Diario El Norte

Editorial

Créditos complicados, con la necesidad de buscar alternativas de solución

09 Febrero 2018 (01:18)

Facebook Twitter Compartir en Whatsapp

El rally ascendente que mostró el dólar entre diciembre y enero tuvo sus primeros efectos colaterales, al golpear a uno de los proyectos más ambiciosos del Gobierno: los créditos hipotecarios UVA, que sedujeron a la clase media con sus bajas cuotas en planes a más de 20 años.

 

Esta vez, el origen de la preocupación no fue la inflación -el principal factor que incide en los aumentos de las cuotas- sino la volatilidad cambiaria. La escapada del billete verde sirvió como recordatorio de que, por más que los créditos se pacten en pesos y se ajusten por un indexador, los inmuebles siguen cotizándose en dólares.

 

En este caso, los más afectados fueron aquellos que a inicios de diciembre recibieron la pre-aprobación crediticia o que comenzaron entonces los trámites para obtener el dinero. Sucede que el tiempo promedio para recibir la aprobación del préstamo por parte de los bancos es de 25 días. Así, el alza del precio del dólar de 13% desde el 11 de diciembre pasado dejó en "offside" a más de un interesado en transformarse en propietario. En concreto, el billete verde pasó de $ 17,56 a cerca de $ 20.

 

Es decir que los clientes que solicitaron hace más de un mes un crédito para cerrar una operación inmobiliaria por una cifra -por ejemplo- de $1 millón (que era el equivalente a u$s 57.000 a inicios de diciembre), hoy ven que con ese mismo monto pueden adquirir unos u$s50.400. Es decir, casi 12% menos.

 

Ante esta realidad, los bancos optaron por acudir a algunas "recetas" para que las operaciones no se cayeran. En primer lugar, las entidades bancarias están aumentando los montos que otorgan para que los beneficiarios puedan llegar a la diferencia que se plantea por la suba del dólar. Por otra parte, en caso de no poder enfrentar el aumento de la cuota, otra opción que ofrecen a los afectados es que puedan "estirar" el lapso de devolución, ya que con el sistema UVA se está otorgando un máximo de 40 años de plazo.

 

Sin embargo, ese no es el único inconveniente. A la suba del dólar se les agregaron otros factores que juegan en contra de los interesados en transformarse en propietarios: el alza de los precios de los inmuebles y la aceleración de la inflación. Según un informe de Reporte Inmobiliario, la cotización del metro cuadrado se movió 8 puntos por encima de la inflación de 2017 y unos 10 puntos respecto de la UVA.

 

A partir del impulso en la demanda de propiedades vía créditos, que se concentró principalmente en las unidades usadas, los departamentos de 2 y 3 ambientes sufrieron un incremento interanual promedio en dólares del 12% en la Ciudad de Buenos Aires. Así, el aumento acumulado del metro cuadrado se elevó al 33% interanual en moneda local (producto de que también subió el dólar).  La variación es muy alta.

 

Por otro lado, el valor de la cotización de la UVA, que se rige por el CER y es el índice por el que ajustan las cuotas de los créditos hipotecarios, se incrementó un 23% el año pasado, cifra a la que se le debe sumar la tasa de interés que cobran los bancos, así como los costos financieros, que llegan a ser de un promedio del 8% adicional. Es decir que la cuota a pagar aumento el 31% en un año.

 

Ante este panorama preocupante, la conclusión es siempre la misma. Se trata de una excelente iniciativa, pero muy peligrosa en países con alta inflación y volatilidad cambiaria, como el nuestro. El gobierno, que impulsó estos créditos y los presentó como uno de sus grandes logros, deberá tomar ahora cartas en el asunto para darle alguna solución a los que se metieron en este "berenjenal".  Caso contrario, estos créditos los terminarán pagando los hijos, nietos o bisnietos de los beneficiarios.