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San Nicolás de los Arroyos
lunes, 8 noviembre, 2021

Edición N° 3861

UNA ENSEÑANZA PARA MOSTRAR QUE LOS POBRES SON MAESTROS DE VIDA

“Que podamos vivir una Iglesia que escucha, respeta y trata de llevar adelante el programa del Reino de Dios”, expresó el obispo de San Isidro en su reflexión sobre el evangelio del escriba y la viuda.

Mons. Oscar Ojea.


El obispo de San Isidro y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor Oscar Vicente Ojea, reflexionó sobre el evangelio dominical en que Jesús compara dos modelos de personas religiosas: el escriba y la viuda.

 “Primero está el escriba. Al escriba, que es soberbio, le gusta ocupar el primer lugar, pero además de eso es avaro; explota las viudas que son un símbolo de lo vulnerable en la sociedad de Jesús; y finalmente lo que le importa es él mismo, él es el centro y hay una dicotomía entre la plegaria y la justicia; reza pero sin embargo explota a los débiles”, describió.

 “Por otro lado aparece la viuda, Jesús está viendo que con discreción y humildad echa dos moneditas en el tesoro del templo, esas dos moneditas resuenan en el alma y en el corazón de Jesús como una verdadera plegaria; da todo lo que tiene de su pobreza, lo que da no se mide por la cantidad, los otros daban mucha cantidad, se mide por la plenitud. Se da ella misma, se da toda y queda arrojada en las manos del Señor”, diferenció, y destacó: “Se podría decir que con una mano está echando las monedas, todo lo que tiene; confiando en la providencia, abandonada en Dios y con la otra mano acaricia, da ternura, da una enorme generosidad a todos los que lo necesitan”.



 El prelado sanisidrense recordó que Jesús, varias veces en el Evangelio, pone como ejemplo a diversas mujeres como verdaderos testimonios de vida y en este caso lo hace frente a los apóstoles como “queriéndoles decir de qué modo los pobres son maestros de vida”.

“Esto lo va a explicar muy bien el papa Francisco en la Alegría del Evangelio cuando nos dice que los pobres no sólo participan del sentido de la fe sino también de los mismos sufrimientos de Cristo y por eso tiene mucho que enseñarnos; tenemos que aprender a recibir el Evangelio de manos de ellos”, citó.

 “El Señor, el domingo pasado, nos hablaba del primer mandamiento: amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, con todas las fuerzas, esta viuda es un ejemplo concreto de cómo se vive ese mandamiento; libre, generosa, alegre, entrega todo y aparentemente se queda sin nada, pero no tiene un corazón vacío, tiene un corazón lleno de Dios. Es rica a los ojos de Dios, dio de su pobreza todo lo que tenía para vivir pero se llenó de Dios, está llena de amor. Sin duda que la viuda es una imagen de la Iglesia, que también es ‘viuda’ porque no está viendo al Señor en esta peregrinación terrena. Con una mano se entrega toda, hecha todo lo que tiene, la Iglesia con una parte de su corazón se entrega totalmente al esposo que va a venir, que es Jesús y con la otra mano cuida a cada uno de sus hijos”.



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