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San Nicolás de los Arroyos
domingo, 4 junio, 2023

Edición N° 4432

A UN AÑO DEL COMIENZO DE LA GUERRA RUSIA – UCRANIA: CRONOLOGÍA DE UNA INVASIÓN ANUNCIADA

La invasión rusa a Ucrania conmocionó al mundo, que empezaba a recuperarse lentamente del cimbronazo que significó la pandemia de coronavirus, hace exactamente un año, aunque los días previos a la orden militar del líder del Kremlin, Vladimir Putin, ya se preveía que la tensión iba a derivar en un nuevo conflicto bélico.



Tras la anexión de la península de Crimea por parte de la Federación Rusa en 2014, desde Kiev nunca dejaron de prestar atención a los movimientos del gigante euroasiático, así como también estaban atentos al tema en la Unión Europea y la Casa Blanca.

Días antes de ese 24 de febrero de 2022, Ucrania se enfrentaba a los separatistas prorrusos de Donetsk y Lugansk, en combates que hacían prever que desde Moscú algo podía llegar a ordenarse.

En ese contexto, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, advertió en reiteradas oportunidades que era “inminente” una operación militar rusa en el país europeo: el sábado 19 de febrero Rusia realizó un ejercicio militar en Plestesk y el Mar de Barents, donde mostró la efectividad de los misiles de última generación que poseía el Kremlin.

Ante la escalada de tensión, el presidente francés, Emmanuel Macron, se comunicó con su par ruso al día siguiente: durante 105 minutos, el líder del Kremlin se comprometió a “intentar alcanzar un alto el fuego en el este de Ucrania”, lo que esperanzó (por poco tiempo) a la región.

Sin embargo, poco duró ese sentimiento, ya que el 21 de febrero el ruso reconoció la independencia de Donetsk y Lugansk y envió a esos dos estados soldados para cumplir supuestas “funciones de mantenimiento de paz”. En el discurso previo, el mandatario acusó a Estados Unidos y la OTAN de intentar convertir a Ucrania en una base militar para amenazar a Rusia.

Ante esa decisión, la Casa Blanca y la Unión Europea comenzaron a implementar una serie de sanciones financieras y comerciales contra Rusia, con el fin de impactar en su economía y afectar también a los poderosos magnates vinculados a Putin. Pese a ello, Rusia volvió a realizar el 22 de febrero otro ejercicio militar, esta vez en conjunto con Bielorrusia, país limítrofe con Ucrania.

Pocos minutos antes de las 6 (hora de Moscú) del jueves 24 de febrero, Putin anunció a través de un discurso por televisión el comienzo de una “operación militar especial” en Ucrania.



“Las circunstancias requieren acciones firmes e inmediatas de nuestra parte. Las repúblicas populares de Donbás pidieron ayuda a Rusia. En ese sentido, de acuerdo con el artículo 51 parte 7 de la Carta de las Naciones Unidas, con el consentimiento del Consejo de la Federación Rusa y de acuerdo con el ratificado acuerdo de amistad y ayuda mutua del 22 de febrero de este año con la República Popular de Donetsk y la República Popular de Lugansk, decidí llevar a cabo una operación militar especial, cuyo objetivo es la protección de las personas que, durante ocho años, sufrieron abusos y genocidio por parte del régimen de Kiev”, justificó el líder del Kremlin.

“Instamos a que dejen las armas de inmediato y se vayan a casa. Lo explicaré: todos los militares del Ejército ucraniano que cumplan con este pedido pueden abandonar libremente el área de las acciones militares y regresar con sus familias”, planteó.

A sabiendas de que Estados Unidos y Europa no se iban a quedar al margen del asunto, Putin lanzó una advertencia: “Quienquiera que intente detenernos y crear más amenazas a nuestro país, para nuestro pueblo, debe saber que la respuesta de Rusia será inmediata y los llevará a tales consecuencias que nunca han enfrentado en su historia. Estamos listos para cualquier resultado”.

Inmediatamente después de sus palabras, comenzó a escucharse en distintos puntos de Ucrania el ruido de la guerra: el estruendo de las bombas, el derrumbe de los edificios, los gritos de las víctimas y las sirenas de los servicios de emergencia.

