31.1 C
San Nicolás de los Arroyos
sábado, 15 enero, 2022

Edición N° 3928

“ES ALGO INCREÍBLE SER PAPA NOEL”

El Papá Noel nicoleño lleva casi la mitad de su vida portando en cada diciembre los colores rojo y blanco, preparando su barba natural para que la ilusión permanezca intacta. No sólo para los niños sino también para los grandes, muchos de ellos adultos mayores, que no pueden escapar a su encanto. Saverio Graziano dialogó con EL NORTE en estas vísperas de Navidad para retratar lo que se siente hacer y ser este personaje tan especial, que capta multitudes y devuelve con creces la satisfacción de lo brindado de corazón.

Carolina Mitriani
redaccion@diarioelnorte.com.ar



Por su voz grave y rasposa, pero al mismo tiempo reflejando ternura, la esencia del Papa Noel nicoleño puede sentirse hasta con los ojos cerrados. Saverio Daniel Graziano lleva 34 años repartiendo alegría, acercando a la ciudad –y sus lugares más necesitados- la magia de la Navidad. “Era algo que a mí me había quedado en la mente de chico. Un día tuve un accidente, me fracturé el tobillo. Estaba enyesado, viajando a Buenos Aires, acompañando a un pariente. Sobre la autopista había un cartel gigante con un Papa Noel, en una propaganda de Coca-Cola. Entonces le digo «¿Ves ese cartel que está ahí arriba? Bueno, eso voy a hacer yo». Y mi cuñado me dice «¡Vos estás re loco!», recuerda Saverio.

Luego de eso, al regresar a San Nicolás, emprendieron la búsqueda de una modista y enseguida empezó la travesía. “Me hice hacer el traje y arranqué una Navidad en la esquina de Francia y Alberdi. Mi familiar tenía una zapatería. Como la vereda era muy ancha, hice ahí por primera vez de Papa Noel y fue un éxito. Ahí arranqué. Después deje unos años por trabajo y hace unos 5 años volví, teniendo la gran suerte de que me nombren personalidad destacada de la ciudad”, repasa el nicoleño.



En la piel

“Todos me preguntan ¿Cómo haces con el personaje? Es algo raro lo que yo siento. Es como que me saco la ropa de la persona civil y pasó a utilizar la ropa del personaje, pero no sólo eso: cuando cambio la ropa, cambio la persona”, cuenta Saverio y agrega que él está “dentro del personaje. Como yo amo y adoro a Papa Noel, a mí me sale natural el hecho de dar felicidad a la gente, a los chicos”. Cuando era chico, no era tan habitual ver a esta figura, por lo que con el correr del tiempo fue acrecentando su cariño por personificarlo para los demás.

“Me pone tan bien que llego a casa y cuando me preguntan cómo aguanto cuatro o cinco horas con el calor, les cuento que no siento nada: ni cansancio, ni calor, ni agotamiento; no bebo agua y no lo noto. Es algo increíble lo que me pasa. Después vuelvo a sacarme la ropa y vuelvo a ser yo, Saverio”, retrata con una sonrisa.



Con sus 73 años, Saverio cuenta que se prepara todo el año para este tiempo, para esta semana de festejos. Su esposa colabora con la preparación de la ropa y él la define como su mano derecha, quien lo acompaña en todo sentido. También siente que todos lo ayudan, de una u otra manera, desde el aporte de afecto hasta la donación de recursos como el actual y pintoresco trineo, con el que recorrió toda la ciudad.

Su amor por los niños y el intercambio tan particular que se da con ellos lo hace encontrar en cada jornada motivos para continuar y sorprenderse. “La verdad que para mí es muy satisfactorio. No paramos más, ni en pandemia”, expresa en diálogo con EL NORTE, en medio de una apretada agenda de recorridos.

Ante la pandemia, Saverio lamenta: “Los chicos quieren abrazarte, estar cerca. Pero no podemos. A veces hay gente que hace caras feas pero tenemos que entender que todavía no estamos libres del Covid, es para que no se corte la actividad”.



