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San Nicolás de los Arroyos
viernes, 23 febrero, 2024

Edición N° 4697

Síndrome de fin de año: qué es y cómo prevenirlo

PREOCUPACIÓN Y AGOTAMIENTO

El cortisol, hormona del estrés, se segrega fundamentalmente en momentos de alerta o amenaza. Las recomendaciones de los especialistas son implementar actividades que ayuden a pensar en el presente y actividades vinculadas a los hábitos saludables como la alimentación sana, el deporte, el tiempo libre, tener espacios personales de desarrollo y también realizar terapia.

fin de año

Se acerca fin de año, época que se caracteriza por el cierre de actividades y los cambios en las rutinas propias y familiares. Si bien también suele ser el momento de pensar en las vacaciones, estas modificaciones pueden generar instancias de estrés. Y el estrés, como se sabe, puede causar estragos en la salud física y mental. El estrés se describe con frecuencia como una sensación de agobio, preocupación y agotamiento.

Puede afectar a personas de cualquier edad y género. “El cortisol, hormona del estrés, se segrega fundamentalmente en momentos de alerta o amenaza. Ayuda a hacer frente a desafíos, retos o amenazas pero en exceso es perjudicial para el organismo”, dijo Marisol Barreiro, neuro psicóloga clínica y licenciada en psicología.

En más detalle, el cortisol limita las funciones no esenciales o perjudiciales en una situación de lucha o huida. Este complejo sistema de alarma natural también se comunica con las regiones del cerebro que controlan el estado de ánimo, la motivación y el miedo. Y cuando la respuesta natural al estrés se descontrola, puede causar estragos. “En este marco, es importante saber que la mente y el cuerpo no distinguen entre una amenaza real y una imaginaria. Por lo tanto, en ese constante estado de alerta real o imaginario, se segrega cortisol en exceso”, añadió la especialista. Las consecuencias pueden observarse a nivel físico, hormonal y psicológico.



Los síntomas más comunes de estrés son: irritabilidad, ansiedad, depresión, problemas digestivos, dolores de cabeza, tensión y dolor muscular, enfermedad cardíaca, ataque cardíaco, presión arterial alta y accidente cerebrovascular, problemas de sueño, aumento de peso y deterioro de la memoria y de la concentración. “Además, los picos más altos de estrés pueden llevar a padecer algún trastorno de ansiedad y hasta síndrome de Burn Out (síndrome de cabeza quemada)”, añadió la experta.

Aumento de consultas

Hay momentos en el año, como lo es diciembre, en los que aumentan las consultas en el ámbito clínico y terapéutico por síntomas asociados al estrés. El ‘síndrome de fin de año” o el síndrome de diciembre’ tiene que ver con un aumento en los niveles de estrés de esta época del año. Se da en ese periodo porque se suelen hacer los balances, exámenes y las fiestas, que movilizan muchas emociones. “Entonces, para evitar el estrés de fin de año hay que realizar actividades que ayuden a pensar en el presente y actividades vinculadas a los hábitos saludables como la alimentación sana, el deporte, el tiempo libre, tener espacios personales de desarrollo y también realizar terapia, que es una buena opción”, finalizó Barreiro.

Falta de regulación

El cortisol parece el malo de la historia pero no todos los males se pueden atribuir a esta hormona. Tanto el estrés como el cortisol son ingredientes básicos de nuestras vidas y los necesitamos. De hecho, muchos de los síntomas que aparecen señalados como problemas derivados del “cortisol alto”, se deben en realidad a niveles bajos de cortisol.
Para empezar, el cortisol es la hormona responsable de levantarnos por las mañanas. Los niveles de cortisol suelen alcanzar su máximo por la mañana y disminuir a lo largo del día, alcanzando las concentraciones mínimas por la noche. Si existen problemas para salir de la cama no es por exceso, sino por falta de cortisol.



Las personas que sufren estrés postraumático también tienen niveles de cortisol por debajo de lo normal, así como los niños que han sufrido experiencias traumáticas y padecen depresión. Otros síntomas del cortisol bajo son la fatiga, dolores musculares, problemas de piel y sensibilidad al sol, pérdida del cabello y pérdida de la menstruación.
El problema, entonces, no parece ser el cortisol elevado sino la falta de regulación; la incapacidad del organismo para hacer que el cortisol esté alto cuando toca y descienda cuando ya no lo necesitamos. Lo recomendable es siempre acudir a un profesional que valore si se trata de un problema y guíe para abordarlo.

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