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San Nicolás de los Arroyos
domingo, 14 abril, 2024

Edición N° 4747

Estudian el consumo histórico de hipnosedantes desde la perspectiva de género

INVESTIGACIÓN DE LA FUNDACIÓN ATENEA

El 85% de los psicofármacos se les recetan a ellas. “Esto se debe a la forma como son percibidas y pensadas las mujeres”, sostiene el análisis. Otro dato que se evidencia es que el dolor físico de las mujeres tiene muchas más posibilidades de ser diagnosticado como “emocional” o “psicosomático” y por ello se les despacha con una pastilla cuando consultan por alguna dolencia.

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De la Redacción de EL NORTE
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A las mujeres se les recetan más ansiolíticos, antidepresivos y otros psicofármacos que a los varones. Así lo corrobora el estudio “Consumo de hipnosedantes. Análisis histórico desde la perspectiva de género”, realizado por la Fundación Atenea y reseñado por Carmen Valls, endocrinóloga española. Analizando datos y descartando otras hipótesis, concluye que “esto se debe a la forma como son percibidas y pensadas las mujeres: el 85% de los psicofármacos se les recetan a ellas”.
Además, otro dato que se evidencia es que el dolor físico de las mujeres tiene muchas más posibilidades de ser diagnosticado como “emocional” o “psicosomático” y por ello se les despacha con una pastilla cuando consultan por alguna dolencia.

“Desde la conocida visión estereotipada, ser mujer se vincula con el mundo de las emociones. Para muchos lo femenino reside en esa idea de que las mujeres somos débiles, sensibles, volubles, volátiles, lloronas, histéricas y más angustiadas que los hombres, y que además todo esto pasa porque somos una especie de rehenes de nuestras propias hormonas. Si esto ha sido parte de los “saberes” populares machistas desde siempre, después de la pandemia, se acentuó aún más”, evalúa un artículo de Feminismoinc.

NO ES BIOLÓGICO, ES SOCIAL

Las explicaciones biologicistas amarradas a la identificación deformadora y esencialista del género dejan fuera los acuciantes factores sociales y culturales que pasan factura y sobrecargan mental y emocionalmente a muchas mujeres. Según la OMS los factores de riesgo específicos de género para los trastornos mentales ligados a la ansiedad y la depresión son las desventajas socioeconómicas, los bajos ingresos, la desigualdad en las remuneraciones, las responsabilidades de cuidado continuo y la violencia de género.



Está bien documentado que las mujeres enfrentan un mayor riesgo de inseguridad económica debido a las brechas salariales, la doble jornada laboral y el tipo de trabajo precario (OIT y OCDE, “Mujeres en el Trabajo 2020”). El cóctel combinado de trabajo remunerado y no remunerado con el que tienen que lidiar las mujeres por la atribución sexista de las responsabilidades de producción y reproducción social compromete seriamente su capacidad para lidiar con el estrés.

La pandemia lo agravó todo. Durante la crisis del COVID-19, los sectores que se han visto severamente afectados están ocupados mayoritariamente por mujeres, y muchas perdieron sus trabajos o han tenido que lidiar con varios frentes a la vez, sin infraestructura social que les dé soporte como madres o como jefas de hogar monoparental. En la era post COVID-19, la Organización Mundial de la Salud (OMS) alertó sobre el incremento de trastornos mentales como depresión, ansiedad y fatiga crónica con quejas somáticas. Un reporte de 2022 indica que la prevalencia mundial de la ansiedad y la depresión aumentó un 25%. Uno de los principales factores de riesgo de sufrirlas es ser mujer.

SESGOS PATOLOGIZANTES Y DISTORSIONES PATRIARCALES

Las afectaciones mentales y emocionales en las mujeres son un claro indicador de desigualdad. “Muchas están cansadas de tener que poder con todo, hartas de ser consideradas ciudadanas de segunda, temerosas de perder sus trabajos, exhaustas del teletrabajo y el home schooling, abrumadas con los estándares de rendimiento, belleza y perfección que se les exigen, frustradas por tener que elegir entre hijos o trabajo, indignadas por los hechos de violencia física y psicológica cometidos contra ellas con total impunidad y tristes por lo poco que se les cree. Todo esto y más impacta profundamente en la psique de cualquier ser humano, por más resiliente y fuerte que se considere. Garantizar medidas efectivas de prevención y atención a la salud, especialmente la salud mental, debe ser una prioridad. Además, para que las alarmantes cifras sobre salud mental en las mujeres disminuyan, deben reforzarse las medidas de conciliación y corresponsabilidad laboral familiar, así como el apoyo económico y social a las trabajadoras. Dejar de considerar a las mujeres como locas y de medicarlas para que se tranquilicen pasa por entender de forma sistémica los procesos de salud biopsicosocial y por cambiar la forma como tradicionalmente son miradas las mujeres, sin que se incurra en los típicos sesgos patologizantes ni en distorsiones patriarcales atribuidas a su sexo”, concluyen en FeminismoInc.

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