PANDEMIA, CLASES REMOTAS Y COMPLEJIDADES PARA LOS ALUMNOS CON TEA Y TGD

TRASTORNOS Y DIFICULTADES DE LA VIRTUALIDAD

“Dentro de sus burbujas, una hora de clase diaria semana por medio, no ayuda a la inclusión y adaptación. Las terapias se convirtieron en el lugar de aprendizaje, y al mismo tiempo en espacio de contención y recreación”, contó a EL NORTE Patricia Sánchez.

“La mayoría de los chicos concurre a sus terapias normalmente y con respecto a la escuela se les dificulta mucho con la virtualidad”, indicó Patricia Sánchez. ILUSTRACIÓN WEB.

De la Redacción de EL NORTE
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EL NORTE dialogó con la referente de TGD Padres TEA San Nicolás Patricia Sánchez, sobre la complejidad que implica el retorno a las clases remotas en contexto de pandemia por Covid para los chicos y chicas con trastornos generalizados del desarrollo o trastornos del espectro autista.

“La mayoría de los chicos concurre a sus terapias normalmente y con respecto a la escuela se les dificulta mucho con la virtualidad. Algunos reciben el acompañamiento terapéutico que se volvió de gran ayuda a la hora de hacer actividades. Desde las escuelas de gestión pública y en el marco de la virtualidad, los niños reciben actividades por WhatsApp o en formato papel, y las familias los ayudamos y les enseñamos las actividades en casa. Los que concurren a escuela especial privada tienen ambas modalidades: presencial y virtual. Y los que tienen proyecto de inclusión, tienen clases virtuales no solo en papel sino también mediante Meet o Zoom, algunos con apoyo de las familias para que puedan permanecer sentados compartiendo la clase y otros con apoyo de la acompañante”, explicó en relación a las múltiples situaciones que se atraviesan en este momento.

“Ansiamos volver a la normalidad para que nuestros hijos puedan seguir diariamente integrándose a la comunidad. (…) Una gran preocupación son los adolescentes que están terminando el Secundario y no han recibido todo ese apoyo necesario para lograr desempeñarse en el área laboral”.
Patricia Sánchez – TGD Padres TEA San Nicolás

“En mi caso particular, es el último año de mi hijo en la escuela especial. Ya tiene 14 años así que después no hay más nada, solo terapias. Y no concurre a la escuela desde 2019. El año pasado su acompañante había regresado de viaje, por lo que las dos primeras semanas de clases permaneció en aislamiento. Y este año, fue por trámites burocráticos. La autorización para ir a la escuela con su acompañante llegó justo cuando volvió el confinamiento. Lleva todo virtual en papel, no conoce a su docente y sus compañeros, por lo que no ha generado vínculos este año ni el anterior”, detalló en primera persona.

Vínculos

Sánchez explicó que en realidad, “la mayoría los chicos con proyecto de inclusión o integración escolar en época presencial no generaran ningún vínculo con sus pares porque la mayoría tiene horario reducido de una o dos horas de clases”.

“Dentro de sus burbujas, una hora de clase diaria semana por media, no ayuda a la inclusión y adaptación de un alumno con autismo. Ansiamos volver a la normalidad para que nuestros hijos puedan seguir diariamente integrándose a la comunidad. Los primeros pasos para la inclusión social comienzan en el jardín y la escuela. Compartir con el otro, ayuda muchísimo a esto. Las terapias se convirtieron, no sólo el lugar donde encuentran un lugar de aprendizaje, sino en su espacio de contención y recreación donde pueden seguir sociabilizando con personas ajenas su familia y seguir formando vínculos con los pares”, expresó.

Preocupación

“Una gran preocupación son los adolescentes que están terminando el Secundario y no han recibido todo ese apoyo necesario para lograr desempeñarse en el área laboral. La falta de preparación, pasantías no realizadas y la desventaja entre tener un diagnóstico y no tener experiencia laboral, genera ansiedad y preocupación en los adolescentes y jóvenes con autismo. Pero aun así, nuestros hijos se han adaptado a esta realidad de a poco. Algunos con resistencia a clases por Zoom y Meet, otros aprendiendo cosas nuevas. Hay niños que aprendieron a leer, otros a escribir y entender la cursiva -una forma de escritura que es todo un reto para ellos, otros a dibujar o pintar cada uno dentro de sus habilidades. Algunos han logrado ir mejorando y generando un mejor vínculo con sus padres o tutores”, analizó.