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San Nicolás de los Arroyos
domingo, 5 febrero, 2023

Edición N° 4314

LA VIOLENCIA ACECHA A LOS GOBIERNOS DE AMÉRICA LATINA



Desde el atentado contra Cristina Kirchner hasta el peligro para la vida de Lula da Silva y las amenazas a Gustavo Petro, la región enfrenta riesgos de gravedad.

Por Maricel Spini

El atentado contra la vicepresidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, es el punto mayor de una seguidilla de amenazas y agresiones contra líderes y movimientos de izquierda en la región, que vive un momento de polarización extrema.

El camino de retorno hacia la izquierda que América Latina inició este año con las elecciones de Gabriel Boric en Chile y de Gustavo Petro en Colombia, y que promete consolidarse con un eventual triunfo de Lula da Silva en Brasil, es, también, un camino donde las tensiones políticas llegaron a límites no vistos en décadas.

La noticia del magnicidio fallido contra Kirchner tomó por sorpresa a la región cuando todas las miradas se posaban sobre Brasil, a poco menos de un mes para los comicios más polarizados y con la campaña electoral más violenta en su historia, con su presidente, Jair Bolsonaro, alimentando a diario el fantasma del fraude y el golpismo.

Es precisamente en Brasil donde la rivalidad política se cobró un muerto: un dirigente del Partido de los Trabajadores (PT), de Lula da Silva, a manos de un bolsonarista furioso. Un hecho gravísimo que tardó días en ser condenado por el mandatario quien, no obstante, no lo hizo de forma contundente.



El clima de odio casi visceral en ese país –donde partidarios del oficialismo han agredido frecuentemente a militantes petistas, incluso arrojando sustancias químicas desde drones– activaron todas las alarmas del Poder Judicial a la espera de una intentona golpista a la Trump en octubre. Planes de asaltos y golpe de Estado discutidos por influencers y empresarios ya fueron desbaratados.

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También se activaron las alarmas en el entorno del expresidente Lula da Silva. Su vida corre riesgo, coincidieron expertos en seguridad y la Policía Federal que cifró en 50 efectivos la custodia necesaria para que el líder de izquierda pueda seguir con sus actos de forma segura. Un esquema que haría imposible cualquier tipo de campaña electoral.

Lula, por el contrario, se decantó por usar chaleco antibalas y pedir a sus simpatizantes que, contrario a la celebración que debería ser participar de un acto de militancia en un contexto de normalidad democrática, no usen remeras ni insignias del PT para evitar ser identificados. Sí, ocultarse para sobrevivir.

Ese chaleco antibalas une a Lula con el presidente de Colombia, Gustavo Petro, el primero de izquierda en ese país. El exguerrillero sufrió amenazas de muerte durante su campaña, las cuales fueron menospreciadas por el gobierno de derecha de Iván Duque.

La imagen de Petro volviendo a los actos proselitistas rodeado de escudos antibalas dio vuelta al mundo y fue solo un presagio de los riesgos que el mandatario enfrentaría en el poder.

Solo en un mes de gobierno su guardia fue atacada con armas de alto calibre en el norte de Santander mientras realizaba una revisión para una visita del mandatario. Hace apenas seis días, un explosivo fue hallado en las inmediaciones de una escuela de Ituango (Antioquia) donde Gustavo Petro lideraba la conformación de un “puesto de Mando Unificado por la Vida”.

En Chile

Horas antes de que Cristina Fernández de Kirchner salvara su vida gracias a una bala que no salió, un hermano del presidente chileno, Gabriel Boric, recibía patadas y trompadas a metros del palacio presidencial de La Moneda, en el contexto de una protesta por el plebiscito constitucional del domingo.



La polarización en Chile, que marca la pauta de su vida cotidiana desde el estallido social de 2019, se juega precisamente en esa votación donde millones de ciudadanos decidirán si dejan atrás o no la Constitución heredada de la dictadura pinochetista.

Lo hará en medio de una de las mayores campañas de fake news que vivió América Latina, enlodando un proceso democrático que, a ojos del mundo, es uno de los más disruptivos de la política contemporánea.

Lo hará también en un clima de tensión que el fin de semana enfrentó a defensores y detractores de la renovación constitucional. Dos días después, de manera burda, la dirigencia hizo propia esa violencia cuando el diputado de extrema derecha, Gonzalo de la Carrera, propinó una trompada en el ojo al vicepresidente de la Cámara Baja, Alexis Sepúlveda, de centroizquierda.

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