Luego de la no tan sorpresiva decisión de Putin, Zelenski declaró la ley marcial, por medio de la cual comenzaron a restringirse algunas libertades civiles y se autorizó al Comando Militar, junto con el Ministerio del Interior y otros organismos de gobierno regionales, a establecer las medidas y poderes extraordinarios.

Un masivo éxodo en auto, tren o a pie se inició en Ucrania, que vio como millones de sus ciudadanos se agolpaban en las fronteras -principalmente en el límite con Polonia- para huir de la guerra, mientras que los que decidían permanecer salían desesperados a abastecerse de provisiones.

En tanto, en el escenario internacional, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) aprobó una resolución para rechazar la invasión de Rusia, exigir a Moscú que pusiera “fin de inmediato al uso de la fuerza” y se retirara del territorio ucraniano. En Kiev, Zelenski rechaza el ofrecimiento de Estados Unidos para ser evacuado de Ucrania.

Al mismo tiempo, a finales de febrero del año pasado se llevó a cabo en la frontera entre Bielorrusia-Polonia una primera ronda de conversaciones entre las delegaciones rusa y ucraniana, sin demasiados logros ante las profundas diferencias entre las partes.

En tanto, las grandes potencias de Occidente decidieron excluir a entidades bancarias rusas del mecanismo financiero SWIFT y Zelenski afirmó que ese hecho significaba “la desconexión (de Rusia) de la civilización financiera global”. Pero en el ámbito deportivo, la FIFA y la UEFA suspendieron a todos los equipos de fútbol de Rusia, ya sean nacionales o clubes, de las competencias de ambas organizaciones, incluido el Mundial de Qatar.

En el campo de batalla, las Fuerzas Armadas rusas logran avances en el sur ucraniano, pese a la tenaz resistencia de los locales: mientras fuertes bombardeos afectaban a Járkiv, la segunda ciudad más grande de Ucrania, soldados rusos tomaron la ciudad ucraniana de Jersón, en el sur.

Frente a la posibilidad de que las potencias occidentales intervinieran en el conflicto bélico, Putin puso en alerta a su arsenal nuclear y su canciller, Sergey Lavrov, advirtió que una eventual Tercera Guerra Mundial que involucre a la OTAN y a Rusia, sería utilizando ese tipo de armamento.

En ese marco, se produjo un incendio en instalaciones de la planta nuclear de Zaporiyia luego de combates entre rusos y ucraniano y Zelenski consideró que los esfuerzos del Kremlin para quedarse con la central energética son “terror a un nivel sin precedentes”.

El presidente ucraniano comenzó a reclamar a la OTAN que imponga una zona de exclusión aérea en la región en conflicto, ante lo que Putin señaló que consideraría que esa medida sería involucrarse en la disputa y subrayó que las sanciones impuestas son “equivalentes a una declaración de guerra”.

En las conversaciones entre ambas partes se acordaron diferentes corredores humanitarios para permitir que la población civil pueda abandonar la zona en conflicto, aunque en varias oportunidades las Fuerzas rusa no respetaron los firmado y lanzaron misiles, ocasionando centenares de muertes. Siguendo el sentido, las imágenes del bombardeo a un hospital maternoinfantil en Mariupól consternaron al mundo.

En menos de 15 días, la salida de refugiados de Ucrania alcanzó la cifra de dos millones de personas, según informó el jefe de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), Filippo Grandi.

El 10 de marzo se reunieron en Turquía los cancilleres de Ucrania, Dmytro Kuleba, y de Rusia, Lavrov, pero no lograron alcanzar un acuerdo sobre corredores humanitarios o un alto el fuego.

Dos días después, el Vaticano manifestó que estaba dispuesto a hacer “todo lo posible” para ayudar a que se depusieran las armas y poder negociar el fin de la guerra en Ucrania.

El 16 de marzo Zelenski pronunció, virtualmente, un emotivo discurso ante el Congreso de Estados Unidos y volvió a pedir ayuda para enfrentar la invasión rusa, así como Ucrania empezó a recibir visitas de distintos líderes europeos.

Al cumplir un mes de la invasión rusa, Biden viajó a Polonia para advertir sobre la crisis de los refugiados: a esa altura, según la ONU, más de 3,6 millones de personas habían huido de Ucrania.

