por los expárrocos padres Mariano Gadea y Miguel de Escudero y Rosa. 



Precisamente en esas circunstancias se había instalado en el templo un octogenario sacerdote, el padre Miguel, para dar asistencia a los feligreses. Era ésta la parroquia que con ahínco y fuerte apoyo monetario había ayudado a construir en sus primeros tiempos, y apoyando la obra de su tío y también párroco de San Nicolás de Bari, el Dr. Manuel de Cossio y Therán.

Alrededor de las cinco de la tarde, según las crónicas de la época, un grupo de soldados se dirigieron a la parroquia desde donde salió al atrio a recibirlos: “el presbítero Dr. D. Miguel de Escudero, al que después de haberles dado cuanto tenía, le dieron un culatazo en la cabeza y un bayonetazo en la tetilla”, que habrían de producirle la muerte.



El moribundo fue asistido por su par, el cura Mariano Gadea, el que “apenas alcanzó (a darle) la extremaunción”; y fue quien aportó detalles de los acontecimientos en el periódico El Grito del Sud, que publicó su carta el martes 20 de octubre de 1812, en la que expresó: “Forzaron a cañonazos una de las puertas del templo y entraron dentro, y se robaron el Copón, el incensario, y todas las albas. Con las campanillas de la iglesia salieron por todo el pueblo tocando y gritando por pifia viva la patria. No ha quedado casa, tienda ni pulpería que no haya sido robada; géneros, alhajas, y todo cuanto había, se llevaron”.

El padre Escudero

En referencia al padre Escudero, tercer párroco de nuestra iglesia, nació en Buenos Aires y se doctoró en Derecho Civil y Teología en la Universidad de Charcas. Permaneció en nuestra ciudad desde 1760 hasta su muerte. En 1774 inició las gestiones y logró el objetivo de crear el Juzgado de la Hermandad, autoridad política de la población. En 1780 consiguió que la iglesia local fuese elevada a la categoría de parroquia. Fue la persona más ilustrada de nuestra sociedad por aquellos años, quien junto a sus pares residentes en la San Nicolás de la época, optó por apoyar al primer gobierno patrio, del mismo modo que San Nicolás había sido la primera ciudad del interior del país en plegarse a la Revolución de Mayo.

Le cupo al P. Dr. Escudero el honor de haber sido el clérigo que entronizó la imagen de la Virgen del Rosario en la parroquia de aquella villa en el año 1774, y quien en 1778 se puso al frente de los operativos de lucha contra la pandemia de cólera que azotó duramente nuestra región, disponiendo que esta parroquia fuera el epicentro de las diligencias no solo espirituales sino también sanitarias. De ello hay innumerables pruebas.



Bárbara ejecución del cura 

Cuando el obispo Dr. Sebastián de Malvar y Pinto, en su visita a San Nicolás el 27 de septiembre de 1779, llegó para confirmar a los fieles católicos, dejó escrito a través de su secretario en los libros parroquiales: “Reconociendo S.S. cuán notorios se han hecho en su feligresía los afectos del celo y aplicación del actual cura Dr. Miguel de Escudero, no solamente en la fábrica de la iglesia, sino también en sus ornamentos y demás alhajas, asimismo en la instrucción de sus feligreses y en la asistencia así espiritual como temporal de los pobres y enfermos, de su desinterés y arreglo de los Libros parroquiales y otras pruebas que tiene dadas de su aplicación al desempeño de su ministerio, de las que se halla su S.S.I. plenamente informado y satisfecho, le doy las debidas gracias por todo”.

La bárbara ejecución del cura Escudero causó estupor en la sociedad porteña de aquella época, y por la razón de haber sido el primer clérigo que pereció en una acción de guerra en la primera etapa en que se promovía la libertad de nuestro pueblo, y en ocasión en que el pastor velaba por las almas que les fueron encomendadas, bien podemos considerarlo como el mártir que ocupó el primer lugar en la historia de la patria argentina recién liberada.

* Miembro del colectivo ciudadano “Acuerdo Nicoleño” 


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