17.2 C
San Nicolás de los Arroyos
domingo, 14 noviembre, 2021

Edición N° 3866

“LOS SIGNOS Y EL FIN”

HE VENIDO PARA QUE TENGA VIDA

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Marcos (Mc 13,24-32)

*Por el obispo + Hugo Norberto Santiago.



      “Jesús dijo a sus discípulos: En aquellos días, el sol se oscurecerá, la luna dejará de brillar, las estrellas caerán del cielo y los astros se conmoverán. Y se verá al Hijo del hombre venir sobre las nubes, lleno de poder y de gloria. Y Él enviará a los ángeles para que congreguen a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales, de un extremo al otro del horizonte. Aprendan esta comparación, tomada de la higuera: cuando sus ramas se hacen flexibles y brotan las hojas, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano. Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el fin está cerca, a la puerta. Les aseguro que no pasará esta generación, sin que suceda todo esto. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. En cuanto a ese día y a la hora, nadie los conoce, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, nadie sino el Padre”. Palabra del Señor.

Los signos

      Jesús habla del fin del mundo, pone algunos signos que lo anunciarán y en ese contexto afirma que vendrá glorioso. Finalmente, afirma que nadie sabe el día ni la hora en que ocurrirán estas cosas como un presagio del fin. En cuanto a los signos, nos invita a mirar a la planta de higos, cuyas ramas flexibles y el brote de las hojas nos anuncian que llega el verano, análogamente, como signos del fin del mundo, dice: “El sol se oscurecerá, la luna dejará de brillar, las estrellas caerán del cielo y los astros se conmoverán”. Se trata de un modo de decir, de un género literario llamado en la Biblia “apocalíptico”. No significa necesariamente que las cosas ocurrirán tal cual, se trata de un lenguaje simbólico que contiene una verdad: habrá un final y signos de que ese final se aproxima. En realidad, lo más probable es que ninguno de los que vivimos actualmente veamos el fin del mundo. Alguna Iglesia no católica le ha puesto fechas en varias oportunidades, tal vez para asustar a la gente y captar adeptos, pero siempre le ha errado. La realidad es como Jesús la describe: “Nadie sabe el día ni la hora, sino el Padre del cielo.



      No es difícil leer los signos de un final para cada uno de nosotros: uno muy constatable es que vemos que la gente se muere y esto ocurre en cualquier edad; por lo tanto, es fácil concluir que nosotros algún día moriremos, ese será el fin del mundo para cada uno, al menos el final de la vida en este mundo. Otro signo que anuncia el final es la vejez; ser “adulto mayor” es un signo de que el final se aproxima o al menos parece estar más cerca que antes. Todo esto nos plantea interrogantes de sentido: ¿qué sentido tiene vivir, trabajar, esmerarse para conseguir metas si al final moriremos?

   Jesús, nuestro Salvador, regalándonos su Espíritu Santo, nos ha devuelto a la conciencia de que vivir es lindo, es un regalo del Padre Dios y tiene sentido. La razón de vivir para lo cual Dios nos ha capacitado es transformar un mundo que se había vuelto caótico por el pecado, en un cielo nuevo y una tierra nueva, donde para todos sea posible vivir dignamente. Esto quiere decir que, bajo este aspecto, nuestra vida es tarea, es compromiso; y como en este sentido hay pequeños y grandes logros, la vida es también “celebración”, hay que celebrar la vida, cuando cada día despertamos de nuevo y cuando después de trabajar y luchar conseguimos una meta, la alegría y la celebración nos salen de adentro y es bueno que la expresemos exteriormente.



El fin

     Un final feliz da sentido a todo nuestro compromiso por el bien, a todas nuestras luchas, entrenamientos, capacitaciones, y sobre todo al amor, que significa relación, afecto, amigos, hijos, padres, seres queridos que nos llenan el alma; si el amor muere, es una cosa más entre tantas; en cambio, si la relación de amor, de afecto, de amistad no muere, es el centro de nuestra vida y lo será al final. Por eso la fe en Cristo, que dice que vendrá al final de los tiempos a reunirnos, genera esperanza y da sentido a la relación afectiva con todos los seres que amamos y, como él nos pidió, al compromiso por crear un cielo nuevo y una tierra nueva, porque, según la fe, nuestra historia y la de nuestros seres queridos no termina, solo tendrá otro formato, otra modalidad, y será vida en abundancia, celebrada por todos los reunidos por Dios, que es Padre de familia. ¡Buen domingo!

ÚLTIMAS NOTICIAS





error: ¡Contenido protegido!