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San Nicolás de los Arroyos
miércoles, 19 enero, 2022

Edición N° 3931

FIN DE AÑO: LAS TRADICIONES DEL LAZO SOCIAL

“Es necesario repensar los lazos sociales, reinventarnos, construyendo un proyecto de vida con un deseo que puje con ganas y es por eso que esta noche no voy a brindar por los que tienen miedo de dejar de ver a alguien, sino por lo que temen volver a encontrarse”, sostiene la autora de este artículo.

Por Mariana H. Zappa
Psicoanalista



Esta noche no voy a brindar por los que tienen miedo de dejar de ver a alguien, sino por lo que temen volver a encontrarse.

Los encuentros familiares por estos días son uno de los modos fundamentales de habilitación de la relación social, y justamente por eso las sociedades establecen tradiciones que los hagan posibles y permanentes.

Es cierto que las formas contemporáneas de la vida social, ligadas al desplazamiento, la inmediatez y lo efímero, expresan coartadas para esos encuentros y, sin embargo, tales tradiciones persisten.



A veces bajo otras modalidades: ya no es la familia, pero sí reuniones con amigos, una juntada con gente extraña que comparte el mismo lugar de algún viaje, etc. Lo importante es que la relación social necesita ser asegurada.

La celebración de Navidad o Año Nuevo en la mayoría de estos encuentros ya no posee el carácter específico que les dio un origen, pero siguen siendo un modelo tradicional de institución de la vida compartida con otros.

Los espacios que conforman fundacionalmente lo que denominamos encuentro familiar (se cumplan en familia o no, esa no es la cuestión) definen contextos de las acciones sociales, y por eso, una relación social es la disposición y práctica de expectativas comunes, porque el carácter de las tradiciones primarias nos dan sostenimiento para el lazo social.



Tiempos de lo efímero

Por eso, como siempre se dice: el Feliz Navidad y Prospero Año Nuevo.

Vivimos en tiempos de lo efímero, en una presentificación de la vida, todo lo que ocurre es ahora. Este estado no es natural, no tiene que ver con la evolución y el progreso de la historia individual, es más concretamente el despliegue de un modelo político, económico, cultural y social al que llamamos globalización y cuya experiencia es la posmodernidad.

La desinstitucionalización de la vida, esto es, el descrédito de los lazos comunes que fundan lo social, tiene efectos directos en los pensamientos y actividades de las personas, las cuales deben afrontar en tiempo real la producción de su vida, lo que significa, sin proyecto, sin horizonte y sujeto a lo que aquí y ahora se vive.



Actualmente, se destaca como valor el vivir el presente y de ahí que cada individuo deba producir sus propias condiciones para ser de ese presente un goce siempre renovado.

Las aplicaciones que ofrecen todo lo que necesitamos fundan otra percepción de la temporalidad, donde ya no se trata de lo por venir, sino de la satisfacción inmediata.

Es necesario repensar los lazos sociales, reinventarnos, construyendo un proyecto de vida con un deseo que puje con ganas y es por eso que esta noche no voy a brindar por los que tienen miedo de dejar de ver a alguien, sino por lo que temen volver a encontrarse.

Como así también para poder divulgar un afecto, aminorando las pasiones que llevamos adentro.

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