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San Nicolás de los Arroyos
viernes, 27 mayo, 2022

Edición N° 4060

“ES MUY DURO CUANDO LLEGA GENTE Y YA NO TENGO COMIDA PARA DARLES”

MARCELA, A CARGO DE UN COMEDOR COMUNITARIO DE BARRIO SAN MARTÍN

Donde mejor queda reflejada la triste situación económica que estamos viviendo en la ciudad y el país es en los comedores comunitarios, que trabajan cada vez más en los barrios. Cerca de 20.000 nicoleños concurren a ellos en busca de un plato de comida, pero se hace difícil poder atender a todos.

Germán Rodríguez
redaccion@diarioelnorte.com.ar



Como venimos consignando desde estas páginas, la situación social de nuestra ciudad, a la par del resto del país producto del desempleo y la inflación, es desesperante. En San Nicolás, cerca de 20.000 personas concurren a comedores donde cuesta también poder alimentar a tanta gente. En varias oportunidades deben decirles a quienes llegan a pedir un plato de comida, sumamente necesitadas, con hambre, que no tienen nada, lo que es un momento terrible, tanto para aquel que está sufriendo como para quienes manejan los comedores, que lo hacen sin fines de lucro, y deben sentir la frustración de no poder ayudar. Hoy el drama de estos lugares, aparte del poco sustento y del crecimiento de la demanda, es cómo poder armar comidas saludables, ya que el Estado en su mayoría solo reparte harinas, sémola y polenta.

Marcela está a cargo de un comedor de barrio San Martin, de los más importantes, ubicado en una vivienda humilde de calle Gil Medina al 306. Ahí se preparan platos los días lunes, miércoles y viernes. Cuando quienes están a cargo del lugar consiguen suficiente comida, y pueden armar los menús, se dan almuerzos o cenas, pero cada vez son más las ocasiones en que tan solo se provee una humilde merienda que ayude a pelearle al hambre pero que se antoja insuficiente.



“Yo sustento a 200 familias. El Polo Obrero me da cosas, pero no siempre son suficientes. Si nos manejamos con lo que llega del Gobierno, tenemos solamente harina, polenta y sémola, que es lo único que nos mandan a veces y no es suficiente para un comedor. Yo salgo a pedir, el Municipio no se hace cargo. Nunca nos quiso dar nada, incluso ni la leche”, contó Marcela sobre la lucha que debe llevar adelante para poder darles un plato de comida a quienes lo necesitan.

Desesperados

“Tenemos que salir a pedir para poder sustentar a la gente. Es terrible que a veces tenemos y a veces no, ya que la necesidad es bastante. Cada vez se suma más gente y a veces hago rifas para poder comprar algo de carne o pollo así la gente varia el menú. La situación es muy complicada en San Martín. Vienen de Suizo y San Jorge también, que son barrios aledaños, a buscar comida. Es un momento muy duro, cada vez hay más gente con hambre y no llego a darles a todos, pero trato de hacerlo porque no soporto ver a familias con hambre y no tener que darles. Es triste. Decirles que hoy no hago nada porque no tengo con qué es un golpe muy duro para ellos y para nosotros”, expresó sobre lo que sucede cuando el alimento escasea.

“A veces hacemos almuerzos, a veces cenas o meriendas. Yo tengo acá compañeras que me ayudan a sustentar esto entre todas. Solamente somos yo y mis compañeras que hacemos rifas y salimos a pedir a panaderías para que nos den pan o facturas oreadas. Es muy complicado. Lo tratamos de llevar de a poquito”



Con amor

Marcela usa su casa para recibir a los necesitados, ahí en una gran mesa preparan las viandas y con mucho amor, que hay de sobra en ese espacio, reparten los alimentos llevándose como premio el agradecimiento de quienes lo necesitan, lo que actúa como la mejor retribución posible en estos tiempos de carencias y abandono. “A la gente se le dan viandas, yo no tengo un lugar para que vengan a comer. Yo recibo cosas del Polo Obrero, pero lo demás lo ponemos con las chicas que estamos acá. Cáritas cuando tiene algo me da y eso ayuda bastante”, agregó.

La crisis se refleja ahí, en las colas frente a la casa de Marcela buscando un plato de comida, un derecho básico de los seres humanos que cada vez está más vulnerado. La famosa guerra contra la inflación avanza, pero seguimos perdiendo por goleada.

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