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San Nicolás de los Arroyos
jueves, 11 agosto, 2022

Edición N° 4137

“PUERTA 12″: A 54 AÑOS DE LA PEOR TRAGEDIA DEL FÚTBOL ARGENTINO

El River-Boca del 23 de junio de 1968 terminó con una tragedia que le costó la vida a 71 personas en el estadio Antonio V. Liberti.



El 23 de junio de 1968 se jugó el superclásico más trágico del fútbol en el estadio Monumental de Núñez por el campeonato Metropolitano. El partido terminó 0 a 0, algún que otro duelo entre el arquero de River -Amadeo Carrizo- y el delantero de Boca Ángel Clemente Rojas “Rojitas”, que en uno de los cruces le robó la gorra al guardameta para luego devolvérsela entre risas y abrazos.

Pero ese día quedó grabado para siempre. No por el fútbol sino por el terrible desenlace tras el pitazo final: la numerosa hinchada de Boca que se encontraba en el sector visitante hacia la puerta 12 (hoy en día sector L de la tribuna alta Centenario que da a la Avenida Figueroa Alcorta) desconcentró rumbo a la salida en un túnel oscuro donde se produjeron avalanchas hacia abajo, aprisionando a quienes estaban adelante que -por motivos extraños- no podían salir. El hecho causó la muerte de 71 hinchas por asfixia y golpes, entre gritos desesperados de esa marea humana contenida en un túnel de incertidumbre.



¿Qué paso realmente en la masacre de la puerta 12?

Décadas después no hay un sólo culpable ni certezas de lo que realmente pasó, lo ocultaron muy bien. Se barajaron varias hipótesis que no cierran para nada en los hinchas y en la población.

Una hipótesis da cuenta -según “testigos”- de que no se habían retirado los molinetes y que la puerta estaba cerrada, provocando la tragedia.

Otra versión: según apresuradas declaraciones del abogado de River, el desastre había sido provocado por la hinchada de Boca que, al querer evitar ser detenidos por la Policía, intentó ganar las escaleras nuevamente para reingresar al estadio.

Otros hinchas afirmaron convencidos que la tragedia fue causada por una brutal represión policial. Según esta hipótesis, la Policía se había organizado para peinar la salida y atrapar a la hinchada de Boca por haber tirado proyectiles durante el partido y, más que nada, por haber cantado contra el gobierno militar, en plena dictadura de Onganía. La represión provocó que muchos hinchas que estaban saliendo del estadio por la Puerta 12 intentaran volver a entrar.

De ahí proviene el cantito con el que los hinchas de Boca dieron su sentencia en los años posteriores: “No había puerta, no había molinete, era la cana que daba con machete”.



La angustia de los familiares de los hinchas que habían asistido a la cancha se hizo dramática. Empezaron a pasear por hospitales y comisarías para intentar reconocer los cadáveres numerados y aún sin identificación. La mayoría de los muertos eran jóvenes y adolescentes. El promedio de edad, 19 años. Por eso la causa quedó a cargo de un juez de Menores, Oscar Hermelo. Cuando al día siguiente fue al estadio para hacer un reconocimiento visual, todavía había cordones, hebillas de cinturón y peines sobre los escalones. Y manchas de sangre.

Tras un dramático velatorio colectivo en la Bombonera, al martes siguiente fueron enterrados los restos de la mayoría de las víctimas, pero todavía quedaban dos cadáveres sin reconocer. El viernes falleció, en el hospital Fernández, Julián Fieldman, de 16 años; la víctima 71 de la tragedia. Dos meses después, el juez ordenó la prisión preventiva de Américo Di Vietro y Marcelino Cabrera, intendente y capataz de River respectivamente, y dispuso un embargo de 200 millones contra ambos y contra el club. Pero -increíble y misteriosamente- a fines de noviembre, la sala VI de la Cámara de Apelaciones en lo Criminal y Correccional, integrada por Raúl Munilla Lacasa, Jorge Quiroga y Ventura Esteves, sobreseyó definitivamente a ambos imputados y les levantó el embargo a ellos y al Club River Plate.

Hoy en la esquina de Palos y Aristóbulo del Valle, en el corazón de la República de La Boca, un mural recuerda con nombre y apellido a cada una de las víctimas.

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