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San Nicolás de los Arroyos
viernes, 12 agosto, 2022

Edición N° 4137

A 70 AÑOS DE UNA DE LAS GRANDES PROEZAS DEL DEPORTE ARGENTINO, CON EL CLUB DE REGATAS SAN NICOLÁS COMO PARTÍCIPE

Con un bote que había sido prestado por la institución nicoleña, los remeros Tranquilo Capozzo y Eduardo Guerrero obtuvieron la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Helsinki, Finlandia, en el doble par sin timonel, un 23 de julio de 1952. Fue una de las máximas conquistas del deporte argentino a lo largo de toda su historia.

Capozzo y Guerrero, una dupla que entró en la historia grande del deporte argentino.


Un 23 de julio de 1952 los remeros Tranquilo Capozzo y Eduardo Guerrero obtuvieron la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Helsinki, Finlandia, en el doble par sin timonel, en una de las máximas proezas del deporte argentino de todos los tiempos. Al cumplirse 70 años de ese memorable logro, bien vale la pena recordar esa conquista; como así también la participación clave que tuvo el Club de Regatas San Nicolás en ese proceso exitoso.

Nacido el 25 de enero de 1918 en Estados Unidos, Tranquilo Capozzo había llegado a la Argentina en 1936, huyendo de la pobreza de Italia. Tenía 18 años y debía trabajar para mantener a su familia, aunque no tardó en encontrar tiempo para canalizar su pasión por el deporte.

En principio, la actividad que eligió fue el ciclismo, en la que ya venía destacándose cuando comenzó a practicar remo en el club Canottieri Italiani, de Tigre. Vecino de la zona, invertía ahí gran parte de su tiempo libre, buscando sólo pasar un buen rato y olvidarse de las preocupaciones cotidianas. Y la siguió remando hasta que, en 1945, un dirigente que había advertido sus condiciones le propuso representar como singlista a la entidad.

Capozzo tenía 27 años y una esposa, María Luisa, a la que había conocido en el propio club. Su trabajo como mecánico en una siderúrgica de Baradero le demandaba dos horas de viaje de ida y dos de vuelta. Sin embargo, hizo caso omiso a todo ello y aceptó el convite. Al poco tiempo, ya era campeón argentino y sudamericano en la especialidad, desmintiendo con sus potentes brazadas el apodo de “El Viejo del Canottiere” que su prominente calvicie le había hecho ganarse.



No extrañó, entonces, que en 1948 el hombre fuera designado para representar a Argentina en los Juegos Olímpicos de Londres, donde quedó eliminado en semifinales. Pese a ese buen papel, hacia 1951, Capozzo decidió que ya era hora de colgar los remos. Al menos, como singlista.

Fue entonces que apareció en su vida Eduardo Guerrero, quien venía de ser campeón argentino en 1950 representando también a Canottieri Italiani. Cuando le propusieron competir con él en el doble scull del club, Tranquilo no quiso saber nada. Guerrero, nacido el 4 de mayo de 1928 en Salto Argentino, se caracterizaba por una forma de ser bohemia y rebelde. Y  alternaba su pasión por el remo con la que sentía por otros deportes, como el rugby, la pelota y el automovilismo.

“Él va a ser la fuerza, vos el conductor”, le dijeron a Capozzo para convencerlo. No obstante, solo se juntaron con el objetivo de competir en Helsinki, sumando previamente apenas un puñado de regatas unos meses antes, entre ellas el Sudamericano de Chile en donde salieron primeros.

Tranquilo Capozzo en su hábitat, el agua.

Para competir en los Juegos Olímpicos, el Club de Regatas San Nicolás les prestó a Capozzo y Guerrero un antiguo, emparchado y pesado bote, con el que daban casi 12 kilogramos de ventaja a sus oponentes. ¿Cómo pudieron ganar en Doble Scull con esta embarcación?”, fue la pregunta que todos se hacían tras la competencia.

El bote prestado por la institución nicoleña era de 36 kilos, mucho más pesado que los botes de 25 kilos que usarían sus contrincantes. Como agravante, el eterno viaje en avión de Buenos Aires a Helsinki les provocó a los atletas derrames en las piernas. Y, como si esto fuera poco, el bote llegó a destino seriamente dañado. Capozzo y Guerrero debieron repararla con sus propias manos, de manera artesanal, ya que no contaban con los repuestos necesarios como para hacerlo (algunos de los cuales fueron brindados por el equipo de la Unión Soviética, al que luego superarían en la final).



Luego de haber sido primeros en la serie y en la semifinal, en la carrera decisiva, de arranque, la pareja argentina se ubicó en el cuarto puesto. A mitad del recorrido alcanzó la punta, que salvó de manera milagrosa en un momento en el que Capozzo debió rescatar -en segundos- un remo que se le había escapado. Medio kilómetro después de la largada, igualmente, ya les sacaban un bote y medio de ventaja a los checos, y tres a los soviéticos.

La llegada encontró a los argentinos primeros con un tiempo de 7m.32s.2, a seis segundos (tres largos) de los rusos y con Francia, Checoslovaquia y Uruguay detrás. En la Argentina, su arribo triunfal fue saludado a puro grito por la voz de José María Muñoz, quien hacía sus primeros pasos en la radiofonía deportiva.

A su regreso de Helsinki, los remeros fueron recibidos en la Casa Rosada por el presidente Perón y una ya muy enferma Evita (fallecería apenas tres días más tarde). Después de ello, con el golpe de estado de 1955 ambos fueron vetados, por lo que se prohibió su participación en cualquier competencia deportiva.



Tras esa prueba consagratoria en aguas finlandesas, nunca más volvieron a remar juntos. Cappozzo se retiró poco después de ser campeón olímpico, se radicó en Córdoba y falleció en el 2003 a los 85 años. Sus cenizas fueron esparcidas en aguas del Rio Luján, en Tigre, frente a la famosa estatua al remero. Guerrero, en tanto, siguió ligado a la actividad con un fin recreativo y, a los 75 años, entre octubre de 2002 y enero de 2003 unió a remo por el Río Paraná las ciudades de Puerto Iguazú y Olivos. Murió en 2015.

Desde aquella medalla dorada de 1952, Argentina recién volvió a ganar un Oro olímpico en Atenas 2004, cuando lo lograran los seleccionados de básquet y fútbol.

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