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Ponce de León: ¿Mártir o Santo?

13 Febrero 2018 (16:01)

En el último Encuentro de Historia Diocesana se presentaron muchos trabajos que enriquecen y renuevan la historia de la diócesis de San Nicolás. Uno de ellos es el del padre Enrique Bianchi, sobre la muerte del obispo Ponce León.

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Ponce de León: ¿Mártir o Santo?
Foto 1/1    Estado en que quedó el auto en el que viajaba Ponce de León. FOTO OFICIAL

En una conversación con el religioso, EL NORTE le preguntó qué lo había movido a hacer ese estudio: “la motivación del artículo es porque se cumplieron 40 años de la muerte de Ponce de León (11/7/1977-2017). Esto me dio la necesidad o una idea de gratitud, de decir para lo que hacemos hoy nosotros hay gente que nos abrió caminos, y Ponce de León merece ser recordado por dos grandes cosas: una por la que todo el mundo sabe, por su acompañamiento a los familiares de desaparecidos y su enfrentamiento con la dictadura, pero también porque aplicó el Concilio Vaticano II; del ’62 al ’65, la Iglesia realizó un Concilio, se reunieron todos los obispos del mundo y allí la Iglesia propuso renovarse. Cada país después tiene que asumir esas líneas conciliares. Ponce inició el ’66 con toda esa movida nueva y ya se fue dejando la idea (digo exagerando) del obispo príncipe por la del obispo pastor, y el fue un obispo pastor justamente”.

En ese marco, el padre Bianchi destacó que “Ponce de León fue uno de los pocos obispos que desafiaron a la Dictadura, muriendo en esa época dos de ellos: Angelelli y Ponce de León.

Pero además porque fue él quien empezó la renovación conciliar en la Diócesis, comenzó con líneas de cambio, de las que hoy convivimos nosotros, muy distintas de las que se llevaban en los ’60, bueno le debemos eso también a él.

Entonces me apoyo en eso ¿lo podemos recordar como mártir?, uno dice en general sí, uno sabe que fue así, pero digo más precisamente, técnicamente, la Iglesia ¿algún día lo puede declarar mártir? en el trabajo que presenté nos preguntamos sobre la pertinencia de ponerle el título de mártir a Ponce.


La muerte del obispo

Para preguntarnos si es mártir tenemos que mirar dos cosas, desde la historia cómo fue su muerte y desde la teología qué es un mártir. Desde la historia cómo fue su muerte, cómo fue su último momento, en esto ayudó mucho que desde 2006 hay una comisión diocesana por la memoria de Ponce de León que colecta testimonios, y la misma ha aportado detalles a la causa que se reabrió. Se hizo un juicio muy breve, murió el 11 de julio de 1977, en pleno auge del poder militar, se declaró que el que manejaba la camioneta que chocó con él solo participó pero se declaró homicidio culposo, sin dolo, y lo inhabilitaron para conducir por cinco años y ahí quedó. En 2006 se reabrió la causa y se tornó más compleja aún incorporándose varios elementos nuevos. Hoy en día la causa avanza a una velocidad cercana al estancamiento.

Sin profundizar en este tema, el padre Bianchi prefirió hablar sobre los días anteriores a la muerte del obispo. “La tesis es la siguiente: Ponce estaba amenazado, se sabía amenazado, y él no cambió la actitud, y eso lo hace ya de algún modo mártir, él contaba con la posibilidad cierta de su muerte, y continuó sus tareas. No sabemos lo que pasó en el instante decisivo pero sí sabemos que un dedo asesino tensaba el gatillo, porque mató a mucha gente la dictadura y se sabe, hoy lo sabemos”.

En el trabajo el padre Bianchi dice: “Las personas cercanas al obispo sabían que éste recibía permanentes amenazas. Consta en las actas de reuniones del Consejo Presbiteral que él los puso al tanto de esos anónimos. A veces llamados telefónicos, a veces panfletos con un ataúd. Según sus allegados, en ocasión de la muerte de Angelelli el mensaje era: “el próximo sos vos”. En los archivos de la CEA pudo encontrarse una carta firmada por todos los sacerdotes de San Nicolás dirigida a monseñor Tortolo, por entonces presidente de la CEA (y con copia a los dos vicepresidentes y al nuncio Pío Laghi) en la que le expresan que recurren a él “como hermano de nuestro Pastor” para manifestarle “una seria inquietud que nos preocupa y nos angustia: nuestro obispo ha sido amenazado de muerte y lo es ya reiteradamente”, pidiéndole que la Iglesia busque una solución ya que “uno de sus Pastores sufre la ola de violencia que nos envuelve.


Informes secretos

Entre los documentos de inteligencia militar que pudieron rescatarse en tiempos de democracia, hay algunos sobre Ponce de León que fueron recogidos en la nueva investigación judicial. En ellos puede verse claramente que estaba marcado. Entre ese material, se destaca un informe de catorce páginas firmado por el propio teniente coronel Manuel Fernando Saint Amant.

En la actualidad, gracias a los juicios de lesa humanidad en los que Saint Amant fue condenado por varios crímenes, se conocen detalles del accionar de este jefe militar. Era el hombre fuerte en una zona difícil, un hombre de acción, de modales marciales y férreo catolicismo. Han sido probados cerca de 150 secuestros en su zona y casi todos tenían informes secretos firmados por él. Según cuentan testigos le gustaba participar de todas las fases de la represión ilegal, incluidos los “interrogatorios”.

