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San Nicolás de los Arroyos
jueves, 22 febrero, 2024

Edición N° 4696

La increíble historia de uno de los andinistas que murió en el Marmolejo

TRÁGICO FINAL

Casi pierde la vida en el 2011, tuvo una gran revancha y conoció a su mejor amigo de cuatro patas, pero el desenlace final fue trágico.

Este lunes se confirmó la muerte de los tres andinistas argentinos que estaban desaparecidos en la cordillera de los Andes chilena desde el 29 de noviembre, entre los que se encontraban el intendente de la localidad pampeana de San Martín, Raúl Espir, y el escribano Sergio Bernardo. Además, también se reportó que entre las víctimas estaba el experimentado guía de montañas mendocino Ignacio Javier Lucero, quien tenía experiencia escalando algunos de los picos más altos del mundo.

Su historia de pasión con la aventura en montaña se remonta varios años atrás. El deporte le había dado muchas alegrías, vistas increíbles y momentos que debe haber atesorado en su corazón. Sin embargo, la pasión por el andinismo casi le cuesta la vida en el 2011.

Todo comenzó cuando a sus 13 años realizó la primera travesía por zona montañosa, en el cerro de Bella Vista. Acompañado por su hermana se alucinó con la sensación de escalar las rocas y caminar por la naturaleza: “Esa primera vez me despertó una pasión que descubrí muchos años después. En ese momento jamás imaginé que lo haría de manera profesional”, comentó en diálogo con Infobae en una entrevista realizada en 2021, quien desde ese entonces se propuso que dicha actividad iba a ser un hábito.

Sin embargo, en el 2011 la vida del mendocino peligró por primera vez frente a uno de los desafíos más importantes para quienes hacen andinismo: hacer cumbre en alguno de los picos del Himalaya, donde se encuentran algunos de los puntos más altos del planeta. El desafío que se propuso fue alcanzar la cumbre del monte Manaslu de Nepal (8163 metros sobre el nivel del mar), pero a los 7300 metros de altura tuvo un infarto que lo hizo rozar la muerte.



En el rescate de ese entonces notaron la complejidad del caso y procedieron a trasladarlo al hospital Shahid Gangala Nacional Heart Center de Katmandú, en Nepal, donde fue operado. Las cosas se complicaron cuando en medio de la cirugía sufrió un ACV que le provocó la pérdida de la habilidad para comunicarse y caminar.

“Quedé analfabeto, y postrado en una cama por varios meses”, recordó en aquella entrevista. “Ni hablar de mi corazón, pasé por una angioplastia y me colocaron un stent, casi me tienen que hacer un trasplante”, explicó.

Amigo fiel

Con un panorama desgarrador y un parte clínico que no evolucionaba, estuvo internado casi tres semanas en el lejano país asiático con los pronósticos médicos más terribles: con suerte volvería a recuperar la autonomía, el andar y el habla. Pero volver a trepar una montaña era casi imposible.

En su proceso de recuperación encontró un fiel compañero que lo ayudó y acompañó que necesitaba para afrontar la dificultad del día a día que tenía el proceso de recuperación para volver a tener una vida normal.

Oro, un perro que apareció en la puerta de su hogar de casualidad y desde ese momento nunca más se separaron: “Un día empezó a dormir en la puerta de mi casa, creamos un vínculo inigualable. Me empezó a contener desde lo psicológico y lo físico”, expresó sobre el can que falleció en el 2020.

Inclusive gracias a la fidelidad que le dio su amigo de cuatro patas, lo certificó como “mascota de asistencia”. Comenzaron los entrenamientos de a dos: “Enganchaba la cuerda a su pretal y con un compañerismo absoluto, Oro me tiró hacia la montaña”.

Así, juntos empezaron a ascender cerros e hicieron cumbre cuatro veces en el Aconcagua, el segundo pico más alto del mundo y el más importante de la cordillera de los Andes.

Entre los destinos más desafiantes estuvo el cerro Gasherbrum II, de 8035 metros, también en el Himalaya y Denali, de 6500 metros, la montaña más fría del mundo en la cual se han presentado hasta cien grados bajo cero. Dicha travesía le llevó 25 días y en la misma atravesó una tormenta de nieve que duró 6 días.



De esta forma, logró llegar a la cima con otros tres escaladores porque el equipo completo, conformado por 7, no lo logró. “Llegamos fuertes con Rafa, pero muy cansados. La temperatura fue criminal, -32 grados. Pero veníamos adaptados de otros días”, señaló.

También tuvo la suerte de escalar otro gigante de Asia, el Monte Broad Peak, de 8051 metros de altura. Lo hizo a su manera, en el sentido contrario de los demás. “Mientras todos bajaban por la tormenta, yo subía. Aproveché y usé el contexto para aclimatarme”.

Fuente: Infobae.com

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