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Bitácoras Urbanas

Manuel Belgrano en el Alto Perú

20 Jun 2012 (07:00) |

Foto 1/1    A instancias de Belgrano el pueblo Jujeño abandonó la ciudad.



Luego de la derrota sufrida por el ejército patriota en Huaqui, las fuerzas realistas, al mando de Goyeneche, penetraban en el Alto Perú. Juan Martín de Pueyrredón, quien hacía poco tiempo había recibido el mando de las tropas patriotas, se vio forzado a pedir su relevo a los miembros del Triunvirato fundado en razones de salud. Fue reemplazado por Manuel Belgrano.



Daniel M Gatti

dgatti@diarioelnorte.com.ar


Para finalizar la serie de notas homenaje a Belgrano que hemos compartido en nuestra bitácora recorreremos hoy la campaña en el alto Perú sin lugar va dudas la más estoica de las llevadas a cabo por el prócer. Como en los casos anteriores hemos utilizado el documento editado en el portal ABC de la Dirección de Escuelas destinado para trabajar la fecha alusiva con los alumnos de toda la provincia. Veamos.

Luego de la derrota sufrida por el ejército patriota en Huaqui, las fuerzas realistas, al mando de Goyeneche, penetraban en el Alto Perú. Juan Martín de Pueyrredón, quien hacía poco tiempo había recibido el mando de las tropas patriotas, se vio forzado a pedir su relevo a los miembros del Triunvirato fundado en razones de salud. Fue reemplazado por Manuel Belgrano, quien luego de haberse retirado de la Banda Oriental, comandaba dos baterías en las costas del Paraná para contener las incursiones de la escuadrilla española por el río. Fue en ese lugar donde Belgrano adoptó la escarapela nacional (febrero de 1812) y creó y enarboló la bandera azul y blanca que juraron sus tropas el 27 de febrero de 1812.


Yatasto

Pueyrredón entregó el mando a Belgrano en la posta de Yatasto y se dispuso a recuperar, en lo posible, el terreno perdido. Avanzó nuevamente sobre Salta y Jujuy y mientras sus destacamentos amenazaban el Alto Perú, disciplinaba a los miembros del ejército, carentes de organización. Pero los españoles no permanecieron inactivos y Goyeneche destacó a Pío Tristán con 4 batallones de infantería, 1200 hombres de caballería y 10 cañones para que ocupara el Norte del territorio rioplatense hasta Tucumán. El 10 de agosto de 1812, los realistas emprendieron la marcha desde Suipacha.

Belgrano, consciente de la inferioridad de las fuerzas a su mando, decidió retirarse por el camino de postas hacia Tucumán, saliendo el 23 de agosto de 1812 de Jujuy, previo éxodo de la población.


Al día siguiente, Pio Tristán y sus hombres ocupaban la ciudad y seguían los pasos de los patriotas, quienes los derrotaban el 3 de septiembre de 1812 al sur del río de Las Piedras. Belgrano modificó la ruta que llevaban. Llegaron a Tucumán el 12 de septiembre siendo recibidos cordialmente por la población, quien solicitó al comandante que permaneciera en la ciudad a pesar de las órdenes impartidas por los miembros del Triunvirato para que avanzara sobre Santiago del Estero y Córdoba.

Belgrano informó a las autoridades residentes en Buenos Aires que no podía retroceder porque de ese modo, hacía peligrar a sus tropas. El 24 de septiembre de 1812, se enfrentaron a los realistas en el llamado Campo de las Carreras cerca de Tucumán. Tristán se retiraba en pleno desastre. En la acción se distinguieron los comandantes Superí, Warnes y el capitán Forest, como jefes de la infantería; Juan Ramón Balcarce (nació en Buenos Aires el 16 de marzo de 1773 y que tuvo una larga actuación pública), como jefe de la caballería tucumana; y el barón de Holmberg (nacido en Austria en 1778), al mando de la artillería.


Belgrano, aprovechando la victoria, hizo avanzar de inmediato sus columnas hasta Jujuy; pero como Tristán se había atrincherado en Salta, emprendió personalmente la ofensiva junto a sus tropas el 12 de enero de 1813. Cruzó el río Pasaje los días 9 y 10 de febrero, y el 13 mandó jurar fidelidad a la Asamblea General Constituyente, instalada en Buenos Aires a fines de enero. Las marchas rápidas sorprendieron a la vanguardia realista en Cobos. El 18 de febrero los patriotas llegaban a las cercanías de la ciudad de Salta y la rodearon estableciéndose en el Campo de Castañares, lugar en donde el 20 de febrero vencieron a Tristán haciéndolo capitular con todo su ejército. Dejaron en libertad a los prisioneros bajo juramento de no tomar las armas contra la Revolución.


