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San Nicolás de los Arroyos
jueves, 27 enero, 2022

Edición N° 3940

“EL VALOR EXTRAORDINARIO DE LO ORDINARIO”

HE VENIDO PARA QUE TENGA VIDA

“La conciencia, la responsabilidad y el amor son los condimentos que hacen que nuestra vida ordinaria tenga un valor extraordinario, sin que casi nadie, o pocos lo sepan, y esa es la garantía de nuestra grandeza personal”, sostiene el autor.



* Por Mons. Hugo Norberto Santiago.

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Marcos (Mc 10, 35-45)

“Jesús los llamó y les dijo: ‘Ustedes saben que aquellos a quienes se considera gobernantes, dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero que se haga servidor de todos, Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud”.
Palabra del Señor.



Ser grandes

Dice Jesús en este Evangelio: “El que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes”.  Notemos que Jesús no cercena, no condena el deseo de ser personas significativas para los demás. Es más, “ser grandes” es un deseo que nos motiva para mejorar, para crecer, para capacitarnos, para ser útiles a la humanidad, para emprender proyectos importantes que suelen mostrar de cuanta nobleza es capaz una persona, cuántos valores Dios inspiró en su corazón y benefician a la comunidad. Ser grandes es un deseo, un anhelo que se suele ver en muchos jóvenes.

Un testimonio que vi hace poco fue el de una joven que pertenecía a la organización “médicos sin fronteras”, que invitaba a otros profesionales a incorporarse a esa organización, en general formada por jóvenes que están dispuestos a cuidar la salud de las personas que viven en los países más pobres, más necesitados, uno de los cuales aparece de manera recurrente: África. Estos jóvenes nos muestran que no estamos hechos para la chatura, sino que las personas estamos llamadas a volar, a ser valiosos, grandes.



La modalidad

Si bien podemos decir que todas las personas estamos llamadas a ser grandes, lo que solemos confundir es la modalidad. La sociedad de consumo muchas veces nos vende una falsa idea de grandeza o nos hace pensar que es solo para algunos. En realidad lo que hay que descubrir es el valor extraordinario de lo ordinario, lo que le da valor a lo cotidiano, porque “lo grande”, a menudo, está emparentado con lo cotidiano.

Quién es el más grande?, el más grande es el que hace lo que tiene que hacer con conciencia y amor. Lo que da valor a nuestros actos es la conciencia y libertad con que hacemos lo que tenemos que hacer. Por ejemplo, Jesús, antes de su pasión, dice: “Nadie me quita la vida, la doy voluntariamente”; se trata de alguien que decidida y lúcidamente se encamina a entregar su vida, porque es consciente de que eso nos traerá la salvación a todos los que lo recibamos, lo ve, se decide y lo realiza, superando los obstáculos. El segundo condimento de lo grande es la responsabilidad.



La persona se siente responsable de otros, por ejemplo, la ecología, el cuidado del planeta o casa común, nace de la responsabilidad de dejarle a nuestros hijos, a los que nos seguirán, un lugar donde vivir sin sobresaltos, sin calentamiento global, sin basura no reciclable, por tanto, nos formamos para ello y actuamos en consecuencia; pero la responsabilidad la pueden vivir también un padre o una madre con mil gestos cotidianos en favor de sus hijos, entrega que nadie ve; por eso la grandeza no está reñida con lo cotidiano, es más, suele ir de la mano de lo ordinario. El tercer y más importante condimento de “lo grande” es el amor, que es el fundamento de la responsabilidad, pero le agrega cercanía, buen trato, cordialidad, humildad, ternura, y estos gestos son más auténticos en lo ordinario de la vida porque no tienen publicidad y entonces no se hacen con segundas intenciones. Por eso Jesús decía: “Cuando hagas una obra de bien, que tu mano derecha no sepa lo que hace tu izquierda”, es decir, el amor y el sentido de servicio, que son condimentos de “lo grande”, se hacen sin intención de publicidad. La conciencia, la responsabilidad y el amor son los condimentos que hacen que nuestra vida ordinaria tenga un valor extraordinario, sin que casi nadie o pocos lo sepan, y esa es la garantía de nuestra grandeza personal. Buen domingo.

*Obispo de la Diócesis de San Nicolás de los Arroyos.

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