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La otra tapa

Historia del homo criminalis: los medidores de cráneos

12 Jul 2012 (07:00) |

En 1796, el Dr. Franz Josef Gall, desarrolló la frenología. Dicha teoría pretendía ser capaz de describir el carácter de una persona a través de la forma de su cráneo. La tendencia a cometer delitos se localizaba en distintos órganos del cerebro. Fue el comienzo de la idea del criminal nato.

Foto 1/1    Diagrama frenológico elaborado durante el siglo XIX.

La historia de los hombres criminales es tan extensa como los conocimientos que se elaboraron sobre ellos. Hoy veríamos con ojos sorprendidos que a alguien se le ocurriera tomar las dimensiones de un cráneo para determinar la presencia de un sujeto criminal.
A finales el siglo XVIII esto no resultaba tan extraño. Las causas sociales de la criminalidad tienen una historia tan corta como la de los frenólogos, quienes estudiaban los cráneos de las personas para detectar la existencia de deformidades cerebrales y explicar la determinación a cometer actos delictivos.
En 1796, el Dr. Franz Josef Gall, desarrolló la frenología. Dicha teoría pretendía ser capaz de describir el carácter de una persona a través de la forma de su cráneo.
En su obra “Craneoscopia” desarrolló un mapa frenológico en el que se divide el cráneo en 38 regiones, conteniendo cada una de ellas diferentes funciones (instintivas, agresividad, creatividad, etc.)
Gall y sus discípulos interpretaron la forma del cráneo y las modificaciones de su superficie como íntimamente relacionadas con los caracteres, tendencias y habilidades del sujeto, pretendiendo predecir cuál iba a ser su futuro simplemente por la exploración y palpación del cráneo.
Estos estudios realizados por los frenólogos dieron surgimiento a lo que Cesare Lombroso llamó más tarde como “Criminal nato”. A mitad de camino entre el hombre y el simio, este tipo de criminal presentaba una conformación antropomórfica que lo determinaba genéticamente a cometer actos horribles.

Las regiones delictivas

El “Wurgsinn” era el famoso órgano del asesinato, el deseo de matar, que fue descrito por Gall con el número 5 en la primera lista que elaboró. La zona en la este órgano del crimen era ubicado inmediatamente encima y por detrás de la oreja.  
Los comentaristas señalan que la historia de su descubrimiento es interesante por sí misma. Gall había observado que esta región era mucho mayor en los anímales carnívoros que en los herbívoros. Confirmó su suposición mediante el examen del cráneo de dos asesinos.
Uno de sus discípulos, con más moderación señaló que en realidad el descubrimiento de Gall se realizó en cabezas que tenían esta función hipertrofiada, en que existía un abuso de la función. El resultado de ese abuso era evidentemente una propensión a matar. El estado normal de esa función podía ser perfectamente compatible con una actividad normal y una vida placentera.

La tendencia al robo: Esta es otra actividad cuyo funcionamiento excesivo induce a la comisión de actos delictivos, según la teoría frenológica. También dice que si bien en estado normal no tiene porqué crear conflictos de tipo social, su exceso conduce al deseo de adquirir, por diversos medios, objetos que pertenecen a otros. Se trata de un órgano sobre cuya patología se inscriben los delitos de robos y hurtos.
Este órgano está localizado en la zona del cráneo cubierta por el músculo temporal, inmediatamente por delante y encima del cuadrado que traduce el órgano de la destructividad.
La enfermedad de este órgano producía la “enfermedad de robar”. Un discípulo de Gall relató en sus escritos las visitas carcelarias que se hacían con el fin de reconocer tal facultad enferma. También refirió numerosos ejemplos a todos los niveles históricos y sociales de esta tendencia al hurto, desde el caso del Rey Víctor Amadeo I de Cerdeña, al de un agonizante que robaba una cajita al confesor que le asistía en sus últimos momentos.

Los delitos sexuales: La facultad que primero se llamó amatividad y luego generatividad, tiene una función importante en la conducta sexual. Ya en la definición que consta en la “Frenología y sus glorias”, figura como uso del órgano: “Deseo o impulso de propagar la especie”. Y en el abuso o perversión del mismo: “Fornicación ilegítima o prácticas soeces”.
Este órgano se supone radicado en el cerebelo y que se explora en la parte alta de la nuca. El descubrimiento lo hizo Gall “en una viuda de buena fama que sufría accesos ninfomaníacos”.-  

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