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San Nicolás de los Arroyos
domingo, 22 mayo, 2022

Edición N° 4056

GROTTINI, ¿UN NUEVO ASESINO SERIAL EN LA HISTORIA ARGENTINA DEL CRIMEN?

De comprobarse que Damián Grottini fue el autor de todas las muertes que se le endilgan, pasaría a ser parte de una nefasta lista de asesinos seriales argentinos. El caso ya está decididamente instalado en un lugar central en la historia criminológica de nuestra región, que en los últimos tiempos viene siendo castigada por una serie de crímenes sangrientos.

De la redacción de EL NORTE
Redacción@diarieolnorte.com.ar



En los últimos tiempos, macabros homicidios han tenido lugar en nuestra ciudad y la zona que pusieron en el tapete a San Nicolás por los medios nacionales. De probarse las acusaciones de homicidio que pesan sobre Pablo Damián Grottini, quien en un periodo de menos de tres años, habría asesinado a su madre Teresita, a su hija adoptiva Ailén y a su hermano menor Germán con suero envenenado en el hospital, adonde recalaban tras un fuerte malestar, este engrosaría la nefasta lista de asesinos seriales argentinos y sería un capítulo más a la historia oscura de nuestra ciudad. Todavía está fresco en nuestra memoria el caso del destripador Sergio Andrés Tissi, que en el año 2020, en plena pandemia con una cuchilla y tras asesinar a Juan Carlos Donato en una casa lindera al autopista comenzó a descuartizar el cuerpo dejando una escena espeluznante y digna de una película de terror. La búsqueda del asesino tuvo en vilo a la ciudad hasta su captura.



También repercutió en los medios nacionales el femicidio de Daiana Almeida, la joven enfermera que salía de trabajar y fue perseguida y acosada por el albañil Miguel Ángel Nievas, el cual la llevó a un descampado donde la abusó sexualmente y ultimó a puñaladas, siendo recientemente condenado a prisión perpetua. El tribunal de juicio consideró que el acusado actuó “totalmente desquiciado” y con “desprecio” hacia la víctima “por ser mujer”.

En el fallo del Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 2 de la ciudad bonaerense, fue hallado culpable del delito de homicidio triplemente calificado: femicidio, homicidio criminis causa, robo, privación ilegal de la libertad agravada y abuso sexual agravado por el uso de armas.

El primero

Al arriero Cayetano Domingo Grossi lo ejecutaron el 6 de abril de 1900 en el parque interno de la Penitenciaría Nacional de la avenida Las Heras. Es considerado el primer asesino serial de la historia por matar a tres de sus hijos, nacidos de las violaciones a las que sometía a sus dos hijastras.

Sobre la leyenda de Cayetano Santos Godino, el “Petiso Orejudo”, matador de niños y piromaníaco, se han escrito libros, obras de teatro, filmado películas y hasta pintado cuadros.



Godino fue responsable de la muerte de cuatro niños, siete intentos de homicidio y el incendio de siete edificios.

En enero de 1963, Raúl Aníbal González Higonet entra por la ventana de una casa y mata a martillazos a Emilia Ortiz, una mujer que descansaba en camisón. Huye con joyas y algo de dinero. Le imputaron los crímenes de Rosa Risso de Grosso, de 65 años, Virginia Riquel, de 80, y Nelly Mabel Fernández, de 55. El martillo con manchas de sangre apareció en un baldío de Lomas de Mirador. Horas después, el homicida confesó con lujo de detalles. “Solo quería robar. Las maté para no dejar testigos”, dijo. Fue conocido como “El loco del martillo”.

El ángel negro

Entre el 15 de marzo de 1971 y el 3 de febrero de 1972, Robledo Puch mató a balazos a once personas: nueve serenos y dos mujeres. No solía dejar testigos de los robos que cometía con dos cómplices. Robledo Puch es el preso más antiguo del sistema penitenciario argentino.

Francisco Laureana mató, en 1975, a once mujeres y niñas y atacó a otras tantas. El criminal, que había sido seminarista en Corrientes, comenzó su cacería en un colegio religioso, donde violó y ahorcó con una soga desde la escalera a una religiosa.

El asesino elegía víctimas que tomaban sol en los chalés.

Celso Luis Arrastía era conocido como el killer marplatense. La primera víctima fue encontrada el 18 de octubre de 1987. Se llamaba Ana María Palomino, era santiagueña, tenía 16 años y trabajaba como empleada doméstica. El serial killer volvió a atacar en mayo de 1988, cuando estranguló en un hotel de la Terminal a Nélida Mabel Quintana, de 53 años. Días después, Margarita Inés López, una prostituta de 29 años, fue asesinada en un albergue transitorio de Santa Fe y Falucho, cerca del centro. Otra víctima fue Mónica Susana Petit de Murat, nieta del escritor Ulises Petit de Murat, asesinada en agosto de 1987. Hubo una quinta asesinada, encontrada muerta en un hotel de La Perla.



El asesino de taxistas

Ricardo Luis Melogno, el asesino serial de taxistas, tenía 20 años.
Los crímenes ocurrieron en cinco días, siempre con el mismo desenlace: un taxista muerto con una bala calibre 22 en la cabeza en una calle oscura del barrio de Mataderos.
Las víctimas fueron Ángel Redondo, Carlos Alberto Cauderano y Juan de la Santísima Trinidad Gálvez.

Claudio Gil

Los psicólogos lo definieron a Claudio Gil como un psicópata “camaleónico” que finge y busca adaptarse para sacar provecho o establecer “relaciones parasitarias” con sus semejantes. “Posee una ambigüedad sexual y odia a los homosexuales”.

En 1992 lo detuvieron por robo de auto, pero cinco años después -cuando salió de prisión- mató a cuchillazos en La Rioja al comerciante Alberto Herrera, a quien además quemó adentro de su auto.

En San Juan atacó a golpes y quemó con agua a su propia madre, quien fue herida de gravedad. Sus dos últimos crímenes de odio fueron sufridos por el chef Carlos Echegaray y el jubilado Luis Espínola, ambos asesinados a puntazos. Las tres víctimas eran homosexuales.



En prisión violó y torturó, física y psicológicamente, a un compañero.

En nombre de San La Muerte

Marcelo Antelo, 26 años, fue condenado a cadena perpetua por cuatro asesinatos ocurridos entre febrero y agosto de 2010 en la villa 1-11-14. Sus víctimas fueron Jorge Mansilla, Rodrigo Ezcurra, Pablo Zaniuk y Marcelo Cabrera, a quien mató de nueve balazos. Solo se los había cruzado por la calle. Se cree que cometió otro asesinato más, pero no pudo ser probado.

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