EL DÍA QUE MESSI LLEGÓ A PARÍS

Las imágenes de Messi con la pelota, los fanáticos agolpándose en las calles de París con la camiseta 30, la entrada triunfal de un argentino cual Gardel antes, se chocan con lo que nos muestra el espejo, con lo que la vida nos hizo, con lo que somos y nunca seremos, con la imposibilidad de todas las posibilidades, los espejitos de colores que de tanto mirarlos nos vuelven tristes y miserables. Sueños de sillón gritando revoluciones, de espectador que quiere que ganen los malos.

Germán Rodríguez
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El tipo apretó la lata de cerveza y la tiró para el tacho, pero errándole, mientras su mujer lo miraba con una mezcla de fastidio y resignación.

“Podrido estoy de Messi, todo es Messi, ahora es un Dios y no le ata ni los cordones al Diego, fracasado, salame, vende humo”, gritó observando en la tele la bienvenida del astro argentino al PSG. “Se cagó en el país, nunca jugó en Newell’s, es un catalán y en la selección nunca la puso como en el Barsa. Claro, lo único que sirve es la guita, ni cantar el himno sabía”, vociferó con la vista en dirección a su esposa, que en ese momento planchaba una camisa y ni lo miraba, se concentraba en los surcos calientes en el pantalón, dibujaba caminos en los pliegues y pensaba en otras vidas que pudo haber tenido, en los paralelismos incomprobables de otras existencias, en los sueños de adolescente que fueron solo eso.

“Yo me cagaba de risa en la Copa América cuando lo eligieron mejor jugador… Andá a cagar, se erró un mano a mano increíble que si después nos empataban, no habría podido volver al país. Héroe es el “Dibu”, que se atajó todo y después se la mostró en la cara a los brasucas. Perdedores, te ganamos la Copa en tu país”, dijo escupiendo migas del sándwich que se estaba lastrando, mientras seguía indignado observando las imágenes que venían de Francia.

¿Qué es fútbol?

“Para colmo le dan la numero 30, pero claro, es puro marketing, saben que teniendo a Neymar y Mbape no tiene chances. Igual, qué locura el fútbol, los tres son diez en sus selecciones y a Messi le dan la 30, se nos cagan de risa en el mundo”, repitió.

La mujer le preguntó: “Juan, ¿te vas a levantar a comer? Quiero hablar con vos”.

Ni la escuchó. “¿Sabés lo que me da más bronca? Cómo lloró en la conferencia de prensa. Puro humo, si los quería tanto, se hubiera quedado, hubiera resignado guita, si ya le sobra. Es más, que se venga a jugar acá. No te digo Newell’s, pero por ahí River, Boca, jugá una Libertadores. Ahí si vas a ver lo que es fútbol. En Europa lo dejan pasar, no le meten murra, acá en Sudamérica donde les pisaste la pelota te arrancan la cabeza. Por eso nunca vamos a ganar un Mundial con tantos jugadores afuera. Te quiero ver en la cancha de Chacarita tirando caños o en Atlanta. Te quiebran y te cagan a piñas por atrevido”, soltó.

“Juan, estoy cansada. Te la pasás viendo tele. Con lo que traés no llegamos a fin de mes, yo ya no puedo limpiar más casa para parar la olla”, esgrimió la mujer con el rostro sollozando.

“Vieja, la vida es así, estamos fundidos, qué vamos a llorar ahora”, y cortó el diálogo cuando las imágenes le mostraron grandes jugadas de Messi en el Barcelona. “Claro, ahí corría ese hijo de puta. Para la selección camina nomás y mira el piso. Ahora ponele que en la Copa le puso un poco más de huevo, pero no es lo de él. El Diego se mataba por la celeste y blanca, le dejaron el tobillo como una pelota y seguía corriendo y pidiéndola. Este pendejo lo rozan y no se levanta más”, exclamó enojado.

Hasta acá

Otra vez cansada, pensando cómo seguir, en qué agarrarse para mantener todo igual, cómo se reconstruye lo que nunca se terminó de forjar, cómo se sostienen las paredes de una casa que está a medio construir. Pensó en los chicos, en su madre y ahogó un grito, las ganas de tomar la sartén y partirle la cabeza al otro zángano que cree que el fútbol es su vida, que se adueña de una irrealidad y la hace propia, que sigue jugando como un chico los deportes en los que otros se hacen millonarios. Que niega la verdad porque esta duele. Pero alguien tiene que aguantar los trapos (término futbolero que se le pegó de él).

“Para colmo está Icardi en el PSG, que la cuide a la Antonella”, exclamó con fuerza, riéndose y agregó: “Todo bien con Leo, pero a las minas las tenés que tener bien, no es solo guita todo, tenés que darles afecto y muchas otras cosas que este pibe no sé si hace. Por eso te Icardean, porque las minas buscan otra cosa. Yo te digo que la cuide más porque está buena”.

“Juan -dijo la mujer-, Neymar también es bastante pícaro con las minas”. “Uhh, este Messi va a tener que ponerle custodia a la señora, porque si no, se la sacan”, contestó sin mirarla.

“Juan, me voy”.

Y la pelota hizo un pique en el césped, Messi la durmió sobre el botín y la llevó a hacer firuletes en el aire que impresionaron a millones de televidentes en todo el mundo.