10.9 C
San Nicolás de los Arroyos
viernes, 8 octubre, 2021

Edición N° 3830

OCTUBRE, EL MES DEL NACIMIENTO DEL LÍDER Y SU MOVIMIENTO

Juan Domingo Perón pasó su infancia en el campo de Lobos, donde nació el 8 de octubre de 1895, y en la Patagonia, donde aprendió a cazar con una carabina 22, regalo de su padre. Ni pensaba por entonces que también en el mes de octubre, un día 17 con cincuenta años cumplidos, nacería su movimiento.

Se cumple hoy un nuevo natalicio de Juan Domingo Perón. WEB


De la Redacción de EL NORTE
diarioelnorte@diarioelnorte.com.ar

El historiador Felipe Pigna relata que el 8 de octubre del año 1895, doña Juana Sosa Toledo (1875-1953)  daba a luz a un niño al que llamó Juan Domingo, en homenaje a sus dos abuelos: Juan Irineo Sosa y Dominga Dutey.

Parafraseando a García Márquez, diremos que el general recordaría muchos años después, que en realidad había nacido el 7 de octubre de 1893 y que su padre, Mario Tomás Perón, lo anotó como “hijo natural del declarante” con una demora de dos años cambiando el día 7 por el 8.

Lo de “hijo natural” no pasará desapercibido por la vida de Perón y le confesará a Enrique Pavón Pereyra: “Ese hijo no tenía padre y la ley argentina prohibía hasta investigar la paternidad del recién nacido. Pero sí se castigaba el adulterio de la mujer y ese hijo pasaba a ser un bastardo. Al padre se lo eximía de toda culpa y al hijo se le cerraban las puertas del futuro. ¿Eso era justo? Nosotros hicimos una ley que daba al hijo natural los mismos derechos que al hijo legítimo. […] Las leyes estarán siempre hechas por adúlteros que ignoran que no hay hijos ilegítimos, sino padres ilegítimos”.



Mario Perón se radicó en Lobos (provincia de Buenos Aires) para dedicarse a una pequeña producción agrícola-ganadera.

Tenía 23 años cuando conoció a Juana, una muchacha de 17, “criolla con todas las de la ley”, al decir de Perón, que como muchos paisanos aunaba sangre indígena y española.

En 1891 nació Mario Avelino, el primer hijo de la pareja, que no estaba “legalmente constituida”.

El futuro líder de los trabajadores pasó su infancia como miles de chicos del campo, montando a caballo y compartiendo el mate, las anécdotas y las fascinantes historias de aparecidos y luces malas con los peones.



En el frío patagónico

Para fines de siglo, la situación económica de los Perón se volvió difícil y don Mario decidió probar suerte en la Patagonia.

Firmó un contrato con la empresa Maupas Hermanos, una administradora de estancias ovejeras, y hacia allí marchó en avanzada con sus peones; él, en barco y sus empleados, en arreo a caballo, recorrieron 2000 kilómetros hasta llegar a la tierra prometida: una estancia al noroeste de Río Gallegos (Santa Cruz).

Doña Juana y los chicos se quedaron en Lobos esperando la llamada de Mario que llegaría un año más tarde.



La estancia patagónica implicó un mundo lleno de aventuras para los hermanos Perón.

Allí Juancito, cuando tenía ocho años, recibió el primer regalo de su padre: una carabina 22 con la que el pequeño aprendió a cazar.

Aquellas expediciones en compañía de su padre y su hermano fueron el primer contacto con un paisaje que años después describiría minuciosamente en su libro Toponimia patagónica de etimología araucana.



Traslado a Chubut

Si en Lobos la economía familiar no andaba muy bien, en el sur las cosas no mejoraron, con el agravante de que la vida cotidiana se volvía más complicada con un clima hostil y fríos extremos que perjudicaban la salud de los chicos.

Todo esto llevó al matrimonio Perón a tomar la decisión de mudarse al clima un tanto más benévolo de Chubut.

La imagen y el espacio que ocupaba doña Juana crecen proporcionalmente a las dificultades que tiene que afrontar la familia.

Tenía un especial don para las curaciones domésticas, que la llevaría a ejercer de comadrona, con el pequeño Juan Domingo como asistente.



También le gustaba acompañar a sus hijos y a su compañero, montada a caballo, cuando salían de cacería.

Juancito se trasladó a Buenos Aires y se instaló en la casa de la abuela paterna, Dominga Dutey, para estudiar en la escuela ubicada en la calle San Martín 548 y luego en el Colegio Internacional Politécnico de Olivos.

No era lo que se dice un buen alumno, pero sí un gran apasionado por todos los deportes.

Cuando cumplió los 15, comenzó a estudiar las materias para ingresar en la Facultad de Medicina.



Parecía dispuesto a seguir la tradición familiar y los deseos de su padre.

Pero muy pronto, influido por varios compañeros de la secundaria, rindió y aprobó el examen de ingreso al Colegio Militar.

Por ser quinto en el orden de mérito, consiguió una beca de apoyo económico.

Para 1911 el muchacho ya era un flamante cadete que iniciaba una carrera que nadie podía imaginar hasta dónde llegaría.


ÚLTIMAS NOTICIAS





error: ¡Contenido protegido!