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San Nicolás de los Arroyos
lunes, 17 junio, 2024

Edición N° 4812

EL PAPA QUE TRABAJA POR “UNA IGLESIA POBRE PARA LOS POBRES”

A 10 años de la elección de Francisco

Hoy 13 de marzo se cumplen 10 años de la elección del jesuita argentino Jorge Mario Bergoglio como el papa Francisco, fecha de inicio de un pontificado que impulsa una reforma de la Curia para lograr una “Iglesia pobre para los pobres” y visibiliza las crisis de refugiados y desplazados, al tiempo que se convirtió en una de las mayores voces contra el cambio climático y edificó su tarea pastoral sobre la “misericordia” y la “alegría del evangelio” para promover la fraternidad y la paz a nivel mundial.

La misma noche de su elección, desde el balcón de la Basílica de San Pedro, Francisco dio la primera muestra de la cercanía con los fieles que mostraría desde entonces y, en un gesto inédito, pidió que fuera “el pueblo” allí presente quien lo bendijera.

En sus primeras palabras, ante una Plaza San Pedro colmada, reivindicó entonces su origen latinoamericano y reconoció que sus “hermanos cardenales” habían llegado “casi al fin del mundo” para cumplir la tarea de dar al mundo un nuevo obispo de Roma, título principal de los Papas.
“Cómo me gustaría una Iglesia pobre para los pobres”, planteó Francisco tres días después de ser elegido como el primer Papa latinoamericano entre los 266 pontífices de la historia de la Iglesia, en un fuerte llamado a la conversión de la Curia tras los escándalos financieros que habían derivado en la renuncia de su antecesor, Benedicto XVI.



La reforma de la Iglesia que prometió en sus primeras horas como Papa fue el eje central de sus primeros años en el cargo, y en 2013 creó un consejo de cardenales para que lo asesorara en la redacción de una nueva Constitución Apostólica con la que dar las herramientas jurídicas y de organigrama a su proyecto de evangelización.

Nueve años después, el 19 de marzo de 2022, Francisco promulgó finalmente “Prediquen el Evangelio”, la Carta Magna con la que le elevó a Dicasterio (ministerio) al trabajo de Evangelización dentro de una serie de cambios con los que busca “hacer más eficaz” la labor de las oficinas vaticanas y en la que incorporó con rango constitucional muchos de sus decretos en temas como lucha contra los abusos o por mayor transparencia financiera en las cuentas de la Santa Sede.

“La nueva Constitución es un punto de partida para las reformas, no de llegada”, describió a Télam el cardenal hondureño Óscar Rodríguez Madariaga, coordinador entre 2013 y 2022 del consejo asesor papal.



A lo largo de sus primeros 10 años como Papa, la reforma de la Curia de Francisco estuvo también centrada en una renovación del Colegio cardenalicio, a través de la elección de purpurados jóvenes y de países no tradicionales, y que redundó en un cuerpo menos europeocéntrico y más atento a las periferias. Ante caso de muerte o renuncia del Papa, son los cardenales que al momento tengan menos de 80 años los encargados de reunirse en cónclave a designar a un sucesor.

En ese marco, tras haber creado 122 cardenales en ocho consistorios, hasta inicios de marzo el 60% de los purpurados con menos de 80 años fueron designados por Francisco. El cambio fue notorio: en 1920 el 90% del total provenían de Italia y el resto de Europa y desde 2022 los nacidos allí representan apenas una cifra por arriba del 40%.

Si sus reformas y la elección de los cardenales marcan el ritmo del pontificado desde el Vaticano, sus viajes fuera de Roma son otra de las formas con la que Francisco lleva adelante su magisterio y con los que expresa preocupaciones puntuales o líneas de trabajo.



En ese marco fue paradigmático su primer viaje como Papa, en julio de 2013, a la isla italiana de Lampedusa, y con el que puso en el centro del debate una problemática que continúa hasta hoy como es la crisis de refugiados y las responsabilidades de recepción de inmigrantes por parte las potencias.

Entre los 40 viajes que realizó fuera de Italia, el que hizo en septiembre de 2015 a Cuba y a Estados Unidos es uno de los de mayor impacto, ya que supuso la coronación de la actividad diplomática de la Santa Sede para lograr el histórico deshielo entre ambos países y durante el que dio un discurso en el Congreso estadounidense en el que se refirió a temas como la inmigración, la pena de muerte y la tenencia de armas.

Un año antes, Francisco había viajado a la denominada “Tierra Santa”, para una visita a Israel, Jordania y Palestina centrada en el diálogo interreligioso, otro de los pilares de su pontificado, y durante la que protagonizó una de las fotos más icónicas de su primera década al abrazarse en el Muro de los Lamentos con dos amigos argentinos: uno musulmán, Omar Abboud, y otro judío, Abraham Skorka.



En 2021, en plena pandemia de coronavirus, el Papa realizó otro de sus viajes de mayor impacto cuando se convirtió en el primer pontífice de la historia en llegar a Irak para una visita de tres días centrada en el rechazo a la guerra y a toda forma de colonialismo, y durante la que vio con sus propios ojos la destrucción causada por la ocupación del denominado Estado Islámico en ciudades como Mosul.

Además de sus viajes, el Papa ha desplegado también varios gestos concretos que transformaron en hechos sus discursos y prédicas.

Un ejemplo fue su visita en abril de 2016 a la isla griega de Lesbos, otro símbolo del drama migratorio del Mediterráneo, tras la que decidió volver a Roma con tres familias de refugiados sirios en el avión papal, inaugurando así los “corredores humanitarios” y que con ayuda de distintas organizaciones han permitido la llegada a Europa en condiciones de seguridad a miles de personas de África y Medio Oriente.



En diciembre de 2021 regresó al campamento de refugiados y volvió a reclamar por la solidaridad internacional para las personas migrantes.

Tres años después, en un gesto de humildad que conmovió a los asistentes, Francisco se arrodilló y besó los pies de los líderes enfrentados en Sudán del Sur con el fin de alentar el proceso de paz en el país africano, tras dos días de un inédito retiro espiritual en el Vaticano, en el que instó al presidente sursudanés, Salva Kiir Mayardit, y al opositor Riek Macharel, a implementar un acuerdo firmado en 2018.

Con 86 años cumplidos en diciembre pasado, Bergoglio alcanza su primera década como pontífice recuperado de los problemas en su rodilla derecha que en 2022 lo hicieron postergar viajes y suspender audiencias y con una agenda de actividades y visitas fuera de Italia en la que ya trabaja, incluso para 2024.



En un pontificado con varias frases y gestos que lograron trascendencia mundial, el rezo que el Papa encabezó en soledad en Plaza San Pedro el 27 de marzo de 2020 para pedir por el fin de la pandemia fue quizás uno de los momentos más globales en el que, con una sola frase, resumió varios de los llamados que ha hecho por mayor fraternidad, diálogo y paz.

“Nadie se salva solo”, advirtió entonces, en un llamado a la solidaridad mundial que se convirtió en uno de los leitmotiv del magisterio que llegará el 13 de marzo a los 10 años y que el propio Papa planteó que desea continuar hasta que los cambios que impulsa en la Iglesia sean “irreversibles”.

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