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San Nicolás de los Arroyos
viernes, 28 enero, 2022

Edición N° 3942

JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ

HE VENIDO PARA QUE TENGAN VIDA



Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas (1,1-5.9-14)

Por Hugo Norberto Santiago,
obispo de la Diócesis de San Nicolás

    “Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Al principio estaba junto a Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la percibieron. La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre. Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios. Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios. Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.”
Palabra del Señor. 



        En este día la Iglesia celebra a la Santísima Virgen María como Madre de Dios y propone la jornada mundial de la paz. El papa Francisco sugiere tres actitudes constructoras de la paz: el diálogo intergeneracional, la educación y el trabajo. 

        El diálogo intergeneracional es propuesto con la imagen del árbol: lo que se ve del árbol tiene vida por lo que no se ve, es decir por las raíces. Como la imagen se aplica a las personas, lo que propone es un diálogo entre padres e hijos, abuelos y nietos, para que los valores y la experiencia de vida se continúen y perfeccionen. Por un lado los padres y los abuelos poseen una sabiduría que les han dado los desafíos resueltos bien o mal, el dolor sufrido y el temple adquirido. Si los hijos y los nietos dialogan con ellos, podrán continuar su obra y de manera personalizada tomarán sus propias iniciativas apoyados en lo recibido. Hay una miniserie documental sobre el Papa y los personajes ilustres de los últimos tiempos dialogando con las generaciones que les siguen; allí aparecen, por ejemplo, personas “de color”, reconciliadas con gente “blanca” testimoniando la superación del “apartheid” en Sudáfrica y la marginación y el odio racial en los Estados Unidos; se presenta también el diálogo entre adultos mayores que trabajaron detectando la contaminación del planeta y el cambio climático, con jóvenes que están comprometidos con lo mismo porque quieren una “casa común” limpia y habitable y no un planeta arrasado. El diálogo permite el progreso intergeneracional porque tomando la experiencia de lo hecho se avanza más seguro hacia lo novedoso, y eso es un modo de superar los conflictos y construir la paz. 



      La educación es otro de los pilares de la paz, porque permite la promoción humana y el desarrollo integral. La escuela cultiva la inteligencia y la responsabilidad de las personas desde niñas y las capacita para estar a la altura de los avances culturales y científicos; por eso, tener educación primaria, secundaria y, si es posible, universitaria ayuda al desarrollo personal y social. Hay que integrar una educación con sentido de servicio; esto último es el gran aporte de las “Scholas Occurrentes” que propone el papa Francisco; además del desarrollo intelectual, la escuela, desde el nivel primario en adelante, realiza distintos gestos de servicio a las personas más vulnerables, entonces la educación no es un acto individualista ni exclusivamente intelectual, sino que tiene un sentido social que se expresa por el servicio. Se aprende que la educación está al servicio del bien común y en ese sentido es constructora de la paz. 

    Finalmente, el Papa nos propone el trabajo como una herramienta para construir la paz. Según la Biblia, Dios Creador le pide al hombre continuar perfeccionando la creación por el trabajo. Por otra parte, el trabajo es para la promoción del hombre y no al revés; tiene que ayudarlo a pensar, amar y concretar la obra que realiza; de esa manera, la persona crece en creatividad, en capacidad y en dignidad. Por eso, las ayudas económicas que se entregan a los más carenciados sin contraprestación representan un camino equivocado, porque no dignifican a la persona, al contrario, la empequeñecen haciéndola esclava de la pereza y el ocio mal entendido. Además, por el trabajo las personas tienen acceso al capital y por el salario digno acceden a los derechos humanos fundamentales: vivienda adecuada, educación de los hijos, descanso necesario, etc. En este último sentido el trabajo es claramente una herramienta de la paz, porque al dar acceso a los derechos humanos fundamentales genera una sociedad más justa, menos desigual. Desde este punto de vista es bueno recordar una de las frases del papa san Juan Pablo II en una jornada mundial de la paz: “Si quieres la paz, trabaja por la justicia”. Como a través del trabajo el hombre tiene acceso a los derechos humanos fundamentales, trabajar genera justicia, y la justicia es una de las claves de la paz. Que la Virgen, Madre de Dios, a quien hoy celebramos, nos alcance de Dios el regalo de un diálogo intergeneracional, de una educación adecuada y de un trabajo digno, mediante los cuales seamos constructores de paz. Buen domingo. 

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