UNA REFLEXIÓN A PROPÓSITO DE LAS VACUNAS

MONS. BUENANUEVA

El obispo de San Francisco alienta la vacunación contra el coronavirus siempre que sea voluntaria y pide no tener actitudes fundamentalistas con quienes ponen reparos éticos para no hacerlo.

Mons. Buenanueva. WEB

El obispo de San Francisco, monseñor Sergio Osvaldo Buenanueva, afirma que “la Iglesia ha remarcado claramente que la vacunación contra el coronavirus ha de ser siempre voluntaria” y recuerda que el papa “Francisco habla de un acto de amor, también por partida doble: hacia nosotros y hacia los demás, especialmente a los más vulnerables al contagio”.

 “En este sentido, tanto de manera pública como en privado he alentado la vacunación de las personas, respetando siempre algunos criterios fundamentales: como todo acto ético implica una apelación a la conciencia y a la libertad personal; debe, por tanto, ser fruto de un consentimiento informado y, por lo mismo, nunca como coacción de ningún tipo”, sostiene en una reflexión a propósito de las vacunas.

El prelado, que ya recibió dos dosis en el marco de la campaña de inmunización, resumió su opinión afirmando: “Creo que hay que vacunarse, pues es una manera fundamental de enfrentar la pandemia. Junto a las vacunas, las otras medidas sanitarias son importantes. Unas y otras apelan a la responsabilidad personal y de toda la sociedad”.

Tras mencionar los dos grupos de reparos éticos que suscitan las vacunas contra el Covid-19, subraya que en una situación ideal, que no es la de la Argentina, “una persona debe tener la posibilidad de elegir aquellas vacunas que no presentan reparos éticos”.

 “El católico que, a pesar de estas precisiones de la Iglesia, después de un maduro discernimiento, elige no recibir las vacunas por razones de conciencia debe ser respetado”, asegura.

Monseñor Buenanueva recuerda que “el movimiento antivacunas es anterior al coronavirus, aunque en pandemia ha adquirido nuevo empuje” y sostiene: “en ambientes cristianos, católicos y evangélicos, parece ejercer también una cierta influencia porque apela, no siempre con suficiente sensatez, a argumentos de carácter religioso. Se requiere discernimiento para no caer en posturas fundamentalistas”.

 “Desde un punto de vista católico no hay que establecer la falaz oposición entre la fe y la razón, Dios y la ciencia. No se trata, por ejemplo, de confiar más en Dios que en las vacunas. Uno y otras no están en el mismo nivel; menos aún compiten entre sí en paridad de condiciones”, fundamentó.

 “La pandemia del coronavirus está golpeando duramente a toda la familia humana. El bien común, como siempre, supone una decisión libre de alta calidad ética. La conciencia del cristiano se descubre especialmente interpelada a abrirse a toda la amplitud de la verdad y a asumir el compromiso de hacer, aquí y ahora, el bien posible para todos”, concluyó.