Belgrano ordenó la invasión al Alto Perú y estableció su cuartel general en Potosí. Allí, la suerte fue favorable a los realistas, quienes al mando de Joaquín de la Pezuela, vencieron al ejército patriota en las batallas de Vilcapugio (1 de octubre de 1813) y Ayohuma (14 de noviembre de 1813).


Entre tanto, las tropas de Belgrano se replegaron hacia Jujuy pero la presión del ejército enemigo los hizo desplazar hacia Salta y luego a Tucumán. El 29 enero de 1814 se encontró en Algarrobos, cerca de Yatasto, con el coronel José de San Martín, que llegó con refuerzos enviado por el gobierno de Buenos Aires. Allí, Belgrano le entregó el mando y partió hacia Buenos Aires acatando la orden de someterse a proceso por sus derrotas.


Luego de las victorias de Vilcapugio y Ayohuma, el general realista ocupó Salta y Jujuy. Entre sus jefes militares se encontraban Saturnino Castro y Pedro Antonio Olañeta, miembros de familias locales prominentes, les proporcionaron apoyo. Al igual que ellos, muchos otros vecinos apoyaron la causa del rey por las intensas relaciones familiares y comerciales que los vinculaban con los realistas del Alto Perú. Pezuela castigó duramente a aquellos que habían adherido a la revolución y como el aval al rey se había debilitado, se vio obligado a recurrir al saqueo y a contribuciones forzosas de mulas y caballos necesarios para la movilidad del ejército. Ante esta situación, las milicias rurales y los paisanos voluntarios resistieron ante esos atropellos.


Martín Güemes y José Apolinario Saravia

Así, aumentó el poder de los jefes de milicias y se extendieron los levantamientos de la población rural y creció el poder de Martín Miguel de Güemes, uno de los jefes locales que dirigió la resistencia de campesinos y propietarios rurales del valle de Lerma y enfrentó a las fuerzas realistas. Martín Güemes y José Apolinario Saravia fueron designados por el coronel San Martín a principios de 1814, jefes de vanguardia del Ejército Auxiliar del Norte.


Fue así que, en Salta el movimiento revolucionario alcanzó cierta independencia respecto de Buenos Aires ya que los miembros del ejército del Norte que reconocían la autoridad de la Asamblea del Año XIII, no podían asegurar el triunfo de la Revolución, que quedó confiada al accionar de las improvisadas milicias locales.

San Martín renunció rápidamente a la comandancia del ejército del Norte y fue reemplazado por Rondeau quien, luego de haber obtenido algunas victorias fue vencido completamente en la llanura de Sipe-Sipe (29 de octubre de 1815) por las tropas del general Pezuela. Esta situación provocó que se perdiera para siempre la influencia sobre las provincias alto-peruanas. Los españoles consideraron ese triunfo como el principio del fin de la Revolución.

Rondeau regresó a Salta y entregó a Belgrano -restituido en sus funciones ya que fue sobreseído de la causa en su contra- el mando del ejército.


En Tucumán

En mayo de 1816, el entonces director supremo, Juan Martín de Pueyrredón, cita a Belgrano en San Miguel de Tucumán donde fue recibido por los diputados que preparaban la declaración de independencia y, en sesión secreta el 6 de julio, les presentó un panorama de la situación política europea y favoreció la instauración de una monarquía.


Entre tanto, el éxito de la campaña de Pezuela incidió para que fuera designado virrey del Perú, dejó comandando las fuerzas realistas al general La Serna, quien se dispuso a invadir el territorio de Jujuy y Salta. Belgrano contó como vanguardia a las milicias de Güemes, que lucharon denodadamente contra la invasión realista en el norte.


Hacia Salta

Los realistas tomaron Jujuy el 6 de enero de 1817 y avanzaron hacia Salta. En marzo de 1817, las tropas patriotas reconquistan Humahuaca, y a propuesta de Belgrano, el gobierno otorga premios a los vencedores. Belgrano escribe a Martín Miguel de Güemes describiendo las penurias que soportaba su ejército. A pesar de ellas, la campaña de Belgrano con el apoyo de Quemes y sus montoneras, abrió paso a la empresa de San Martín en su esfuerzo para la liberación de otros países.

En junio de 1819, el Directorio ordenó a Belgrano hacerse cargo del ejército que estaba operando sobre Santa Fe. Luego de lo cual solicitó licencia para atender su delicada salud.

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