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San Nicolás de los Arroyos
viernes, 28 enero, 2022

Edición N° 3940

PANIC SHOW A PLENA LUZ DEL DÍA

CRÓNICAS DE LA TIERRA MEDIA

Paro sí o paro no, marchas que cortan el paso, algunas entendibles, otras mezquinas, pero siempre con el vecino de rehén de un sistema trabado. Hay un círculo vicioso alimentado por la quiebra de la economía que no parece terminar nunca, que se recicla con cada gobierno y pone pautas a la presión. Pan y circo a plena luz del día.



Germán Rodríguez
diarioelnorte@diarioelnorte.com.ar

Y sí, está todo podrido. Antes, durante y después de las elecciones no hay un mango, y lo poco que había se desvaneció en un éter de promesas y dólares voladores. Entonces cuando el sector de transporte pide una recomposición salarial, porque ya hasta comer es un lujo en estos parajes, y desde la cámara empresarial les responden que es imposible, se vienen las amenazas de paros, los cortes, las marchas.

El rehén como siempre de estas cosas es la ciudadanía, porque casualmente estos aprietes llegan después de que piden aumento de pasaje y se hace esa rueda eterna, que nadie puede romper, ni siquiera la madre de los dragones en juego de tronos.



Aumento de boleto es hacerle la vida imposible a la clase media y baja que ya no llega ni por casualidad a fin de mes con un solo sueldo, y si le sumamos que para ir a trabajar debe hacerlo en transporte público, este le baja otro grado más.

Pero continuando con el ciclo eterno, también el transporte cae en sus ingresos con los aumentos de combustible y repuestos y la cada vez menos gente que usa el colectivo adoptando la vieja y querida bicicleta o el famoso patitas para qué las quiero, porque si no, el mango ni dura y así en ese ciclo maldito el chofer pide aumento, plata no hay, vienen los paros, se pudre todo, los pibes se quedan sin ir a la escuela, nadie viaja y así consecutivamente, como una historia sin fin, sin tiempo y sin lugar.

En este caso, el Estado intervino y desvió fondos, pero no siempre se llega a tiempo y los vecinos están hasta último momento de la noche sin saber qué pasará al otro día. Convengamos que en este país no te podés aburrir nunca.



Nadie sabe

Pero entonces la imposibilidad de todas las posibilidades sigue en la calle, y como viene pasando desde hace meses, la esquina de la municipalidad vive siendo tomada por movimientos sociales, exempleados que reclaman, gremios opositores y todo aquel que tenga algo que reclamar, que a la altura de la circunstancias podemos ser tranquilamente todo el pueblo argentino, y como no se les ocurre ningún lugar significativo, la esquina del Palacio Ejecutivo pinta como buen espacio. Ahora, con cortes de calle al mediodía, caos vehicular en el calor, bombos reventando a toda hora y, a veces, puede que haya mucha gente, pero en otras ocasiones los que cortan la calle son diez gatos locos, y uno se pregunta ¿qué onda?

Y ahí viene otro círculo vicioso, difícil de quebrar, porque esos pocos barderos, por ahí con causas justas o en otras con intereses mezquinos particulares, esperan, si se quiere, alguna represión que los pueda llevar a las primeras planas. Pero los policías cansados de quemarse con leche cuando ven una vaca lloran, por lo que lo único que hacen es medirlos y que hagan lo que se les canta el orto. Ningún fiscal ni comisario con toda la lógica del mundo va a pedir la orden de reprimir y ningún juez se va a animar a tomarla, porque el costo de un desalojo puede ser enorme y a veces se opta por negociar y dejar que pase el tiempo. Mientras tanto, el ciudadano común se come el garrón y nadie hace nada, porque la lógica de este país hecho mierda es mirar al costado. Se entiende de todas las partes, sí, pero al igual que en Buenos Aires, Capital o la Conchinchina, somos rehenes de un círculo vicioso sin fin.



La rueda

El círculo se corta con solamente una cosa: plata en el bolsillo del trabajador, trabajo, comida y una vida digna para el que no lo tiene y una economía medianamente predecible, pero eso parece ser parte del pasado, si es que alguna vez existió, porque las soluciones lógicas se enredan en el país del nunca jamás, en el Estado de los ciegos, sordos, mudos, en la tierra de las elecciones continuas que durante años se llenaron de promesas esperanzadoras y al día siguiente seguimos viendo cómo la rueda no para y nos sigue comiendo. 

¿Qué está bien y que está mal? Ni una cosa ni la otra, porque no hay fríos ni calientes en esta vida, solo una tibia travesía de esperar a ver qué pasa.

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