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San Nicolás de los Arroyos
viernes, 1 julio, 2022

Edición N° 4096

EL INFIERNO EXTERIOR, EL INTERIOR Y EL REAL

CRÓNICAS DE LA TIERRA MEDIA

Hay calores y calores. El del tipo que se la pasa debajo del aire acondicionado y se queja de su suerte, el del trabajador que si no llega a un aire tiene un ventilador y cada tanto se le corta la luz y se queja de su suerte, y el calor del pobre gaucho que no tiene como pagar el servicio eléctrico, que depende de la sombra de un árbol amigo rogando al viento que sople algo que no sea vapor y se queja de su suerte.



Germán Rodríguez
diarioelnorte@diarioelnorte.com.ar

El sol, más cercano a la Argentina que al resto de los mortales de este simpático planeta, pega con furia, invita a quemarnos y remarcarnos que cuando el calor es extremo las diferencias sociales también lo son. Sobrevivimos con aires acondicionados, aquellos que los tienen; con ventiladores colocados estratégicamente los menos pudientes, pero sufriendo por las boletas de EDEN cuando lleguen; y a la sombra de un árbol contaminado de hedor húmedo la mayoría de los ciudadanos caídos del sistema. Pero aun así los aires sacuden el sistema eléctrico y se vuelve a pensar el tema de los aumentos, las inversiones y si la culpa es del huevo o la gallina, si es verdad que los subsidios y los impuestos impidieron crecimientos o la avaricia humana que juega azares estacionales hizo mella y saltaron los transformadores dejando sin electricidad a la población cuando más la necesitaba.

Entonces sin luz se vive el infierno de forma más real, más despiadada y más democrática, salvo que se tenga generador entonces que se venga lo que se venga.



Hay nervios en el fuego abrazador de un sol que no anda preguntando que se necesita, de una sequía que arrasa con la pocas lagunas, que deja la tierra desnuda y nos vuelve a enredar en la relación que tenemos con la naturaleza y el ecosistema y todas esas cosas que nos importan hasta que pasamos de página en el celular y nos preguntamos si vuelve Juanfer Quintero a River o si Wanda Nara va a contratar otro guardaespaldas o como posar mejor para la selfie.

Maldiciones

Maldijo su suerte con un insulto dirigido hacia la masa amarillenta que no se sintió afectada ante el clamor del hombre sudado, y con la manga de la camisa se secó el sudor amontonado de la oficina sin aire, tapada de laburo porque la mitad del personal esta con covid. Soñando contagiarse y pasarla aislado, tranquilo mirando cómo se cagan a trompadas Laruso y Lawrence en Cobra kai, es que este mortal caminaba su hogar. Pero el ocio de esas horas que transitan entre los diferentes capítulos de una vida estipulada absurdamente se ven alterados por esas cosas que rompen la rutina y nos patean a una existencia que nadie pide pero llega así, brusca llenándonos de reglas, instrucciones y un manual de supervivencia que se olvida de quienes somos. Llegar y que no haya luz y que por eso tampoco hay agua porque la bomba no estuvo trabajando, es como ser empalado, desollado y exhibido a la horda. Inconscientemente y por costumbre se tiró al sillón agotado, enojado y apretó el control remoto olvidando que ese aparato televisivo también funciona con el gran invento de Edison.



Ni una botella de agua fresca, ni una ducha reparadora, ni un ventilador trayendo esperanza, ni una pelopincho como la de Messi y Antonella que ayuden a mitigar el infierno. El viaje del trabajador al descenso de la vida en la tierra. Entonces salen las preguntas de ¿cómo hacían antes cuando no existía la luz? y el que me importa un carajo como hacían, se arreglaban porque nunca la conocieron y el peor de los males es disfrutar las mieles del conocimiento para luego retroceder. Probar el amor y nunca más disfrutarlo. Es como el esclavo de la caverna de Platón que salió a la luz a adquirir el conocimiento, vio la verdad de las formas y luego regresó a las sombras, a las cadenas pero añorando y muriendo por lo que ya conoció.

Cuerpos mojados, hastiados, y cercanos a un covid que para peor de males no se rinde, no perdona, no invita al sexo, lo rehúye como una plaga. Hoy si alguien tiene aire acondicionado y la suerte de que no se le corte la luz y padece covid pero con la vacunas, mira desde arriba al resto de los mortales que deben hacer su trabajo y salir a calles de un asfalto que se derrite.



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