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San Nicolás de los Arroyos
lunes, 1 noviembre, 2021

Edición N° 3854

ERRORES, INCOHERENCIAS Y DISPARATES EN LA MINISERIE SOBRE MARADONA



Más allá de las licencias poéticas que se toma el guion, “Maradona: Sueño bendito” llama la atención por sus monumentales desaciertos, sus bajadas de línea forzadas y sus arbitrarias decisiones a la hora de contar la historia.

Hace décadas que Diego Maradona es objeto de películas. No hay tantas figuras que hayan tenido tantas versiones como las que Maradona tuvo y tendrá. La miniserie de Amazon Prime Video “Maradona: Sueño bendito” arranca en el año 2000 y retrocede en varios flashbacks para contar la vida del Diego desde Villa Fiorito hasta el momento de una crisis que lo llevó al borde de la muerte. Nada nuevo a la hora de las biografías de personajes famosos. Lo nuevo son los errores groseros en el relato.



Cuando van a llevar a Diego a jugar a Cebollitas le preguntan varias veces la edad. El insiste en que tiene nueve años, le vuelven a preguntar e incluso le piden su año de nacimiento. Él contesta 1960, por lo cual la acción transcurre en 1969. Inmediatamente después aparece como un hecho fundamental la muerte de Juan Domingo Perón. Según la lógica de la serie, el político habría muerto entonces en ese momento y en 1974. No es posible que no supieran eso al hacer la serie, pero quitarle cinco años a la vida de Perón también es una manera de borrar cinco años terribles de la historia del peronismo. En una pirueta de mal gusto, todos pasan de llorar a su gran líder directamente a la dictadura militar de 1976.

Licencias

Toda ficción tiene sus licencias poéticas, muchas veces para mejorar la historia. Pero como “Maradona: Sueño bendito” insiste mucho, tal vez demasiado, en su bajada de línea política en los episodios posteriores, es por lo menos sospechosa esa falla. Tampoco hay un registro de una declarada y fervorosa filiación de la familia Maradona al peronismo como la serie subraya en varios momentos. Es un invento de los guionistas, cuya intención parece más la de lavar al peronismo que a Maradona.

Decisiones menos problemáticas son los colores de la camiseta con la famosa entrevista que le hicieron cuando era niño y Maradona quería contar que quería jugar un mundial. Son pequeñas cosas que no afectan.



Muchas fechas no cierran, la presencia de los militares en el fútbol empieza un par de años antes y por motivos vinculados por posibles conflictos hay nombres que no son utilizados. Esto pasa desde los comienzos del cine y la televisión. La serie se toma su tiempo para dejar muy mal parado al Beto Alonso, al que convierte en un verdadero villano sin necesidad ni relevancia alguna. En esas cosas la serie muestra una osadía parcial, intermitente, deshonesta.

La serie encuentra justificación para poner Malvinas en la trama porque el vínculo entre la guerra y el fútbol tuvo varios puntos, pero no encuentra la manera coherente de poner a las Madres de Plaza de Mayo y los desaparecidos y destroza toda la lógica narrativa al forzar su entrada. En los primeros episodios abre una subtrama con ese tópico que tiene algo que no está en el resto de la serie: abandona a Maradona y su entorno para construir personajes de aparición mínima que rompen con el punto de vista de la serie. Ni Maradona ni su entorno, una madre de Plaza de Mayo cobra un protagonismo que no corresponde a esta miniserie. Lo peor es que hay una escena posterior que hubiera alcanzado para mostrar a las Madres y su protesta, pero los realizadores no confiaron en la inteligencia del espectador ni quisieron evitar el subrayado del discurso. Por otro lado, el plano aéreo que va del estadio en el Mundial al centro de detención es absolutamente abyecto.



Hay otro villano en la serie: el periodismo. Los periodistas son todo lo malo que hay en el mundo. Si se suman los puntos, se llega a una conclusión bastante clara: el Maradona de esta miniserie es el del relato de las últimas dos décadas. Justamente el que se construyó después del 2000, momento del comienzo de este documental. Una construcción muy particular de la vida de Maradona, Claudia Villafañe, Guillermo Coppola y demás personajes de la vida del jugador. También una simplificación maniquea de la historia argentina que ya nadie compra ni cree.

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