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San Nicolás de los Arroyos
sábado, 22 enero, 2022

Edición N° 3936

“PREPARAR EL CAMINO DEL SEÑOR”

HE VENIDO PARA QUE TENGA VIDA

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas (Lc. 3,1-6)



Por el obispo + Hugo Norberto Santiago

     “El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Filipo tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene, bajo el pontificado de Anás y Caifás, Dios dirigió su palabra a Juan, hijo de Zacarías, que estaba en el desierto. Este comenzó entonces a recorrer toda la región del río Jordán, anunciando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados, como está escrito en el libro del profeta Isaías: ‘Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos. Los valles serán rellenados, las montañas y las colinas serán aplanadas. Serán enderezados los senderos sinuosos y nivelados los caminos desparejos. Entonces, todos los hombres verán la Salvación de Dios”.



Preparar el camino

      El domingo pasado la liturgia nos decía que “alguien viene”; ahora nos invita a prepararle el camino. El que viene y al cual hay que prepararle el camino, es el Señor; es Jesucristo, es Dios. Entonces nos preguntamos: ¿qué significa “preparar el camino”? La idea que nos da el Evangelio es la de una ruta llana, para la construcción de la cual se rellenan valles, se aplanan montañas y se quitan las sinuosidades peligrosas. El significado de estas expresiones lo da la segunda lectura de este domingo: “pruébenlo todo y quédense con lo bueno”. Se trata de “discernir”, una palabra que viene del griego y significa probar si una cosa es verdadera o falsa. La expresión se usaba en el mercado portuario para probar si las monedas con las que se comerciaba eran verdaderas o falsas; las verdaderas se aceptaban, las faltas se rechazaban. Así tenemos que hacer en la vida, sabiendo que hay cosas en las que podemos errar porque brillan mucho pero no son oro; por otra parte, hay opciones de vida que tenemos que tomar y no tienen ensayo, si acertamos el resultado es la realización, pero si le erramos el fruto es la frustración, y muchas veces el daño es irreparable. En síntesis, tenemos que discernir antes de tomar determinadas decisiones para no errarle porque marcan nuestra vida, nuestro destino personal y social.

Lo esencial y lo accidental

     Si miramos la naturaleza como quien mira un cuadro muy bello, es fácil concluir que si existe un cuadro debe haber un artista que lo hizo. Descubrir a Dios creador de todo, incluso de nuestra vida, es algo esencial, que está al alcance de nuestra inteligencia, aunque no tengamos fe. Hoy se descubre con más profundidad que esa obra de arte llamada “naturaleza” es nuestra casa común y hay que cuidarla, porque la depredación y la contaminación generan calentamiento y autodestrucción; aquí tenemos una verdad esencial que tenemos que asumir y enseñar a los que vienen después de nosotros, si queremos dejarles un hogar y no una tapera.



     No es difícil descubrir que los vínculos y los afectos son otra realidad esencial de nuestra vida, por lo tanto, tenemos que saber crearlos, cuidarlos y alimentarlos, porque si comienzan a romperse y los afectos desaparecen, si se termina la familia, el grupo de amigos, la sociedad como un cuerpo articulado para el bien común, probamos la soledad, la indiferencia, el abandono, el desamor, la inequidad y eso nos daña profundamente. Aquí tenemos otro aspecto esencial de la vida en el que no podemos cometer errores graves porque nos dañan profundamente. La familia, los amigos, el grupo, la empresa, la nación, son dimensiones corporativas que en la medida en que se destruyen nos van dejando desvalidos, aislados y a la intemperie. El resultado es la selvática e inhumana ley del “sálvese quien pueda”.



Dios viene

       Jesús nos dio unas claves esenciales para levantar la cabeza, para liberarnos de los errores que nos esclavizan y nos dañan, para acertar y ser felices. El creador de todo es Dios nuestro Padre, nos ama, y el primer acto de amor que ha tenido con nosotros es decirnos: “yo quiero que vos existas”. Se acercan a este milagro los padres cada vez que ven nacer a  un hijo fruto del amor de ambos, pero también del milagro de Dios que da la vida. La segunda clave se desprende de la primera y el Papa Francisco la acaba de desarrollar en su documento: “Fratelli tutti”, “Hermanos todos”. Formamos parte de la obra del “Artista Creador”, y tenemos una misma dignidad de seres humanos e hijos de Dios; si todos somos hijos de Dios, entonces somos hermanos. Esta verdad vuelve a dar sentido a todo lo corporativo, a lo relacional, a los vínculos, a la familia, a los amigos, a los grupos, a las empresas, a la nación, al continente, al mundo globalizado. Trabajar para el bien común para que todos sean establecidos en dignidad, alimentar los afectos, entregarnos generosamente los unos por los otros es otra verdad y actitud esencial de la vida, a la que no le podemos errar si no queremos probar el sabor amargo de la soledad y el aislamiento para el cual no estamos hechos. El Señor que viene, nos allana el camino de la amistad social, del reencuentro con Dios y entre nosotros, por eso Navidad es un acontecimiento feliz, una buena noticia que celebramos. Buen domingo!

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