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San Nicolás de los Arroyos
martes, 5 julio, 2022

Edición N° 4050

LAS CONFESIONES FALSAS, LOS TESTIMONIOS DESCABELLADOS

INGREDIENTES DE CASOS CRIMINALES PARADIGMÁTICOS

A lo largo de la historia criminal siempre han aparecido en los casos resonantes personajes que quisieron poner su sello en la crónica roja. Atribuciones de crímenes no cometidos, confesiones falsas, testimonios descabellados. El caso Grottini no habría sido la excepción.

De la redacción de EL NORTE
redaccion@diarioelnorte.com.ar



Como sucede en casi todos los casos paradigmáticos de la historia criminal, también en el caso Grottini surgen testimonios descabellados, o no, de gente que sabe, que dice saber, relatos fantasiosos que suman un capítulo más a esta historia ya de por sí desconcertante.

A lo largo de la historia siempre ha habido confesiones falsas voluntarias donde un sujeto se atribuye un crimen que no cometió o da datos que no se corresponden en nada con la realidad por distintos motivos. El deseo de notoriedad, desordenes mentales o la intención de obtener ganancias secundarias son algunas de las razones más frecuentes detrás de estas confesiones que generalmente son espontáneas.



Desde el caso de un hombre que en un municipio de Ucrania había llamado al servicio nacional de emergencias y confesado un supuesto asesinato hasta las falsas pistas de gente que cree ver, cree saber, todo es posible a la hora de querer ser escuchado, de obtener rédito económico o de tratar de ser protagonistas aunque se trate de historias ajenas.

En Ucrania

La desesperación por la nieve le hizo decir a un hombre que había discutido con su padrastro y que lo había apuñalándolo en el pecho, por lo que la supuesta víctima estaba tirada en el suelo sin vida. El hombre pedía la presencia de la policía en su casa para entregarse no sin antes avisarle a la telefonista que las fuertes nevadas habían dejado a las carreteras totalmente intransitables, por lo que tenían que usar un quitanieves para poder llegar a detenerlo. En realidad había mentido porque estaba muy enojado con el servicio local que habían pasado por la zona de su casa, pero no habían limpiado las calles cercanas a su domicilio.

En Suecia

Otro caso asombroso es el del peor asesino confeso de la historia de Europa que era inocente y lo había inventado todo. Thomas Quick fue juzgado y condenado por ocho de los 39 escalofriantes asesinatos que había confesado. Había relatado pormenorizadamente escalofriantes asesinatos: de hombres, mujeres y niños, con violaciones, mutilaciones espantosas, desmembración de cuerpos, incluso con episodios de canibalismo. Ese hombre fue juzgado y condenado a pasar decenas de años en prisión. Pero no había matado a nadie. Era inocente. Hoy tiene 70 años y está libre, todas sus condenas fueron revisadas y anuladas. Vive bajo una identidad secreta. Pero ¿por qué mintió? Los especialistas en el tema  aseguran que las confesiones falsas son algo bastante común dentro de las investigaciones policiales y que estas historias extraordinarias seguirán repitiéndose de vez en cuando porque esos componentes que las hacen posibles siguen estando en nuestras sociedades.



En Argentina

Muchas veces es el poder el que intenta sacar ventajas políticas influyendo en la investigación o buscando chivos expiatorios en casos de gran impacto. El crimen atroz de Ángeles Rawson desató una catarata mediática (quinientas horas de televisión) y mostró las dos amenazas que acompañan a los crímenes resonantes: la búsqueda de un chivo expiatorio y la politización del crimen. Hay quienes creen que la difusión excesiva del caso habría buscado disminuir el impacto mediático del choque de trenes en Castelar, habría servido como elemento distractivo de esa tragedia evitable. 

