Diario El Norte

Polideportivo

Cuando las pasiones confluyen en el mismo sueño

05 Junio 2017 (21:07)

A principios de este año, Bernabé Abramor se dio el gran gusto de llegar a la cumbre del Aconcagua. Es de La Emilia, descubrió las montañas a los 18 años y desde que escaló los primeros cerros no volvió a detenerse. Mientras tanto, se recibió de médico. Hoy, forma parte del servicio médico de la montaña más alta de América.

Facebook Twitter Compartir en Whatsapp

Cuando las pasiones confluyen en el mismo sueño
Foto 1/2    El 6 de enero, Bernabé llegó a la cumbre del Aconcagua y se calzó “la del Pañero”. WEB.

Su imagen en la cima del Aconcagua con la camiseta de fútbol de La Emilia recorrió las redes sociales. Pañero desde la cuna, Bernabé Abramor se dio el gran gusto de su vida a principios de este año al llegar a la cumbre de la montaña más alta de América, pero con “plus”: lo hizo partiendo desde su rol de médico, en el cual se desempeña en pleno cerro. “Tenía muchas ganas de poder relacionar mi profesión con el amor que tengo por el monte”, le contó Bernabé a EL NORTE en su casa de La Emilia, justo el día de su cumpleaños número 30. “Siempre me gustó la montaña. Había escalado cerros pero nunca a este nivel, a esta altura; viajaba mucho a Córdoba, para el lado de los Gigantes, Uritorco, Champaquí”, señaló. Cerca de los 18 años fue por primera vez al Uritorco. Esa fue la primera. Después no paró más.

Mientras tanto, comenzó en Rosario sus estudios de medicina, por lo que iba a escalar “estilo mochilero” en época de vacaciones. “Era un poco inconsciente, iba solo”, tiró Berna. “Después cuando empecé a conocer montañas más altas arranqué a ir con guías o grupos ya armados. Cuando me fui para Mendoza el tema ya era diferente, porque con los chicos que salimos a la montaña son todos guías o están todo el tiempo trabajando en la montaña; uno se maneja de otra forma, con todos los elementos de seguridad”, contó.

Mientras su pasión por la montaña crecía cada vez más, Abramor se recibió de médico. “Siempre fue un poco la idea el día que me reciba hacer algo de trabajo de campo, no en ciudad. Eso desde el principio lo pensé así. Igual hice la especialidad de terapia intensiva, que requiere trabajar en un hospital, pero lo hice más que nada por formación, para estar formado ante cualquier eventualidad”, contó.

 

Pasiones unidas

En 2015, el emiliano partió rumbo al Aconcagua a intentar llegar a la cumbre. “Fui con un grupo que se armaba en Mendoza, y ahí tuve la suerte que de guía me tocó tenerlo a Heber Orona, que fue el primer argentino en hacer las siete cumbres y escalar el Everest, y los chicos que fui conociendo me hicieron contacto con el servicio médico”, contó. Allí se contactó con Ignacio Rogé, el jefe del servicio médico del Aconcagua, con la intención de sumarse al equipo. “Le interesó bastante tener un médico que le guste la montaña; yo ya estaba recibido, estaba terminando la especialidad de terapia intensiva, o sea que sabés manejar todo lo que es urgencia, me dijeron que vaya y al año siguiente me fui con el servicio”, remarcó.

Esa temporada 2015/16 cambiaba el Gobierno en Mendoza y el servicio médico del Parque Aconcagua entró en un conflicto con las nuevas autoridades. Con ese panorama, las aspiraciones de Bernabé de trabajar allí parecían esfumarse. Sin embargo, sus ganas de subir la montaña fueron más grandes y encontró la manera de conseguirlo. “En julio, había ido con Heber a hacer unos volcanes en el norte, y ahí conocí al dueño de una de las empresas más grandes de Aconcagua que es Inca Expediciones. Cuando vi que desde el punto de vista médico no iba a poder subir, me contacté con él y le dije que subía a armar campamento. Y aceptó”. Abramor logró entonces subir a la montaña en el inicio de la temporada para armar los domos, las carpas y todas las estructuras para los montañistas que van. Ese campamento se llama “Plaza de Mulas”, y está a 4300 metros de altura. “Ahí arriba trabajan por lo menos 200 personas entre patrullas, guardaparques, servicio médico y todos los campamenteros. Es un pueblo, vivimos ahí todos en carpa”, contó. El emiliano subió a cumplir esas funciones el 8 de noviembre del año pasado, y el 15 de diciembre empezó a trabajar en el servicio médico, porque se arreglaron las diferencias entre el Gobierno mendocino y la empresa de salud privada.  

