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San Nicolás de los Arroyos
martes, 18 enero, 2022

Edición N° 3931

“VER O NO VER”

HE VENIDO PARA QUE TENGA VIDA

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Marcos (Mc 10, 46-52)



*Por el obispo + Hugo Norberto Santiago

“Cuando Jesús salía de Jericó, acompañado de sus discípulos y de un gran multitud, el hijo de Timeo, -Bartimeo, un mendigo ciego- estaba sentado junto al camino. Al enterarse de que pasaba Jesús, el Nazareno, se puso a gritar: ‘¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!’ Jesús se detuvo y dijo: ‘Llámenlo’. Entonces llamaron al ciego y le dijeron: ‘¡Ánimo, levántate! Él te llama’. Y el ciego, arrojando su manto, se puso de pie de un salto y fue hacia Él. Jesús le preguntó: ‘¿Qué quieres que haga por ti?’ Él le respondió: ‘Maestro, que yo pueda ver’. Jesús le dijo: ‘Vete, tu fe te ha salvado’. En seguida comenzó a ver y lo siguió por el camino.”
Palabra del Señor.



Ver o no ver

     El Evangelio nos presenta a un ciego, que por ser tal, está “al costado del camino”, aislado, solo, al margen de la vida. Jesús lo cura, lo saca del aislamiento y lo hace nacer de nuevo, porque se reincorpora a la comunidad de los hombres, a la posibilidad del trabajo, del encuentro, del abrazo, y sobre todo, de ver por dónde caminar, no tropezar, no caerse, no lastimarse, darle dirección y futuro a su vida.

     Ver, es el primer paso para solucionar una disyuntiva, una alternativa de decisiones que hay que tomar, un defecto que hay que superar. En este sentido, mucha gente asiste al psicólogo sencillamente para “ver” lo que le pasa, y sólo cuando ve, puede dar el siguiente paso. Si no vemos no avanzamos, no solucionamos el problema, no superamos un defecto, una dificultad, un desafío de trabajo o de convivencia.



Un “ver intelectual” y un “ver ético”

    Hoy se subraya mucho el “ver intelectual” y está bien: nos preocupamos por el nivel educativo en el cual Argentina ocupaba los primeros lugares del mundo y ha decaído unos cuantos puestos; nos preocupa que los niños pasen de grado o de año aunque no sepan; socialmente nos preocupa cuantos adolescentes, por diversas razones, no terminan el colegio secundario o la enseñanza media. Hoy intentamos que nuestros hijos tengan la posibilidad de una formación profesional, terciaria o universitaria. En el presente, la capacitación intelectual es básica para conseguir un buen empleo y un nivel de vida adecuado.

    Sin embargo, si bien el nivel intelectual de formación es necesario, la formación ética o en los valores, que para los cristianos provienen del estilo de vida de Jesús y de él reciben la fuerza, es muchísimo más importante para la vida y el futuro de una persona y de una sociedad. Veamos dos ejemplos: Un joven puede ser el más inteligente y preparado de una escuela media, pero si no tiene valores, es altamente probable que, de acuerdo al estilo de vida tan común en la cultura de hoy, caiga en la adicción al alcohol, la marihuana o la cocaína y bien pronto se destruya como persona. No vio, no tomó conciencia, soslayó la posibilidad real de arruinar su vida con la droga, cayó en ella, le cuesta salir, se dañó neurológicamente y su futuro quedó truncado. Un ejemplo social: a Argentina le cuesta salir de una crisis social recurrente que impide una vida digna para muchos,  tiene como fruto más de un 50% de gente pobre y un alto porcentaje de indigentes. En el fondo está la crisis de valores, y hasta que no lo “veamos” no vamos a salir; los intereses sectoriales o personales por encima del bien común; el enriquecimiento ilícito; la mentira que genera escepticismo en gran parte de la población; las promesas no cumplidas, la indiferencia, la ideología, la violencia verbal y física, etc. etc….indican una caída de valores fenomenal. Hace poco tiempo, me vino a ver Cynthia Hotton, una mujer evangelista seria, honesta, audaz, que propone los valores para el mundo de la política; pensé que lo que su partido propone es trasversal, los valores deberían ser propuestos por todos los partidos políticos para que el bien común social sea posible.



     En síntesis, para superar un desafío personal o social, verlo es el primer paso y es clave; no verlo puede significar seguir como estamos. Por eso nos podemos poner en el “cuero” del ciego que está postrado al margen de la vida y decirle a Jesús: “¡Señor, haz que veamos!”. Primero lo veremos a Él como Señor de la Historia, principio y fin, luego será fácil ver y aceptar su proyecto, que desde el amor personal y social, da origen a los valores que hacen posible la construcción de la vida común de hermanos de una gran familia; la sociedad y el planeta; la casa común. Buen domingo!

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