También se inscribe en esta crónica el emblemático caso de Martita Stutz, la niña de once años que en 1938 salió de su casa para ir al quiosco y nunca volvió. Este caso produjo una psicosis colectiva en la que proliferaron declaraciones, testigos falsos, brujos, torturadores, operaciones mediáticas, falsas acusaciones, venganzas, aparición de manipuladores y de aprovechadores del caos ávidos de notoriedad. Un hombre llamado Suárez Zabala fue acusado juzgado y encontrado culpable. Tras años de cárcel, su causa fue revisada y resultó inocente. La acusación había tenido connotación política.

Otro crimen paradigmático fue el de Norma Penjerek, de 16 años, en 1962. Desapareció cuando iba a su clase de inglés, un mes después encontraron su cuerpo degollado y estrangulado. La identificación del cuerpo nunca fue fehaciente. Sus padres pertenecían a la comunidad judía argentina. Algunas voces sugirieron que detrás del crimen se escondían elementos nazis buscando vengar la inminente ejecución de Eichmann. Un año después una prostituta dijo que sabía el nombre del asesino y acusó a Pedro Vecchio, un zapatero crucificado por la opinión pública y acusado de integrar una red de trata. Todo era falso, pero su nombre quedó asociado al asesinato. La necesidad imperiosa de encontrar un culpable es un instinto natural de las sociedades. Pero Roberto Arlt, el gran rastreador de crímenes, sabía que eso no implica dejarse llevar por las pistas falsas que intentan sembrar, aquí y allá, quienes tienen algo para ganar o perder.

En San Nicolás

San Nicolás tampoco fue ajena a la aparición de este tipo de personajes. Con una mezcla de morbo, búsqueda de protagonismo o de algún otro rédito buscan sembrar pistas falsas a una investigación que sacude a la sociedad y que escribe sus páginas con el caso Grottini, el supuesto triple homicida. En una publicación referida al tema, un hombre del que se reservará su identidad instaló un interrogante dentro de los comentarios. Decía: “Cómo lo puedo escribir para que se entienda. Hubo una vez una mujer que se prendió fuego el 7 de julio de 2020, murió en el Hospital San Felipe. Su pareja o ex fue ese tipo, Damián Grottini. Esa mujer fue cómplice suyo y ya habían cometido esa práctica muchos años atrás con algún familiar de esa mujer. Que por eso se suicidó a lo bonzo aquel 7 de julio de 2020”. Exactamente esas palabras escribió en los comentarios a la crónica “¿Existe el crimen perfecto?”, publicada por este diario el pasado 21 de mayo. Al comunicarnos con quien escribiera el grave comentario acerca de si quería ampliar lo escrito, respondió que su respuesta valía millones y agregó algunas incoherencias. Si algún elemento extraño más le faltaba al caso del probable triple homicidio, puede sumársele ahora la aparición de personajes que alimentan el morbo y la fantasía que este tipo de hechos suscita. Búsqueda de protagonismo, de rédito económico o solo el deseo de aportar algo más, lo cierto es que las páginas de esta historia con elementos desconcertantes no cesan de escribirse.



Posibles motivos

Consultado el psicólogo Santiago Gómez  (matrícula Nº 15.159) acerca de este tipo de conductas explicó, no refiriéndose a este caso en particular, que “son trastornos de personalidad”. “Estas personas tienen determinadas características, perciben la realidad de una manera totalmente distinta al resto. Tienen una muy baja autoestima que los angustia y hacen que se ponga en marcha un ‘mecanismo compensatorio’ para lograr sobresalir de alguna manera. Se crean una realidad interna distinta de la externa, por eso se toman estos riesgos de ‘mentir’ para lograr sobresalir a cualquier precio, no piensan en las consecuencias, viven en una realidad paralela. Hay que tener en cuenta cada caso en particular, pero en los trastornos de personalidad narcisista las personas tienen la necesidad de ser admiradas o elogiadas. Se trata de una lucha interna ya que más baja está la autoestima que les provoca angustia, más se potencia la realidad que van creando en su mente, que es irracional, formada por fantasías de sentirse especiales, inteligentes, grandiosos, para poder recibir el reconocimiento”, afirmó el psicólogo Santiago Gómez.

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