Diario El Norte

Política

Crónicas de la tierra media: Ahora sí que hay que pasar el invierno

01 Mayo 2018 (14:36)

Daños colaterales, así se denominaría a aquellos ciudadanos cuyos magros sueldos no les alcanzan para pagar las nuevas boletas de luz y gas y deben resignarse a bajarse del sistema y ser sus nuevos parias. Finalizó la era del derroche dándole la bienvenidas a las estufas a leña, los fogones y candelabros. ¿Para cuándo el farolero y la mazamorrera?

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Crónicas de la tierra media:  Ahora sí que hay que pasar el invierno
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El video viaja por whatsapp y es graciosos si se mira con buen humor. En la imagen se ve a Chuck Norris joven, en alguna de sus tantas películas con cara de malo y cero risas, escuchando fastidiado la televisión mientras en la misma pasan la conferencia de Mauricio Macri explicando que en la casa uno no puede andar desabrigado, que en invierno no se puede abusar del uso de la estufa ni en verano de los aires acondicionados. Mauricio contaba de su humilde infancia en la mansión de los Macri y como sus abuelos apagaban la estufa y andaban todos emponchados. En el video el bueno de Chuck le metía una patada al televisor luego de agarrarse la cabeza. Es gracioso si, bastante, ponele.

Se repiten bastante seguido ese tipo de consejos de antaño donde nos recuerdan que antes no se hacían muchas cosas que ahora se hacen y eso está mal, como comprarse un televisor de 50 pulgadas para ver el mundial, o teléfonos celulares de ultima generación. Eso no corresponde para gente de clase obrera o de clase media, porque ese dinero se debe invertir en pagar la luz y el gas, como era antes, cuando se sabía claramente el lugar de cada uno en el mundo, donde nadie se cuestionaba dilemas existenciales complejos como los derechos de cada persona, la igualdad de oportunidades, el valor de cada ser y nuestra relación con el otro.

Los nuevos asesores dialecticos van colando el discurso de que en ese tiempo más inocente y sano el hombre sabia mejor sus limitaciones, el aire acondicionado era un lujo que muy pocos podían permitirse, no como ahora que la gente tiene de tres a cuatro en sus hogares. Nos dicen como un pecado que el ser posmoderno ha perdido el sentido del valor, de los merecimientos, se ha extraviado con la new age y el amarte a ti mismo que propugnan los libros de autoayuda  y no les importa  la necesidad de la nación. El hombre moderno cree que merece más de lo que le corresponde, este homosapiens del 2000 piensa que todos somos iguales y escupe en 10000 años de historia, en la que la esclavitud fue abolida recientemente.

 

¿Adonde vas abuelo?

El viejito me miraba angustiado, quería hablar todo y las palabras se le trababan. Fue hasta el living a traerme la boleta de luz como una respuesta grafica  a eso que no le salía. El tipo tiene un almacencito en la casa, con dos heladeras y una cortadora de fiambre que le marca la diferencia. Leyó el domingo pasado la crónica de las desavenencias de Don José y me quiso mostrar que no estaba equivocado. “Yo le dije al de Eden que quería pagar, pero no podía”. En la boleta le llegaron 8000 pesos, un 800 por ciento más que el año pasado. “Me dijeron que me lo hacían en dos cuotas y que me tenían que cobrar intereses. Yo no puedo mijo” me dijo casi llorando. Me daba cosa decirle que por las dudas este invierno ni se le ocurra prender la estufa, pero viéndolo a él y a su señora avanzada en edad, decirles eso es literalmente condenarlos a muerte. ¿Cómo va a hacer ese jubilado que apenas hace algunos pesos en el almacén, que no puede pagar la luz, que lo matan dos míseras heladeras, para pagar cuando le vengan las boletas de gas con los súper aumentos? ¿Como hace el resto de los nicoleños, de los bonaerenses, de los argentinos?

 

Recachutado

Mereces lo que sueñas dicen los refranes de sobrecito de azúcar y por mucho menos hubo revoluciones que cambiaron estados y derribaron imperios, pero que también murieron apenas nacer, dejando miles de mártires. Hay que volver al hogar a leña, es lo que nos sugieren soslayadamente, hay que fabricar candelabros, hay que recurrir al peligroso kerosene dentro del hogar. Los sueldos de hambre ya no saben de paritarias, solo se trata de sobrevivir como en la infame década de los 90 que pareciera agiornarse y volver recargada en un ciclo sin fin. Sacrificios nos piden los que nunca los harán, tarifasos imponen aquellos que tienen millones de dólares afuera porque no confían en lo que hacen. No importan las víctimas de la reconversión, lo que supuestamente vale volver al primer mundo, como ese primito bobo al que todos le hacen bulyng. Toda reforma tiene sus costos y en este caso el costo es la gente, los daños colaterales son los desocupados, los jubilados que reciben un tarifaso pero les pagan menos. Esto no importa porque en cierto sector de la oligarquía reconvertida lo que importan son los números empresariales que hacen del país una sociedad anónima, con gente anónima, abuelos anónimos, chicos anónimos, mujeres anónimas, que padecen no llegar a fin de mes. Evidentemente a nadie le importa.