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miércoles, 24 julio, 2024

Edición N° 4847

La familia Miramón, con el corazón (y el teléfono) “explotado”

La madre de “Nacho”, el viernes titular ante Nueva Zelanda en el Mundial Sub 20, le contó a DIB cómo están viviendo este momento.

Por Rodrigo Márquez
DIB

Detrás de todo jugador de fútbol, hay una familia. Historias, caminos y gente que acompaña. Ignacio Miramón “siempre quiso jugar al fútbol”, como su madre Eugenia le comenta a DIB, y en este momento está viviendo un sueño siendo parte del Seleccionado Sub 20 que disputa el Mundial en Argentina.

“Estamos siguiéndolo adonde va. Es una locura. Cuando lo vimos entrar a la cancha y cantar el himno, fue lo máximo”. Es el testimonio de una madre que ve cómo su hijo alcanzó lo que buscó desde chico.

“Nacho” jugó el viernes en San Juan su primer partido como titular con la camiseta albiceleste en esta Copa del Mundo y lo hizo de gran forma, a tal punto que recibió elogios de parte de Javier Mascherano, el entrenador. Eugenia reconoce que no tiene el conocimiento futbolístico del DT, pero concuerda con él: “Yo no entiendo mucho de técnica de fútbol, pero lo vi bárbaro. Para mí, jugó bien”, afirma con orgullo.

“Tengo el teléfono explotado de amigos y conocidos que me mandan mensajes, al igual que a mi marido. En la cancha no había señal, salimos y el teléfono nos explotó. Yo soy peluquera, tengo un montón de clientas y todas me mandan mensajes, fotos, videos… es una cosa tremenda. Todavía no caemos”, dice la mamá del mediocampista bolivariense afianzado como titular en la Primera de Gimnasia.

“Tranquilo y feliz”

Es cierto que Eugenia no es la persona más calificada para hablar del Ignacio Miramón futbolista, pero sí es quien mejor lo conoce como persona. “Él es muy tranquilo, de la misma manera como se lo ve jugando. Creo que lo está disfrutando”, le cuenta a DIB.

Las familias no mantienen mucho contacto con los jugadores durante el Mundial. “Tenemos ratitos de media hora, 40 minutos cada dos días”, afirma la madre de “Nacho”. Tiempo suficiente para darse cuenta de la alegría de su hijo. “Hoy (el viernes en San Juan) nos vino a saludar cuando terminó el partido y su cara de felicidad era tremenda”.

Llegar nunca es fácil

Ignacio Miramón, a sus 19 años, ya sabe lo que es defender la camiseta de la Selección Argentina en un Mundial. Mundial juvenil, es cierto, pero Mundial al fin. Para llegar a este punto, en palabras de su madre “la felicidad más grande que uno puede tener”, tanto él como su familia debieron atravesar un largo -y arduo- camino.

“No ha sido para nada fácil. Hace años que venimos empujando para llegar a esto. Cuando era chiquito estuvo en Racing y lo llevamos durante un año entero todos los domingos a jugar, mientras él entrenaba en Bolívar. Pero llegó un momento en el que ya no se podía sostener”, cuenta Eugenia.

Luego hubo un paso por Sarmiento de Junín, donde “Nacho” tenía “todo armado”, pero no se logró adaptar y decidió regresar a Bolívar. Incluso en Gimnasia, donde hoy está asentado, hubo idas y venidas. “Se nos volvió y lo volvimos a llevar. Y después nosotros viajábamos todos los fines de semana, o viajaba él cuando podía. Íbamos y veníamos para que él se pudiera quedar”, relata la madre del futbolista de Bolívar.

Un Bolívar “revolucionado”

Siempre que alguien de un pueblo llega a lo máximo en su actividad deportiva, y más si se trata de algo tan popular como el fútbol, se convierte en una especie de “celebridad”. En la cara visible de ese lugar, su embajador adonde sea que vaya.

“La gente de Bolívar está enloquecida, apoya muchísimo. A veces me mandan mensajes tipo ‘Mi mamá de 80 años está viendo el partido, que jamás en su vida vio fútbol’. Y capaz es una señora que ni siquiera conoce a ‘Nacho’, pero quizá me conoce a mí, al padre, o directamente porque sabe que es de Bolívar”, le confía Eugenia a DIB.

La foto del final

Cuando terminó el triunfo por 5-0 sobre Nueva Zelanda, Ignacio Miramón se acercó al sector donde se ubican los familiares de los futbolistas y buscó a sus padres. A esos que lo llevaban todos los domingos a Racing, que le armaron un lugar en Sarmiento de Junín y que lo acompañaron en su estadía en Gimnasia de La Plata.

“Me quedo con el final. Nos sacamos una foto con él en la cancha y toda la familia atrás. Me voy a quedar con ese momento, porque me encantó”, dice Eugenia, una madre orgullosa del presente de su hijo.

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