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San Nicolás de los Arroyos
jueves, 4 noviembre, 2021

Edición N° 3857

TUVIERON MARIDOS E HIJOS, DESCUBRIERON QUE SON BISEXUALES Y AHORA SE ENAMORARON ENTRE ELLAS



Hasta los treinta y pocos años, Noelia y Nathalia tuvieron vidas cien por ciento heterosexuales: el clásico novio de la adolescencia, “la primera vez” con un varón, maridos en la adultez, hijos. “Todo siempre dentro de la heteronorma, lo tradicional, el cuadrito familiar”, resume Nathalia. Hasta que llegó el día en el que el cuadrito se torció y se cayó y se hicieron -ya separadas y sin conocerse- preguntas similares: ¿qué es esto que me está pasando? ¿soy heterocuriosa y quiero probar una experiencia sexual o esta mujer me está gustando de otra manera?

Noelia Alperowicz tiene 35 años, es abogada, trabaja en una fiscalía y es madre de Santiago, de 10. Desde hace poco también se define como bisexual (la B de la sigla LGBT+), y si el dato entra en la enumeración es porque ahora su orientación sexual también es parte de su identidad.

Lo mismo corre para Nathalia Tullio, que tiene 39, es contratista, trabaja en construcciones y es madre de Santino, de 9. Juntas, del otro lado de la pantalla y en la semana del Orgullo, cuentan a Infobae los prejuicios que ellas mismas tuvieron cuando empezaron a sentir atracción por mujeres, su primera cita en un auto, las reacciones de sus ex maridos y cómo tomaron sus hijos esto de “mamá tiene novia”.



Una vida heterosexual

“Yo me crié con una lógica: ‘Si sos nena, te gustan los nenes’. En la adolescencia, cuando veía a una chica que le gustaba otra chica pensaba ‘pobre’, ‘la diferente’, ‘qué mal la debe estar pasando’. Como que yo estaba dentro de lo que estaría bien, lo normal. Nunca me replanteé mi orientación sexual”, arranca Noelia y hace comillas cuando dice “lo normal”. Tenía 22 años y ya era una buena estudiante de Derecho cuando conoció a un joven, se puso de novia, se fueron a vivir juntos y tuvieron, unos años después, a Santiago.

Nathalia atravesó un recorrido similar: “Nunca tuve la apertura mental de pensar ‘puede haber otra opción’. Al contrario: me acuerdo que en la adolescencia -los 90′- tuve una compañera que era lesbiana y se notaba, me mandó una carta y yo salí despavorida, tipo ‘ay, no que horror’”. También ella, después de un par de novios, conoció a un joven, se casó a los siete meses y tuvieron, unos años después, a Santino.



Casi ocho años en pareja una, una década la otra pero las dos, al final, se separaron. “Yo empecé a vivir mi soltería, a disfrutar”, dice Noelia, que estaba pisando los 30. “Me ponía una minifalda, me sentía la mina más sensual del mundo y salía a conquistar al tipo que me gustara. Nunca se me cruzó estar con una mujer, la única manera era pensando en hacer un trío, pero siempre desde la apertura sexual, de considerarme una mina amplia. El pensamiento era ‘bueno, listo, ya tuve a mi hijo, hice todo dentro de la estructura, ahora estoy para divertirme’”.

Nathalia, en cambio, sí comenzó tras su separación “un histeriqueo con una mujer. Y ahí empezó mi interrogante, onda ‘este jueguito me está gustando’. Era todo un jueguito erótico, de doble sentido. Hasta que en un momento dije: ‘No puede ser que a mí me esté pasando esto’, me explotaba la psiquis. Yo soy muy estructurada y eso me estaba desencajando”. Desconcertada y angustiada, hizo algo que ahora le da gracia: “Me metí en Google y busqué ‘¿cómo me doy cuenta si me está gustando una mujer?’”.

Sin conocerse estaban viviendo historias espejadas. Hace 3 años, Noelia finalmente se animó y organizó un trío sexual con una chica muy cercana y un conocido. “El tema es que él nunca podía, así que lo terminamos haciendo sin él”, se ríe.



“Y ahí se me dio vuelta el mundo: de creer que sólo quería estar con una mujer como un juego sexual del que podía entrar y salir cuando quisiera pasé a hacerme mil preguntas: ¿qué voy a hacer con esto? ¿por qué, si soy heterosexual, quiero seguir con este juego toda la vida?”.

Nathalia no concretó con “la chica del histeriqueo”, pero se bajó una aplicación, conoció a otra y empezó una relación, aunque con muchas dudas: “Yo pensaba ‘¿qué estoy haciendo? Tengo un hijo’. No me animaba a que se supiera, la única opción era tener una doble vida. Si salía con una mujer lo contaba como una aventura pero decía que había sido con un hombre”.

Todavía creía que ser heterosexual había sido una elección por lo que no concebía la idea de mantener una relación de pareja con una mujer. “Yo quería tener otro hijo, tampoco concebía la idea de tenerlo sola o con otra mujer”. Hasta que llegó un momento en el que la situación se le fue de las manos y pensó: “Tengo que empezar a ver qué me está pasando y aceptar quién soy”.

La historia completa aquí

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