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Historias de amor: Breve manual nicoleño

18 Junio 2017 (10:14)

Nadie pasa por esta vida si haber amado. Pudo ser feliz o un desgraciado. Haber experimentado distintos tipos de amor en la intensidad y la calidad. No haberse dado cuenta que su verdadero amor se le pasó por las narices o que abandonó la relación antes de que la misma explotara como tal. Existen amores inmediatos, los que tímidamente aparecen y luego se hacen grandes.

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Historias de amor: Breve manual nicoleño
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Por Daniel Erne

¿Existe el amor eterno?

El “amor eterno”, pregonado por infinidad de canciones y poemas, se sustenta en razones que van más allá de lo romántico, y se basa en cuestiones neurobiológicas y evolutivas según los científicos.

Más allá de las respuestas que la ciencia nos trata de ofrecer los síntomas del enamoramiento pueden compararse con una afección o una patología clínica. Lo realmente cierto es que siempre el amor es más fuerte que un resfrío. Hoy les voy a contar algunas historias de amor, tan ciertas y cercanas, ocurridas aquí en San Nicolás o vividas por sus habitantes.

 

Noviazgos

Los noviazgos en el siglo pasado eran cosa seria y muchas veces pasaban los límites que se suponen una relación debería tener para sustentarse. Mi madrina Francisca, una catalana de pura cepa, tuvo un noviazgo que llegó a los 25 años de duración. Su pretendiente de apellido Karimarque –según recuerdo- pasó a mejor vida antes de concretar la convivencia. Se amaron, como lo indica el sacerdote cuando une en santo matrimonio, hasta que la muerte los separó. Por su parte su sobrino que fue mi padrino tuvo un noviazgo de menos tiempo, alrededor de quince años, al final traspasaron los umbrales del celibato y se fueron a vivir juntos sin pasar por el Registro Civil.

 

Adolescentes

En la adolescencia se viven los primeros enamoramientos que son parecidos a subir al Aconcagua al trote.

Eran otros tiempos, cuando las relaciones se vivían de otra manera.

Es difícil hallar a novios que se iniciaron en la adolescencia y aun en día continúan juntos. Relaciones cercanas a los 40 años, contando el noviazgo. Tiempo suficiente para que una pared se deteriore. Sin embargo hay relaciones que subsisten no con resignación sino con la felicidad como estandarte. Existen muchos casos de amores adolescentes. Esos que nacieron en el secundario y continuaron hasta llegar a los nietos. Cuando uno pregunta cuál es el secreto. No saben responder. Es probable que allí radique el éxito en no haber pensado tanto y haber crecido aún estando juntos pero respetando las distancias como lo hace el Roble y el Ciprés. Así es el caso de una pareja de comerciantes del rubro panificación – el muchacho activo participante y dirigente del Club Belgrano-. A quien se los ve felices como el primer día que se conocieron.

La vida amorosa no es generalmente una línea recta. Los sobresaltos, seguramente han existido, porque como decía el filósofo “dudo y luego existo”.

 

La flaquita de rulos

También están aquellas relaciones que nacieron en la adolescencia y no obstante haber continuado, sus protagonistas, con otros caminos. Un día volvieron verse, a pensarse y renació lo que se comenzó con pícaras miradas y medias sonrisas.

Ella caminaba calle Francia, pasado el mediodía, con sus rulos adornados con cintas azules y blancas. La esperaba el aula de tercer año del Comercial. Por su parte el “galán”, de rulos y anteojos oscuros, vestido del impecable saco azul y pantalón gris, camisa con corbata, regresaba a paso cansino del quinto año de la Escuela Normal.

Eran tiempos en que entregar una flor a la enamorada era la hazaña concretada. Conocí, créanme que lo conocí, a quien con 14 años, esperaba a su amada de otros tantos años en la esquina de Belgrano y Urquiza en las tardes frías de junio. Eran tiempos en que se pensaba en el beso como único pago a todos los esfuerzos.

 

Internet

Lo que hubiésemos dado en nuestra juventud por tener las herramientas que hoy en día ofrece internet. Hasta el uso del teléfono era todo un lujo y no me refiero a la prehistoria. Basta citar las década de los 70 y 80 para que recuerden, quienes la vivieron, cómo se transmitían los mensajes. Era frecuente que el único estimulo que se podia alcanzar con las niñas del Misericordia era “verlas” en el trayecto hacia la escuela. Todo un logro y un aliciente para hacer feliz a un joven.

Pero la tecnología trajo, no es novedad, la posibilidad de no sólo charlar con la chica de otra escuela sino también conocer a personas de otras latitudes.