Mientras ratificaba su vocación de sentarse a dialogar con Rusia, el presidente ucraniano celebraba los “golpes poderosos” a las Fuerzas Armadas del Kremlin, ya que el país europeo logró recuperar varios pueblos que habían caído en manos enemigas.

A inicios de abril, el trabajo de los fotoperiodistas que trabajan en Ucrania vuelve a conmocionar: las imágenes de cuerpos de civiles en las calles y fosas comunes en Bucha, al noroeste de Kiev, advierten sobre la posibilidad de que se estén cometiendo crímenes de guerra por parte de las tropas invasoras. Ante el Consejo de Seguridad de la ONU, el mandatario ucraniano afirmó que los rusos mataron a civiles en Bucha por “placer”.

Sólo días después, el 7 de abril, un ataque ruso con misiles a una estación de tren utilizada como centro de evacuación en la ciudad oriental de Kramatorsk dejó un saldo de decenas muertos y heridos. Zelenski alertó que la situación en Borodianka, un suburbio de Kiev, era “mucho más aterradora” que en Bucha tras la retirada de las Fuerzas rusas.



Las autoridades ucranianos denunciaron que en la retirada del norte del país las tropas rusas dejaron miles de minas y señalaron que se trataba de otro “crimen de guerra”.

Ante todas esas situaciones, Biden calificó por primera vez de “genocidio” las atrocidades cometidas en Ucrania y se comprometió a brindar una ayuda militar combinada de 1.300 millones de dólares junto a la Unión Europea.

En tanto, Putin afirmó que las conversaciones de paz con Ucrania habían llegado a un “callejón sin salida” y prometió que “no se van a detener las operaciones militares”.

Con la guerra concentra en la región de Donbás, más allá de que otras ciudades también fueron atacadas, la ciudad de Jersón cayó en manos rusas y desde el Kremlin se anunció la organización de una consulta popular, que fue calificada por Zelenski como un “referéndum falso”.

A finales de abril, Putin volvió a advertir que cualquier país que se sumara al conflicto bélico recibiría una respuesta “rápida como un rayo” por parte del Moscú.

La planta siderúrgica de Azovstal se convierte en un inesperado campo de batalla, con cientos de civiles refugiados dentro del complejo fabril.

El 8 de mayo la primera dama de Estados Unidos, Jill Biden, pasó parte del Día de la Madre en un viaje no anunciado a Uzhhorod, una pequeña ciudad en el extremo suroeste de Ucrania.

Días después, Finlandia confirma su intención de incorporarse a la OTAN, lo cual generó serias amenazas de parte de Rusia: una de las primeras medidas fue suspender la exportación de energía al país nórdico.

Un soldado ruso acusado de matar a un civil desarmado en Ucrania se declaró culpable de crímenes de guerra el 18 de mayo en un juicio en Kyiv, el primero de este tipo desde que comenzó la invasión.

A fines de ese mes, Zelenski acusó al Kremlin de bloquear 22 millones de toneladas de granos y empujar al mundo a una crisis alimentaria, a la vez que se mostró dispuesto a realizar un intercambio de prisioneros con Rusia.

En tanto, Biden anunció que Estados Unidos proveerá a Ucrania “sistemas de cohetes y municiones más avanzados” mientras siguiera su guerra con Rusia: como respuesta, Putin afirmó que ordenaría nuevos ataques si se concretara el suministro de armamento de largo alcance a Kiev.

El 1° de junio, a 100 días del comienzo de la guerra, UNICEF advirtió el impacto del conflicto en los menores: al menos 243 niños habían muerto y más de 2.200.000 habían debido refugiarse en otros países.

Quince días después, los líderes de Francia, Alemania e Italia visitaron Kiev, luego de que el Gobierno ucraniano criticara a la Unión Europea por considerar que no brindaban suficiente apoyo.

El secretario de Justicia de Estados Unidos, Merrick Garland, viajó sorpresivamente a Ucrania y anunció la creación de un equipo de Responsabilidad por Crímenes de Guerra para identificar y enjuiciar a cualquier persona que haya cometido esos delitos en el conflicto en el país de Europa del Este.

El 23 de junio la Unión Europea otorgó a Ucrania el status de “candidata” a incorporarse al bloque continental.