Distintos escenarios

Saverio Daniel Graziano cuenta que, dentro de los lugares que habitualmente visita, se encuentran los efectores de salud. “Es distinto ir al hospital y al sanatorio, entras en un ambiente que no es de felicidad, donde la persona que está internada, a veces por mucho tiempo. Y eso te toca. Uno ahí cambia. Hay que darles al menos un ratito de felicidad a esas personas, que se rían. Eso para mí es muy reconfortable: salir y que la gente te diga «Gracias por esos minutos»”.

Las particularidades de estos escenarios hacen que sus anécdotas también sean especiales. El caso más crudo le sucedió en la UOM, cuando visitaba a pacientes de la internación de adultos. “Era un abuelo con una enfermedad terminal. La jefa de piso me dice que estaba muy mal”, recuerda Saverio con la emoción de aquel momento. “Cuando entro, él estaba acostado, mirando hacia la puerta. Cuando yo me arrimo a él, llevando un regalito, me agarra de la mano tembloroso y me dice «¡Qué feliz que soy porque me viniste a buscar!». Entonces le digo «No, abuelo, yo no. Vengo a traerle un regalo». Me dice «Me quiero ir», entonces le insisto con el regalo y le agrego que después, detrás mío, va a venir el ángel que lo va a venir a buscar y lo va a llevar”, relata. El anciano, al escuchar esto, inmediatamente se puso a llorar ante Papa Noel. “Entonces ahí salí un poco quebrado, tenía que reponerme en el pasillo, hacer un ratito de espera hasta volver a agarrar nuevamente”, cuenta y agrega, tratando de buscar una explicación que en realidad no sabe si existe: “la gente se desespera. No sé qué ven, no sé qué pensamiento tienen en ese momento”.



Otro momento fuerte lo vivió en un jardín de infantes de un barrio, cuando un chiquito se arrimó a él y le habló al oído. “Cuando le pregunto qué quiere que le traiga, me dice «Que me traigas a mi papá de vuelta». «Bueno, vamos a ver qué podemos hacer», le contesté. Cuando termina todo, llamo a la maestra y me dice que hacía dos meses que el papa murió, y que mi cara se transformó cuando él me habló”, cuenta Saverio, como si estuviera volviendo a escuchar a ese niño.

Cuando esto le sucede, se da cuenta de que no es fácil la tarea que eligió. “Tenes que ser un poco psicólogo porque te toca de todo: lo bueno, lo malo, lo feliz, triste… Y en la calle también. El año pasado y este año más con los adultos. Me han sorprendido. No sé si esto será por la pandemia pero los abuelos salen a la calle, antes eran más chicos, aplauden y tiran besos, gritan «gracias» y «te quiero», hay abuelos que lloran. Algo está cambiando”, expresa. Cuenta que quienes lo conocen le dicen “Vos no te das cuenta de lo que pasa afuera, vos estás dentro del personaje. Tenes que ver lo que haces para que esta gente sea feliz”.

Regalos no materiales



“Todo lo que hago es ad honorem. No cobro un peso porque lo hago de corazón, no quiero que sea un comercio; sino no lo podría hacer. Sólo acepto regalos porque cuando uno da es por necesidad de hacerlo”, explica Papa Noel.

Las cartas ahora son recibidas por los elfos. Antes, Saverio las ponía en su bolso y las llevaba. “Me tomaba el trabajo de sentarme en mi patio, tranquilo, y me ponía a leerlas. Muchas las tengo guardadas desde el principio. Te tocan el corazón, también los dibujos”, retrata.



Papa Noel regala pero “¡Pobre, él no tiene la dicha de ver a Papa Noel!”, dice. “Yo lo vivo pero es como que te falta eso, que venga Papa Noel y te diga «Toma, esto es para vos»”, cuenta, saliendo un poco del traje.  Su carta la deja a todos los nicoleños, buscando que le den su regalo: ”Pido a las familias que el regalo sea estar unidos, todos alrededor de la mesa, como cuando era chico y la mesa era interminable”.

ÚLTIMAS NOTICIAS





error: ¡Contenido protegido!