Diario El Norte

Editorial

Una deuda que crece, con una solución de fondo que sigue sin aparecer

16 Mayo 2018 (23:28)

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El monto total de deuda emitida desde el inicio del gobierno de Cambiemos en diciembre de 2015 ya superó los u$s 200.000 millones, si se suma la colocación de este martes de u$s 3.000 millones a los u$s 199.823 millones contabilizados al 27 de abril. Ese dato consta en el informe elaborado por el Instituto de Trabajo y Economía de la Fundación Germán Abdala.

La cifra incluye todas las modalidades de deuda utilizadas por el Ejecutivo: bonos en pesos, dólares, de jurisdicción local o extranjera, Letras del Tesoro de corto plazo, sin tener en cuenta la renovación de estos títulos que debe restarse a la hora de calcular si el peso de los pasivos sobre la economía del país está en baja o en alza.

El dato es alarmante. Esta afirmación se agudiza si analizamos que en lo que va de 2018, el Gobierno colocó u$s 42.500 en distintos instrumentos, mientras que en 2017 fueron u$s 94.000 millones y en 2016 u$s 65.751 millones. En ese sentido, el ITE estima que el porcentaje de deuda pública sobre el PBI está en torno al 59% pero podría avanzar a más de 65% después de la devaluación de las últimas semanas.

No es la primera vez que hablamos de este tema en el presente espacio. Pero en esta oportunidad adquiere más relevancia  a raíz de lo que ha sucedido en los últimos días. Como es de público conocimiento, el gobierno nacional resolvió acudir al Fondo Monetario Internacional (FMI) con el objetivo de acceder a préstamos que podrían oscilar los 30 mil millones de dólares. Al mismo tiempo siguió emitiendo bonos (deuda) como una forma de financiarse en pesos.

La política de endeudamiento diseñada por Cambiemos en el inicio de gestión era absolutamente lógica e irreprochable. Con las arcas vacías (reservas bajas) y sin posibilidad de generar dólares genuinos por exportaciones, la única forma que había de poner el andamiaje productivo en funcionamiento era endeudándose. Eso fue lo que se hizo, estaba justificado.

Ahora bien: no se puede mantener o incluso acentuar, una política de endeudamiento de esta naturaleza a lo largo de tanto tiempo. Máxime si tenemos en cuenta que el costo del dinero se ha encarecido a nivel internacional. Se suponía que en estos dos años iba a bajar la cantidad de dólares que pedíamos prestados, pero ocurrió todo lo contrario: el ritmo de endeudamiento se ha profundizado.

La conclusión es obvia: no se aprovecharon estos dos años para hacer las reformas que debían hacerse a fin de achicar el déficit fiscal y ahora estamos en el mismo punto de partida pero con una deuda extremadamente mayor.

La solución no es fácil, pero una cosa debe quedar clara: no podemos seguir viviendo de prestado el resto de nuestros días como lo venimos haciendo hace más de 70 años. Por ahora, el gobierno se las sigue ingeniando para conseguir prestamistas por aquí y por allá. Pero el círculo se va agotando, casa vez se pagan más intereses.

Si el objetivo último es ganar las elecciones del año 2019, quizás tengan éxito. Porque además la oposición ayuda bastante a esa posibilidad. Pero si el objetivo es revertir la situación socioeconómica con medidas de fondo, deberían cambiar de rumbo en esta materia. Endeudarse con tasas tan altas como lo están haciendo en estos días, es pan para hoy y hambre para mañana. Ya deberíamos haber aprendido esa lección.