La otra tapa
Gratitud: una buena herramienta para generar emociones positivas
20 Feb 2012 (07:00) |

Julio se sube al colectivo con su cara de dormido a las 7.20 de la mañana y poco le importa charlar con el colectivero. Ocurre que es el primero que sube en el recorrido y el chofer abre conversación. Es ameno, busca temas, pero Julio se los corta y se ubica en el último asiento del vehículo para evitar el intercambio.
Asciende otro pasajero, con un semblante cordial y ganas de comenzar el diálogo. Pareciera que se conocieran de toda la vida. Pero no. No se dirigen entre sí por los nombres. No hace falta. El clima se volvió grato y el silencio se interrumpió para siempre en esa línea.
En muchas ocasiones asistimos a una interacción con otra persona que resulta frustrante. En nuestro rol de consumidores, en nuestro rol de ciudadanos, estamos en un constante intercambio de mensajes gestuales y discursivos que pueden tranquilizarnos o violentarnos.
El énfasis del “cómo” se dice, y “cómo” se acompaña cada pedido, se halla cargado de emociones que se contagian al interlocutor en todo momento. En cada instancia de comunicación, la eficacia del objetivo que uno quiere, en cierta medida, posee como clave ese modo de decir y de acompañar el mensaje.
No existe una fórmula exacta del saber decir, pero sí se puede valorar la recepción de un gracias, con la carga de emociones positivas generadas, tanto en quien agradece como en quien recibe el agradecimiento.
Concepto y práctica
Desde la Real Academia Española (RAE), la gratitud (del latín gratitūdo), se define como “Sentimiento que nos obliga a estimar el beneficio o favor que se nos ha hecho o ha querido hacer, y a corresponder a él de alguna manera”. Esa correspondencia es el meollo de la cuestión. El posicionarse como un emisor que ostenta aptitudes para generar una devolución pertinente al fin buscado, y con la cordialidad deseada, resulta hasta motivador para quien tenga enfrente.
Vivimos en una época en donde los valores se ponen en cuestión, en donde los modos de decir y de respetar a menudo están ausentes. Sin embargo, el valor de ser agradecido y cordial se puede reflotar, incluso para ser utilizado en beneficio propio.
¿Qué se dice?... ¡Gracias! Desde pequeños nos enseñan a dar las gracias, pero más allá del sencillo gesto de buena educación, Gracias también significa la expresión de un sentimiento importante: el reconocimiento. Y este aspecto, por sencillo que sea, se postula como una de las virtudes más deseables para la humanidad. Es, en definitiva, una cuestión de actitud que merece convertirse en hábito.
Entre la decisión y el hábito
Puede tratarse de un acto casi necesario, pero la decisión no deja de ser de la persona que lo ejerce o no. Siempre nos inculcaron que debemos agradecer con quien estamos en deuda o con quien ha colaborado o contribuido con nuestra causa o motivo. Sin embargo, sigue siendo una elección.
Nietzsche postula que es una verdadera elección. Que se puede hacer desde la idea del gracias como un disfraz para ocultar intereses. Y en el otro punto se encuentran los que creen que agradecer significa inmolarse a los pies de su benefactor. Sobran también los benefactores a los que no hay gracias que les alcance para pagar el esfuerzo y los costos de su acción benéfica.
Y la mejor respuesta a cada caso particular está presente en la praxis. En ese quehacer diario en el cual ponemos a prueba a los demás, y a nosotros mismos. En base a esa reflexión, ¿Somos agradecidos?, ¿Cuándo lo hacemos? ¿Con qué fines? ¿A quiénes sí y a quiénes no? ¿Qué sentimos cuando agradecemos? ¿Nos alcanza con un gracias? ¿Qué buscamos a cambio de nuestras acciones? Interrogantes que nos abren paso a determinar las causas y los efectos del agradecimiento como una virtud que escasea.
La comunidad científica avala este fenómeno saludable y muy positivo, que es desconocido para muchos. Cuántas veces, sin saber la eficacia de la fórmula, habremos experimentado placer y bienestar por un gracias que hayamos dicho o hayamos recibido de regalo. Es cuestión de reciprocidad, actitud y práctica constante.-
La gratitud se define como “sentimiento que nos obliga a estimar el beneficio o favor que se nos ha hecho o ha querido hacer, y a corresponder a él de alguna manera”. Esa correspondencia es el meollo de la cuestión. Corresponder un beneficio con el gesto de pronunciar un simple “gracias”, puede resultar mucho más eficaz que otra estrategia, incluso en la búsqueda de la paz interior. La comunidad científica avala esta postura.

