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San Nicolás de los Arroyos
domingo, 21 noviembre, 2021

Edición N° 3873

“JESÚS, REY DEL UNIVERSO”

HE VENIDO PARA QUE TENGA VIDA

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Juan (18,33-37)



Por el obispo + Hugo Norberto Santiago

“Pilato llamó a Jesús y le preguntó: ‘¿Eres Tú el rey de los judíos?’ Jesús le respondió: ‘¿Dices esto por ti mismo u otros te lo han dicho de mí?’ Pilato replicó: ‘¿Acaso yo soy judío? Tus compatriotas y los sumos sacerdotes te han puesto en mis manos, ¿Qué es lo que has hecho?’ Jesús respondió: ‘Mi realeza no es de este mundo. Si mi realeza fuera de este mundo los que están a mi servicio habrían combatido para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi realeza no es de aquí’. Pilato le dijo: ‘¿Entonces Tú eres rey? Jesús respondió: ‘Tú lo dices: Yo soy rey. Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad, escucha mi voz”.
Palabra del Señor. 



Reinar sobre uno mismo

       La palabra nos evoca la idea de que ser rey es tener poder, dominar, y es acertado en cierto sentido. Sin embargo, el significado cristiano se refiere a la capacidad de integridad que el Espíritu Santo nos ha regalado en el bautismo, de modo que tiende a sanar la grieta que había en nuestra persona entre lo que pensamos, amamos y hacemos. En efecto, es una experiencia común el hecho de que a veces pensamos cosas buenas pero no las hacemos; hacemos cosas buenas pero sin amor u obramos sin pensar. Desde el bautismo podemos tener un reinado, un dominio sobre nosotros mismos para seguir a Jesús, para pensar lo bueno, amarlo y concretarlo. No dominar la propia persona es la más básica y la peor de las esclavitudes que ha creado el pecado en nosotros. La Virgen Santísima, que fue concebida sin pecado original, es llamada por los cristianos  “Reina” porque tiene un perfecto dominio sobre sí misma para hacer lo que Dios le pide, para pensar, amar y concretar lo bueno.

Servir por amor

       El segundo significado cristiano de “reinar” es servir por amor; algo casi natural que hacen un padre y una madre con los hijos nacidos de su propia carne y sangre y también con los hijos “del corazón”. Es como algo obvio, ser padre y madre es servir por amor, es decir, gratuitamente, desinteresadamente, sin pasar luego “facturas” a los hijos por el servicio realizado. Por eso, normalmente al padre y a la madre se los ama, y cuando ya no están se los recuerda como “grandes”, como quienes merecen ser aclamados, aplaudidos, valorados, venerados como reyes. 



Una realidad que humaniza

     El aporte del cristianismo a la humanidad, entonces, es que la gracia de Cristo sana nuestra persona dándole integridad, permitiéndonos el reinado sobre nosotros mismos, y creando lazos de amor servicial familiar y ampliándolos a los vínculos sociales. Por eso el reinado, como servicio por amor, es una clave para la construcción social que llega hasta las periferias, se transforma en el motivo por el cual un empresario genera trabajo, un político cristiano quiere alcanzar un puesto de gobierno, una docente enseña, una cooperadora colabora con un hospital, un grupo se capacita para rescatar de las adicciones, una universidad se crea para responder a una demanda de capacitación, un misionero parte para África, un joven deja todo para responder a una llamada sacerdotal, un científico pasa todas las horas del día en un ignoto laboratorio buscando crear una vacuna en pandemia o un remedio para una enfermedad incurable hasta el presente. 

     Este es el reinado que comienza en este mundo, pero que Jesús dijo: “no es de este mundo”, porque en vez de dominio es servicio, porque en vez del egoísmo su motivo es el amor, porque en vez de humillar promueve la dignidad de las personas, porque superando la indiferencia se nutre de la misericordia, porque en vez de excluir integra, genera justicia y paz -porque la paz viene cuando cada uno está establecido en su dignidad y en ese sentido es el fruto de la justicia-. Por eso, este modo de reinar que comenzó con Jesús y vivió la Virgen Santa, anima a la humanidad nueva que comenzó con Jesús , en la medida en que puede extenderse a los diversos ambientes, genera vínculos, empatía, afecto, amistad, solidaridad y creatividad para favorecer el bien común; en fin, una vida mejor, más digna de vivirse, más humana. Por eso, reinar como Jesús, humaniza. Buen domingo! 

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