Conozco un romance que se inició a fines de la década de los 90 entre un nicoleño y una mujer que vivía en Concepción, Chile. Lo que se inició como un intercambio de opiniones terminó un lunes de mayo en Santiago de Chile. Tener un contacto piel a piel cuando sólo había mediado un correo electrónico. Así como muchos romances no prosperaron hubo otros que llegaron tan lejos como el casamiento mismo lo puede permitir. Cierto es que hoy la comunicación es tan fluida que se puede alcanzar hasta el “sexo virtual” a través de un teléfono celular estando los protagonistas en lugares lejanos y remotos. – Claro tiene que haber señal-.

Lo que aparenta ser más fácil y rápido también juega en contra con relación a la “magia” que rodea todo juego previo al conocimiento. Enamorarse puede significar tener buen perfil para la cámara o saber construirse un Facebook llamativo.

En otras épocas había que conformarse con una carta. Era tan esperado el cartero que poco a poco se convertía en alguien más de la familia.

Conozco, créanme que conozco, a quien le pidió casamiento a una alegre muchacha sin haberse visto ni una vez. Los dos eran nicoleños y fue tan intenso el primer encuentro “cuerpo a cuerpo” que el aeropuerto de Ezeiza se paralizó a pleno. Cumplieron, se casaron y fueron felices. Durante un tiempo fueron felices luego fueron como todos los demás.

 

Amores de fábrica

Cuando ni se hablaba del casamiento igualitario nuestra ciudad fue el escenario donde se desarrolló una de las historias de amor más valiente que se conociera. Los protagonistas dos compañeros de Chapa en Caliente de la recordada Somisa. Uno de ellos casado con una bella mujer. El otro soltero y prolijo. Compartían turnos, salidas de pesca en nuestras islas y hasta partido de fútbol.

Al terminar un turno de noche fueron encontrados por el resto de compañeros del sector en una situación no “muy explicable”. Todos sorprendidos menos ellos que asumieron un amor que fueron construyendo entre chapas en caliente y noches frías de invierno El casado dejó su mujer y ambos se marcharon a trabajar a Rosario. Nada se supo de ellos todos prefirieron sembrar el olvido.

 

Las diferencias

Se dice que cuando se está enamorado se desea tener a esa persona. Cuando se ama, la diferencia está en que se la necesita.

El amor no respeta marcas ni dueños. Están también esos amores ocultos que permanecen como tal hasta un día despiertan o lamentablemente mueren con su dueño. Conozco a una muchacha que profesa una religión que la obligó ciertamente a esperar su “príncipe azul” dentro del mismo credo. La Penélope religiosa se pasó la vida en la emoción de la espera y hoy sin arrepentirse de sus devociones extraña con locura al compañero con quien compartir la vida. Esa también es una historia de amor. Triste claro pero nadie asegura que el amor por definición nos prometa un cielo azul. Muchas veces el elegir por conveniencia lleva la más triste decadencia – con rima y todo-.

Una vez en la vida a cada ser humano le ocurre una historia extraordinaria. Tal es el caso de aquellos que hicieron durante un verano “esteño” combinaron una cita a ciegas. No me estoy refiriendo a jovencitos. Esta historia la protagonizaron dos adultos, si se quiere con una vida hecha o deshecha.

El Conrad de Punta del Este esa madrugada se iluminó con sus miradas. Fueron apenas dos palabras y muchas sonrisas. Cita corta y pícara. Cuando se marcharon ambos sabían que estaban “arruinados” y predestinados a morir de amor.

La ciudad está llena de historias de amor simples y algunas extraordinarias. Seguramente quien está leyendo este reportaje también conoce historias que podrían integrar el “manual de las historias de amor”. Seguro que algunas de ellas pudo, perfectamente, protagonizar.

 

Pudo haber amado en silencio o a los gritos. Cuando estás enamorado de alguien, quieres tener a esa persona. Cuando amas a alguien, necesitas a esta persona.

 

Los grandes amores

Por Daniel Erne

A lo largo de nuestra vida, señalan ciertos estudios sobre conductas, podemos tener dos grandes amores. El primero es con la persona con la cual conseguirías la compenetración total para estar toda la vida juntos. Pero también hay un segundo amor. Una persona que se perderá para siempre. Alguien con quien naciste conectado de tal manera que las fuerzas de la química escapan  a la razón. Por diversos motivos no estarán juntos y terminarán con esa primera persona a la que hacía referencia. Pero no pasará una sola noche sin tener la nostalgia de volver a encontrarlo. Si usted me entiende estimado lector. A esa persona que se le vino a la cabeza me estoy refiriendo.