A mediados de julio, Putin firmó un decreto para simplificar el proceso de obtención de la ciudadanía rusa para todos los residentes de Ucrania.

La crisis política en el Reino Unido, con la salida de Boris Johnson, asusta a Kiev, ante la posibilidad de que la potencia disminuya su apoyo: de todos modos, sus sucesores, Lizz Truss y Rishi Sunak, continuaron con la misma línea de respaldo a Ucrania.

Ucrania, Rusia, Turquía y la ONU acordaron formar un centro de coordinación conjunto para garantizar la seguridad de las exportaciones de granos de Ucrania a través del Mar Negro luego de las conversaciones en Estambul.

Kiev comenzó a recopilar evidencia del daño ecológico de la invasión de Rusia, con la esperanza de algún día llevar esos casos a la Corte Penal Internacional y, en última instancia, hacer que Moscú pague.

Zelenski suspendió a su fiscal general y al jefe del Servicio de Seguridad del Estado (SBU), cuestionando sus cualidades de liderazgo y acusando a muchos de sus subordinados de traición y colaboración con Rusia. En tanto, su esposa, Olena Zelenska, se reunió en la Casa Blanca con Jill Biden.

Tras grandes avances rusos en el este y el sur de Ucrania, las Fuerzas Armadas que responden a Kiev logran recuperar terreno gracias a la provisión de armamento por parte delas potencias occidentales.

Ante esa situación, el Kremlin dispuso la movilización parcial de sus ciudadanos. “Con el fin de proteger nuestra patria, su soberanía e integridad territorial, para garantizar la seguridad de nuestro pueblo y de los pueblos en los territorios liberados, considero necesario apoyar la propuesta del Ministerio de la Defensa y del Estado Mayor General de realizar movilización en la Federación Rusa”, afirmó Putin.

El 23 de septiembre Rusia organizó referendos en las regiones de Donetsk y Luhansk, Jersón y Zaporiyia para decidir su anexión a la Federación Rusa: una semana después Putin anunció los resultados, que fueron rechazados por Ucrania.

Tras las advertencias de Estados Unidos por la colaboración de Irán a Rusia, el Kremlin ordenó el comienzo de una campaña de bombardeo de infraestructura energética y civil en Ucrania con misiles de crucero y dron.

El 9 de noviembre Ucrania recuperó el control de Jersón, una de las principales ciudades del país.

Una semana más tarde, un misil ucraniano cayó por error en un pequeño pueblo de Polonia y provocó la muerte de dos personas.

En el marco del plan ruso para afectar el sistema energético ucraniano, las cuatro principales centrales nucleares de ese país dejaron de funcionar simultáneamente el 23 de noviembre como consecuencia de los ataques.

A mediados de diciembre, nuevos ataques a Kiev dejan gran parte de la ciudad sin suministro eléctrico, en medio del frío invernal.

Días después, Zelenski viajó a Washington y se reunió en la Casa Blanca con Biden, quien ratificó su apoyo a Ucrania.



Un día antes de la Navidad, Putin utilizó por primera vez la palabra “guerra” para referirse al conflicto en Ucrania y dejó la descripción cuidadosamente elaborada de la invasión de Moscú como una “operación militar especial”.

El 19 de enero se estrelló el helicóptero en el que viajaba el ministro del Interior de Ucrania, Denis Monastyrsky, quien falleció en el acto.

A finales de enero, el regulador ruso de las comunicaciones, Roskomnadzor, informó que bloqueó los sitios web de la CIA y el FBI, acusando a las dos agencias gubernamentales estadounidenses de difundir información falsa para “desestabilizar la situación social y política en Rusia”.

Por su parte, Zelenski remarcó la importancia de poder “acelerar los suministros y abrir nuevas opciones armamentísticas” para poder continuar con la defensa del territorio ante las agresiones rusas: luego, Estados Unidos y Alemania se comprometieron a enviar tanques de guerra, entre otros elementos bélicos. .

En respuesta a esa nueva ayuda militar, Rusia lanzó una serie de ataques aéreos con misiles y aviones no tripulados.

Escasos días antes del primer aniversario de la invasión rusa, Biden visitó Kiev de manera sorpresiva y se reunió con Zelenski.

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