27.8 C
San Nicolás de los Arroyos
jueves, 20 enero, 2022

Edición N° 3931

ROCES, CHOQUES Y EXPLOSIONES

CRÓNICAS DE LA TIERRA MEDIA

Gritos, bombos, cortes, protestas, el final de las elecciones desató los días de furia, diciembre se antoja conflictivo, el bolsillo no da más, cada medida suena irritante y la empatía se pierde en los modelos inalcanzables del éxito. Cortes de calle, camiones como muros, padres golpeando docentes, periodistas chocando con policías y el año que no termina más.



Germán Rodríguez
diarioelnorte@diarioelnorte.com.ar

El auto se clava en el cruce de Pellegrini e Italia, el tipo vuela a la escuela a buscar al nene porque no llega al laburo y los camiones estallan el centro buscando respuestas que nadie sale a darle, porque así como están no pueden seguir, porque la ruta 188, en el medio de la ciudad que creció sin límites ni estructuras planeadas, es la única opción para entrar o salir de San Nicolás. La alternativa es Sánchez y queda en la loma del culo y jode toda una logística que cada vez recibe menos dinero y más gastos, pero el vecino de la ruta ya no puede vivir con el quilombo del tránsito y llegar al centro es casi imposible con la larga hilera de pesados en un tramo donde ni siquiera hay veredas.

Todos tienen razón pero nadie se escucha. Y suenan los bombos rompiendo las bolas al que nada tiene que ver y el tipo ya se levanta alterado, mal, irritable, le grita al comerciante, se gritan todos, se cruzan todos, son miles de universos cansados, saturados de elecciones y de días después donde las caretas se caen y nos damos cuenta que somos más pobres. Y para colmo las fiestas, las incertidumbres laborales, el dólar jugando  con nuestra calma, el fin de los tiempos, la cima de los días, las clases, el aguinaldo en partes, los aumentos que no sirven, los pibes que chillan y el tipo al borde de todos los filos de una sociedad que invita a la frustración continua, le pega al docente. Y el pobre profesor que se viene comiendo un fin de año saturado de exámenes, padres y directivos la liga sin comerla ni beberla y queda escrachado y humillado de una sociedad que se caga a trompadas más seguido, que no se soporta, que siente vacío en sus entrañas, que piensa que cualquiera le puede tocar el culo.



Entonces cualquier acto es un choque, una protesta, desde el parque Aguiar o como cambie su nombre, hasta la sesiones del Concejo. Los gritos se levantan, la violencia que no se contiene, periodistas que reciben patadas de policías, manifestantes rojos de ira, las aguas que se desbordan, los intereses particulares que desatan violencias. Todo “male sal”.

Chocamos

Las cosas irritan, desgastan, no hay empatías con el otro, con ese mundo particular de personas que no saben lo que quieren, adonde van ni porque están, que se sienten ahogadas de exigencias y desafíos a las que les hacen creer que solo se puede vivir en éxito, como si el éxito pudiera ser un estado permanente. El fracaso se hace insoportable, una mochila que se carga porque nos exigimos más de la cuenta, porque ponemos en el otro, ese desconocido total, ya que apenas nos conocemos a nosotros mismos, todas nuestras cargas.



Y así pasa que todo bien con el reclamo del otro, pero cuando me corta el paso me chupa un huevo lo que le sucede y así estamos, sin ver al otro, sin sentir al otro, porque desde el momento en que el dolor del otro no me afecta nos volvemos seres al borde de rompernos, de dejar de sentir, de estallar por cualquier boludes. Vivimos los tiempos de celofán, somos invisibles y lo único que atinamos es vernos a nosotros mismos con nuestros problemas que se magnifican y andamos por la vida chocándonos con los otros, sin verlos, sin sentirlos, sin pensarlos, solo como medios para ciertos fines, solo como escalones para llegar adonde carajo no sabemos que tenemos que llegar.

Jugamos una carrera sin línea de llegada y vamos siempre últimos, estamos disputando un partido sin fin donde por más goles que metamos el árbitro no señala el medio y a cada rato nos empatan o nos superan. Vivimos pensando en lo que nos dicen que pensemos y como no hay una guía al respecto pensamos mal, nos hacemos mal, vivimos mal. Vivimos de la única manera que sabemos vivir. Entonces sí, nos cagamos a trompadas por cualquier boludes.

ÚLTIMAS NOTICIAS





error: ¡Contenido protegido!