Foto 1/1 Cuántas veces habremos experimentado placer y bienestar por un “gracias” que hayamos dicho o hayamos recibido de regalo.
Julio se sube al colectivo con su cara de dormido a las 7.20 de la mañana y poco le importa charlar con el colectivero. Ocurre que es el primero que sube en el recorrido y el chofer abre conversación. Es ameno, busca temas, pero Julio se los corta y se ubica en el último asiento del vehículo para evitar el intercambio.
Asciende otro pasajero, con un semblante cordial y ganas de comenzar el diálogo. Pareciera que se conocieran de toda la vida. Pero no. No se dirigen entre sí por los nombres. No hace falta. El clima se volvió grato y el silencio se interrumpió para siempre en esa línea.
En muchas ocasiones asistimos a una interacción con otra persona que resulta frustrante. En nuestro rol de consumidores, en nuestro rol de ciudadanos, estamos en un constante intercambio de mensajes gestuales y discursivos que pueden tranquilizarnos o violentarnos.
El énfasis del “cómo” se dice, y “cómo” se acompaña cada pedido, se halla cargado de emociones que se contagian al interlocutor en todo momento. En cada instancia de comunicación, la eficacia del objetivo que uno quiere, en cierta medida, posee como clave ese modo de decir y de acompañar el mensaje.
No existe una fórmula exacta del saber decir, pero sí se puede valorar la recepción de un gracias, con la carga de emociones positivas generadas, tanto en quien agradece como en quien recibe el agradecimiento.
Concepto y práctica
Desde la Real Academia Española (RAE), la gratitud (del latín gratitūdo), se define como “Sentimiento que nos obliga a estimar el beneficio o favor que se nos ha hecho o ha querido hacer, y a corresponder a él de alguna manera”. Esa correspondencia es el meollo de la cuestión. El posicionarse como un emisor que ostenta aptitudes para generar una devolución pertinente al fin buscado, y con la cordialidad deseada, resulta hasta motivador para quien tenga enfrente.
Vivimos en una época en donde los valores se ponen en cuestión, en donde los modos de decir y de respetar a menudo están ausentes. Sin embargo, el valor de ser agradecido y cordial se puede reflotar, incluso para ser utilizado en beneficio propio.
¿Qué se dice?... ¡Gracias! Desde pequeños nos enseñan a dar las gracias, pero más allá del sencillo gesto de buena educación, Gracias también significa la expresión de un sentimiento importante: el reconocimiento. Y este aspecto, por sencillo que sea, se postula como una de las virtudes más deseables para la humanidad. Es, en definitiva, una cuestión de actitud que merece convertirse en hábito.
Entre la decisión y el hábito
Puede tratarse de un acto casi necesario, pero la decisión no deja de ser de la persona que lo ejerce o no. Siempre nos inculcaron que debemos agradecer con quien estamos en deuda o con quien ha colaborado o contribuido con nuestra causa o motivo. Sin embargo, sigue siendo una elección.
Nietzsche postula que es una verdadera elección. Que se puede hacer desde la idea del gracias como un disfraz para ocultar intereses. Y en el otro punto se encuentran los que creen que agradecer significa inmolarse a los pies de su benefactor. Sobran también los benefactores a los que no hay gracias que les alcance para pagar el esfuerzo y los costos de su acción benéfica.
Y la mejor respuesta a cada caso particular está presente en la praxis. En ese quehacer diario en el cual ponemos a prueba a los demás, y a nosotros mismos. En base a esa reflexión, ¿Somos agradecidos?, ¿Cuándo lo hacemos? ¿Con qué fines? ¿A quiénes sí y a quiénes no? ¿Qué sentimos cuando agradecemos? ¿Nos alcanza con un gracias? ¿Qué buscamos a cambio de nuestras acciones? Interrogantes que nos abren paso a determinar las causas y los efectos del agradecimiento como una virtud que escasea.
La comunidad científica avala este fenómeno saludable y muy positivo, que es desconocido para muchos. Cuántas veces, sin saber la eficacia de la fórmula, habremos experimentado placer y bienestar por un gracias que hayamos dicho o hayamos recibido de regalo. Es cuestión de reciprocidad, actitud y práctica constante.-