 

Medicina de altura

“El campamento base es el puntapié inicial, porque es el lugar donde nosotros vemos si el montañista se está aclimatando bien y si está en condiciones de seguir subiendo. Ahí se le hacen dos chequeos médicos”, señaló Abramor. Ahí el equipo médico le da el OK al montañista para que siga su camino hacia la cumbre, que está en los 6900 metros. Antes hay un par de campamentos de altura: Plaza Canadá (5000mts.), Nido de Cóndores (5500) y Plaza Cólera (6000). “De ahí se tira cumbre hasta los 6900mts. Arriba no hay nada a excepción de Nido de Cóndores, donde hay un refugio de la patrulla de rescate y un puesto de guardaparque”, contó.

La pasada temporada (finalizó en marzo) hubo dos muertos, una persona mayor que habría sufrido un infarto y un montañista norteamericano que se agotó en la cumbre. “Son cuestiones difíciles, pero igual es un promedio bajísimo igual por todo lo que se trabaja, tanto con la patrulla de rescate, guardaparques, servicio médico y helicóptero. Para esa montaña y para las condiciones climatológicas que hay, es un promedio muy bajo”, remarcó Bernabé.

 

A la cumbre

Cuando hay una masa grande de montañistas que van “a tirar cumbre”, el servicio médico lleva gente a los campamentos más altos por cualquier inconveniente. Fue así que el “Pañero” llegó a la cima del Aconcagua. “Fue el 6 de enero. Se dieron las condiciones climáticas y fuimos junto con la patrulla de rescate a la cumbre acompañando a los montañistas”, recordó.

El 4 de marzo bajó del cerro y culminó su primera temporada en el servicio médico. “No soy de planear mucho a futuro, voy viendo”, remarcó luego. “En realidad dejo que el monte decida para donde llevarme. Es como el día que tiré cumbre, se fue dando. Quizás como objetivo me gustaría hacer la especialidad de medicina de alta montaña, como para cerrar el ciclo de especialidades médicas, e ir formándome en lo que es la parte de rescate. Nosotros no somos rescatistas, apoyamos a la patrulla de rescate, pero tenemos muchos elementos para poder estar ahí ayudando realmente. Y se aprende mucho estando ahí, se aprende de medicina, de rescate, de la vida en general, la gente que está es increíble y te dan ganas de volver, de estar siempre ahí”.

 

Corazón albinegro

“Siempre llevo la del Pañero”, tiró. “La Emilia es mi lugar, lo adoro, es mi pueblo. Por cuestiones de laburo de mi vieja viví en varios lugares, en San Nicolás, en Chivilcoy, en Rosario, pero mi lugar es La Emilia”, sentenció Bernabé, que fue durante varios torneos el médico del plantel de fútbol emiliano en los torneos nacionales, en las etapas de Javier Osella, Pablo Lenci y Gustavo Echaniz.

En el final, destacó: “La primera vez que se me cruzó ir a Aconcagua a intentarlo, cambié mi estilo de vida, porque era pasar a entrenar todos los días. El “Pitu” Gustavo Martinangeli, mi preparador físico de Rosario, fue fundamental. Para eso se necesita un período de entrenamiento y de empezar a hacer montañas más altas como para llegar bien, si uno tiene en la cabeza la cumbre. Pero después te das cuenta que no es lo más importante la cumbre, sino todo el viaje, todo lo que transcurre en el camino. Si me pongo a pensar, todo esto surgió de una vez que yo fui y no pude hacer cumbre, y derivó en esta historia: que decida irme a vivir a Mendoza, que decida trabajar en la montaña, y para eso Gustavo fue fundamental”, tiró, sin olvidarse de sus amigos y familia. Mis viejos (Eduardo y Silvana), mi hermana Yanina, toda mi familia me bancó siempre, son increíbles, siempre me dejaron tomar las decisiones que yo quisiera en ese sentido. Que sea feliz”, concluyó.