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San Nicolás de los Arroyos
domingo, 22 mayo, 2022

Edición N° 4056

LA ATEMPORALIDAD DEL LADRILLO

En comparación a otros sistemas constructivos, el ladrillo cerámico posee una serie de ventajas que lo hacen especialmente atractivo: durabilidad, acondicionamiento térmico y acústico, sustentabilidad y resistencia al fuego. Incluso en un contexto actual, donde la arquitectura tradicional se enfrenta a nuevas tecnologías y materiales innovadores, este pequeño y simple módulo rectangular sigue en carrera.



Con más de 11.000 años de historia, el ladrillo es uno de los materiales de construcción más antiguos. Con su calidez, versatilidad y destacadas propiedades estructurales, es un material atemporal que no pasa de moda.

No es de extrañar, entonces, que se posicione como uno de los sistemas constructivos más utilizados en el mundo; especialmente en Latinoamérica, donde su uso representa la identidad y cultura local

El ladrillo pasó de recurso natural a bloque de alto rendimiento.
En comparación a otros sistemas constructivos, el ladrillo cerámico posee una serie de ventajas que lo hacen especialmente atractivo. En conjunto, estas se pueden agrupar en varios ejes: durabilidad, acondicionamiento térmico y acústico, sustentabilidad y resistencia al fuego.



Durabilidad

Dado que las partículas de arcilla se fusionan durante el proceso de cocción, el ladrillo posee una alta resistencia al paso del tiempo, al impacto y a la humedad. Por lo mismo, es uno de los materiales de construcción más duraderos, lo que se evidencia en las innumerables obras coloniales que hasta hoy se mantienen en buen estado.

En la actualidad, la fabricación industrial ha incrementado aún más su calidad, resistencia estructural y durabilidad, permitiendo obtener productos cuyo comportamiento incluso sobrepasa los requisitos establecidos por la normativa.
De este modo, las construcciones de albañilería pueden fácilmente alcanzar una vida útil que supera los cien años. Se suele recomendar, sin embargo, una mantención mínima.



Sustentabilidad

Si bien su producción emite más CO2 que la madera, el ladrillo puede ser sinónimo de sustentabilidad. Su ingrediente principal, la arcilla, es un recurso natural abundante, lo que implica que es intrínsecamente ecológica y respetuosa con el medioambiente, sin contener componentes complejos ni productos químicos. Además, ya que pueden durar un tiempo indefinido, los ladrillos pueden reutilizarse y reciclarse una y otra vez, evitando la generación de escombros, permitiendo devolver el material a la tierra y aportando a un desarrollo circular. En muchos casos, estos se desmenuzan o trituran para generar elementos de jardinería, o bien, se mezclan en ladrillos nuevos para minimizar el uso de arcilla.

En muchos proyectos de ornamentación urbana, es cada vez más utilizado el ladrillo molido –proveniente de escombros o ladrillos en desuso– como solución de jardín seco, lo que, sumado a la escasez actual de agua, representa una muy buena alternativa.



Resistencia al fuego

Otra cualidad que distingue al ladrillo cerámico es su alto poder de resistencia al fuego, cualidad que se logra durante el proceso productivo (su cocción alcanza temperaturas de hasta 920 °C). Además, en el caso de incendios, los bloques cerámicos no emiten gases perjudiciales para la salud humana, convirtiéndose en un material seguro y confiable que es ideal para viviendas.

Sin perder su belleza, elegancia y calidez estética, el ladrillo ha demostrado a través de los años que es una solución constructiva de excelente rendimiento. Incluso en un contexto actual, donde la arquitectura tradicional se enfrenta a nuevas tecnologías y materiales innovadores, este pequeño y simple módulo rectangular demuestra que su calidad sigue siendo incomparable. Sin duda, cuenta con una larga trayectoria y su historia se sigue escribiendo.



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