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San Nicolás de los Arroyos
sábado, 1 octubre, 2022

Edición N° 4188

EL ARTE COMO CANAL DE SANACIÓN, CONJUGADO EN LA MUSICOTERAPIA

TERAPIA INTEGRAL

Ana Laura Casco es licenciada en Musicoterapia, una práctica de carácter científico -que es aún joven en Argentina- que busca ahondar en el ser a través del arte desde sus distintos ángulos, con el fin de optimizar la salud de quien accede a ella. “Expresa aspectos de lo humano no expresables verbalmente. La música no es inocua, es poderosa y puede transformarse en una gran aliada”, explica la profesional nicoleña.

El encuentro con la música propicia experiencias transformadoras.


Carolina Mitriani
redaccion@diarioelnorte.com.ar

Salir de los estandartes de la educación y formación profesional tradicional representa tomar las riendas de un desafío aún más grande a la hora de abordar el escueto universo laboral. Sin embargo, esa sed de abordar espacios poco explorados fue lo que llevó a la licenciada Ana Laura Casco al mundo de la Musicoterapia. “Toda la vida me interesó el arte (cantando, tocando instrumentos, haciendo teatro) y ha sido un gran canal de sanación. Y, por otro lado, siempre supe que ayudar a los demás era mi vocación. La Musicoterapia fue la forma más cercana que encontré para fusionar y abordar mis dos grandes intereses. Vivo de lo que amo, es mi pasión”, expresó a EL NORTE.

La joven de 28 años cursó sus estudios en Rosario, se especializó en primera infancia y actualmente es pasante del “Centro de estudios e investigación en Medicina y Arte”; además, está en formación de Doula con Elisa Ridolfo. Sus tareas cotidianas atraviesan consultorios, centros de día con abordajes en salud mental, talleres grupales comunitarios en La Emilia y atención a niños y niñas, con o sin discapacidades. Reconoce que “es una profesión de la salud relativamente nueva en Argentina” y que fue un acierto investigar más para poder tomarla como propia, en el desarrollo de un campo de conocimiento donde se vinculan el arte y la salud.

Música para volar

Ana Laura destaca que “cada caso es único, complejo y sumamente rico. Pero, en general, tomo como trascendental no el alcanzar un objetivo, sino el poder observar cómo cada persona que pasa por el espacio llega y se retira feliz y conforme, disfrutando del encuentro. Lo cual, facilita y potencia el trabajo”. Su tarea está vinculada a, como dice el cantante Jorge Drexler, “amar la trama más que el desenlace”.

La especialista analiza que “la música aparece en nuestras vidas y nos acompaña desde el comienzo. La oímos en la panza de nuestra madre, se transforma en canción de cuna hasta evolucionar en una compañera de cada etapa de nuestra vida. La música saca a la luz lo que no podemos expresar con palabras; cada sonido, ritmo, timbre, cada letra impacta y nos hace vibrar con ella. Cada uno de nosotros vivimos y sentimos la música de forma única, nos emociona de forma distinta, la escuchamos y disfrutamos atravesados por nuestra singularidad; por ende, la música no es inocua, es poderosa y puede transformarse en una gran aliada”. Este tipo de arte cumple un rol fundamental en la infancia: “Es a partir de ella que comenzamos a aprender –de una manera muy divertida– habilidades para la vida diaria, reconocemos nuestras emociones y nuestros cuerpos, desarrollamos destrezas motoras al bailar, despertamos la voz cantada y hablada indispensable para comunicarnos, potenciamos la escucha e, incluso, incorporamos contenidos pedagógicos básicos, etc.”.

Evolucionando

Muchas preguntas aparecen al mencionar esta terapia. Ana Laura plantea que “no hay discriminación en quienes pueden transitar un proceso musicoterapeutico. Está destinado a niñes, jóvenes, adultes, adultes mayores, personas gestantes, bebés, ya sea de forma individual, grupal hasta comunal. Abarca la promoción, la prevención y la rehabilitación en salud”, algo permitido porque “la Musicoterapia está destinada a toda aquella persona que desee explorar, conocerse en mayor profundidad, potenciar sus formas y comenzar un proceso de salud que esté investido de arte y música”. Al fin y al cabo, el profesional que habilita este espacio investiga cómo se originan y organizan los discursos que producen diferentes sujetos.

Profesionalizada

Para recibirse en esta ciencia es preciso cursar una carrera de grado, que requiere de una formación de entre 4 y 5 años. Si bien es novedosa en Argentina, su crecimiento va paso a paso. Está disponible para estudiar en universidades de gestión pública y privada, como la UBA, obteniendo el título de “’Musicoterapeuta” o “Licenciado en Musicoterapia”. Cuenta con el respaldo de una Ley Nacional de ejercicio profesional (Ley N°27.153), leyes provinciales y algunos colegios, que avalan y enmarcan el desarrollo de la práctica y el acceso a la misma de manera segura.

“Cada uno de nosotros vivimos y sentimos la música de forma única, nos emociona de forma distinta, la escuchamos y disfrutamos atravesados por nuestra singularidad”.
Lic. Ana Laura Casco, musicoterapeuta.

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