Experto en “lucha antiguerrillera” llegó a San Nicolás en 1975 para neutralizar la avanzada obrera en la zona. Esta ciudad, como todas las del eje que va desde Villa Constitución hasta Campana, constituía por ese entonces un creciente polo industrial con importantes empresas siderúrgicas como Somisa o Acindar, cada una de las cuales estaba rodeada de empresas satélites. Esto hacía que en la zona haya una notable presencia obrera. 


El fantasma del marxismo

El informe secreto de Saint Amant sobre Ponce de León está fechado el 16 de diciembre de 1976, apenas siete meses antes de su muerte. Lo dirige al Comandante del Primer Cuerpo del Ejército, Carlos Guillermo Suárez Mason, respondiendo a una orden de éste. La sola existencia de ese informe demuestra que la Iglesia de San Nicolás estaba siendo cuidadosamente seguida por la inteligencia militar. Una lectura corrida de esas catorce páginas resulta entre surrealista y espeluznante. Duele comprobar en manos de quiénes estaban la vida y la muerte de tantos argentinos. En una prosa inflamada describe una colección de hechos –reales o inventados- hilvanados en una convicción: el enemigo principal es el marxismo, que se infiltró en la Iglesia de esta diócesis y que tiene como su mejor aliado al obispo Ponce de León.

En uno de sus párrafos introductorios dice: “Este informe se ha preparado en función de la prioridad fundamental que tiene nuestra Institución, en este momento histórico: la guerra contra la subversión. Prioridad declarada fundamental, al menos desde el punto de vista inmediato, pues se juega en ella el ser o no ser de la Patria. Para ganar dicha batalla, que estamos librando exitosamente, hay que atacar al enemigo en todos sus frentes. El enemigo no es un grupo minoritario de jóvenes guerrilleros, hoy en triste y escandalosa retirada, sino el marxismo que lo caracteriza”.

Más adelante presenta al obispo de San Nicolás directamente como un enemigo del gobierno militar: “ES EVIDENTE QUE LA IGLESIA OPERA EN LA DIÓCESIS DE SAN NICOLÁS BAJO LA DIRECCIÓN DE MONSEÑOR PONCE DE LEON COMO UNA RESULTANTE DE FUERZAS ENROLADAS SUSTANCIALMENTE EN LAS FILAS DEL ENEMIGO” (las mayúsculas son del original).

El planteo global del informe es claro: el marxismo, enemigo declarado de la Patria, no tiene mejor camino para destruirnos que infiltrarse en la Iglesia y hay que tener la “lucidez y el coraje” (sic) para extirpar eso de raíz. En San Nicolás –zona sensible por la gran presencia obrera- el peligro es muy grande porque hasta el obispo es “traidor a la Iglesia” (sic)

Leída hoy esta documentación, puesta en el contexto de todo lo que sabemos de la dictadura, es innegable que una sentencia de muerte pendía sobre la cabeza del obispo Ponce de León. Sólo era cuestión de tiempo. Si llegó a ejecutarse esa condena o si el azar anticipó los tiempos es algo que tendrá que dictaminar algún día la Justicia…

Si bien la Justicia todavía no se expidió, reviviendo su actitud en los últimos momentos de su vida queda claro que Ponce de León siguió adelante a pesar de que contaba con la posibilidad cierta de su muerte. Tan sólo eso justifica que la Iglesia se pregunte seriamente la posibilidad de declararlo mártir.


Ofrecimiento de la vida

El Papa Francisco introdujo recientemente importantes cambios en la consideración que la Iglesia hace de un candidato a la santidad. Antes, uno podía iniciar una causa de canonización o beatificación por “virtudes heroicas” o por “martirio”. Esas eran las dos únicas formas, según cuál de esas se elegía eran las cuestiones sobre las cuales se trataría todo el proceso posterior. Son dos modalidades que la Iglesia universal reconocía para introducir y llevar adelante una causa. 

A partir de 2017 existe un nuevo modo, llamado “ofrecimiento de la vida”. Para que se elija esta nueva vía debe existir un acto de voluntad libre por el cual un fiel decide realizar un acto heroico de caridad, hacia Dios o hacia el prójimo, sabiendo que ello puede significar en breve tiempo una muerte cierta. Casualmente (o providencialmente) el decreto que abre esta nueva posibilidad fue promulgado el 11 de julio de 2017, día en que se cumplían los 40 años de la muerte de Ponce de León.

Esto habilita una nueva faceta en la pregunta sobre la santidad del obispo de San Nicolás. En el caso de que la justicia nunca afirme que su muerte se trató de un crimen, tal vez sea un camino válido presentar a Ponce de León como santo debido al “ofrecimiento de SU vida” en defensa de la comunidad de su diócesis.  

Un último punto que conversamos con el padre Bianchi se refería a la importancia de los mártires: “la Iglesia está fundada en la sangre de los mártires. El martirio por excelencia es el de Cristo. Él entrega voluntariamente su vida para dar testimonio del amor misericordioso del Padre. Muchos otros en la historia han entregado su vida por Jesucristo o por encarnar sus enseñanzas. La Iglesia los considera mártires porque sus muertes están asociadas a la muerte de Cristo. Se dice que “sangre de mártires, semilla de cristianos”. Por eso creo que no es menor tener o no tener un mártir en nuestra Iglesia diocesana”.-