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San Nicolás de los Arroyos
lunes, 13 septiembre, 2021

Edición N° 3805

LA REBELIÓN DEL AMISTAD, UN BARCO ESCLAVISTA ESPAÑOL DE MEDIADOS DEL SIGLO XIX

Con el descubrimiento de América, Portugal y España pasaron a ser potencias esclavistas de Europa y su fuerte era el traslado de cientos de miles de esclavos negros, cuya condición no se planteaba siquiera. En una goleta que traficaba esclavos llamada “Amistad”, estos se liberaron luego de matar al capitán y a un cocinero para huir a Estados Unidos, donde tuvieron que defenderse en un juicio.

De la Redacción de El Norte
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A finales del primer tercio del siglo XIX, los escrúpulos éticos, antaño esporádicos y marginales pero cada vez más extendidos, empezaron a cristalizar en un abolicionismo humanista que encabezó Inglaterra, aunque también influida por motivos más prosaicos: la Revolución Industrial y el maquinismo consiguiente precisaban empleados, obreros asalariados que tuvieran cierta calificación y una mínima capacidad adquisitiva para reinvertir lo ganado y estimular la economía.

En ese contexto se situó el caso de una goleta de apenas treinta y siete metros de eslora, botada en Baltimore y agraciada con el nombre de Friendship, que tras ser comprada por un empresario español la rebautizó Amistad. Originalmente se dedicó al transporte mercante de azúcar y pasajeros por el Caribe, entre La Habana y Honduras, pero en el verano de 1839 realizó un viaje especial con un cargamento nuevo: medio centenar de esclavos de Sierra Leona de los quinientos que el buque portugués Tecora había desembarcado en la capital cubana para vender de forma clandestina. Al cuarto día de navegación los africanos se las arreglaron para librarse de sus cadenas (como no era un barco negrero propiamente dicho, parte de ellos iban en cubierta) y, liderados por el carismático Sengbé Pieh, conocido como Joseph Cinqué, se apropiaron de una partida de machetes destinada a la siega de caña de azúcar y mataron al capitán Ramón Ferrer y al cocinero (un mal bicho que se había pasado el trayecto burlándose de ellos y atemorizándolos con que los iban a devorar al llegar).

A Estados Unidos

La situación era difícil tanto para los amotinados como para los españoles, que aceptaron llevarlos a África a cambio de sus vidas. Pero lo que éstos hicieron en realidad fue poner proa a la costa de Estados Unidos donde, a la altura de Long Island y ya sin provisiones (varios murieron), fueron abordados por el bergantín Washington, de la US Navy.

Los esclavos fueron desembarcados en el puerto de New Haven en vez del más cercano de Nueva York porque el oficial al mando del barco, el teniente Thomas R. Gedney, reclamó la propiedad del Amistad y su carga; New Haven estaba en Connecticut, un estado esclavista, cosa que no era Nueva York. Se inició así un largo y complejo proceso jurídico, ya que la Corona española exigió la devolución de lo que consideraba propiedad suya, igual que hizo el propietario del barco, a la vez que se acusaba de asesinato y piratería a los esclavos.

El juicio tuvo gran repercusión mediática y abrió un debate social sobre la esclavitud en un momento en que esta estaba ya en el punto de mira de los abolicionistas y la trata se había prohibido. Pero el asunto se enmarañó más cuando los defensores de los africanos denunciaron a los dos terratenientes españoles, consiguiendo encarcelarlos; eso sí, al precio de convertirlos en mártires y que muchos retiraran el apoyo inicial a la causa.

Secuestrados

En 1840, el Tribunal Federal declaró que los africanos habían sido secuestrados de su hogar y transportados ilegalmente en violación de las leyes españolas, por lo que consideró que actuaron en defensa propia; en consecuencia, los absolvió y les concedió la libertad. Esta sentencia, que como se ve no cuestionaba la esclavitud, sino la inadecuada conformidad a la ley de aquel caso concreto, fue confirmada luego por la Corte Suprema de Estados Unidos tras una brillante defensa a cargo del expresidente John Quincy Adams.

Al año siguiente, los treinta y cinco esclavos que aún quedaban vivos pudieron regresar a África a bordo del Gentleman, gracias a las aportaciones de diversas instituciones benéficas y particulares. Se establecieron en Freetown, ciudad que, como indica su nombre, había sido convertida en punto de asentamiento de esclavos liberados desde que los británicos ubicaran allí a los que lucharon en sus filas contra los colonos americanos.

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