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San Nicolás de los Arroyos
domingo, 26 junio, 2022

Edición N° 4091

JARDÍN BELÉN: FIN DE UNA SEMANA CLAVE PARA LLEGAR A LA SENTENCIA

Un desfile de testigos, manifestantes, peluches y extensas presentaciones de pruebas dieron por cerrada la primera semana del juicio oral y público que busca dilucidar los hechos de abuso sexual infantil que se habrían cometido en el 2017 contra niños y niñas del Jardín Belén, de San Pedro. Matiussi, Rubíes y Ojeda son los imputados que abordan esta instancia en libertad. El lunes llegarán los alegatos y luego los jueces podrán dictar la sentencia.

En las afueras del Palacio de Tribunales no cesaron los pedidos de justicia. IARA CERASI/EL NORTE

Carolina Mitriani
redaccion@diarioelnorte.com.ar



Cinco días tuvieron como protagonista al Tribunal Oral y Criminal N° 2. El cura Tulio Matiussi, el portero Anselmo Ojeda y la preceptora María Luján Rubíes son los integrantes del Jardín Belén que llegan en libertad al juicio oral, con la imputación de abuso sexual simple agravado. Ojeda y Rubíes declararon su inocencia el primer día del proceso, en tanto que Matiussi aguardó a mediar la semana para tomar la palabra brevemente y expresarlo.

Uno de los momentos de mayor tensión en el recinto se marcó en la reproducción de los registros de cámara Gesell. Los niños dieron detalles escalofriantes. Las mamás pasaron gran parte con sus manos apretadas, apoyando las cabezas. También expresaron tímidas sonrisas ante comentarios de una de las nenas cuando entraba a la oficina de la psicóloga, sobre travesuras de sus mascotas.



Los imputados –que no abundaron en expresiones durante la semana del proceso– tragaron saliva y clavaron sus ojos en la proyección cuando escuchaban sus nombres en los relatos. Algunos allegados a ellos, en su mayoría familiares, permanecían con los ojos cerrados y marcados signos de angustia mientras los videos transcurrían y las voces infantiles rebotaban en las cuatro paredes de la sala. Dos abogados defensores no paraban de murmurar, de fondo a lo central, a veces con risas.

Hubo un silencio atroz cuando uno de los niños tomó con fuerza –como si se tratara de un amuleto o escudo– su muñeco del Capitán América para contar que sus amigos del Jardín Belén también habrían sido abusados. Antes de salir de la sala de peritajes, insistió con volver a San Nicolás para jugar en la plaza que ahí cerca se estaba empezando a remodelar en ese entonces, el Parque San Martín.

Compañía

Dentro del recinto fueron rotando las presencias: madres y padres denunciantes, testigos que finalizaban sus declaraciones, familiares de los imputados, algunos trabajadores de prensa y sacerdotes de la Diócesis de San Nicolás, entre otros.



En las inmediaciones del Palacio de Tribunales de San Nicolás se concentraron alrededor de 200 personas. Ya veían marcando su presente desde el comienzo de las audiencias, pero este viernes fue mucho más masiva la concurrencia al tratarse de un día clave para ingresar a la recta final del juicio oral. Entre ellas, personas de San Pedro, sobrevivientes de abusos en el ámbito de la Iglesia, la Multisectorial de Mujeres, ACASE y promotoras en violencia de género.

Muchos niños y niñas pasaron cerca del mediodía, yendo y volviendo de sus escuelas y jardines. Preguntaban a sus acompañantes por qué tanta gente estaba ahí cantando, por qué había peluches colgados en las ventanas. “Porque unos señores les hicieron mal a unos nenes”, contestó un papá, que dejó que –vestido con uniforme escolar y con la mochila con rueditas en la mano– se detuviera en la vereda para leer con paciencia un cartel que consignaba «Los niños no mienten. No al abuso». Adentro, instantes antes, uno de los abogados defensores bailaba al ritmo de la batucada que hacía sonar en el centro nicoleño la “Canción sin miedo”.

Voces

Al finalizar la semana de audiencias, los imputados fueron retirados por la parte trasera del Palacio de Tribunales, en búsqueda de impedir su encuentro con los manifestantes que se mostraron en contra de su presunto accionar contra los niños y niñas del Jardín Belén.



“Con los chicos, no”, gritaron en la salida de los abogados defensores, quienes ante los abucheos, silbidos y cánticos sonrieron. Asistieron con aplausos y agradecimientos a los representantes del Ministerio Público Fiscal: el Dr. Hernán Granda y la Dra. Franca Padulo, fiscal tematizada en violencia sexual desde hace unos 7 años.

Luego de una ronda de abrazos, las mamás que propiciaron las denuncias se expresaron ante la gente: “Gracias por estar”, “les agradecemos a todos por estar acá. No entendemos cómo algunas personas se pueden prestar a no contar la verdad”, “escuchen a sus hijos. Los niños no mienten ni inventan nada”, “mucho menos pueden inventar cuando no saben de qué se trata lo que dicen”. Los presentes portaron carteles y peluches, que simbolizan la inocencia de la edad en la que habrían sido víctimas de los abusos los niños y niñas.

Justicia, ese algo lejano

Una joven ingresó al recinto para manifestar su acompañamiento. Con timidez, consultó en voz baja acerca de los roles de los presentes. Una manifestante admite en la vereda: “De los nombres de cada parte del proceso no entiendo mucho, sinceramente, ¿cuándo es la sentencia? Queremos estar con ustedes”. Estas situaciones ponen al descubierto la lejanía que aún tiene la Justicia argentina respecto de quienes deben recibir su servicio.



Procesos que se extienden impropiamente en el tiempo, un bucle de pericias e instancias de revictimización. Lenguaje técnico que no está al alcance de gran parte de la población. Oficinas, oficinitas y oficinotas… Mil nombres, papeleríos, protocolos y caminos que parecen no tener fin. En medio de todo eso, el dolor de lo denunciado. Mientras tanto, culpables en libertad y víctimas presas de la injusticia. Mientras tanto, inocentes señalados aguardando por su libertad.

Lo frecuentemente lejano y frío del Estado, con insuficientes herramientas de asesoramiento y contención gratuitos, suele generar que los denunciantes no den el primer paso o abandonen el proceso. También, las desigualdades sociales se hacen presentes en el camino a la verdad; tanto en denunciantes como en denunciados.

Cinco años lleva esta causa, que se inició “sin saber por dónde empezar cuando los chicos nos contaron lo que pasó”. Una mamá, antes de reingresar al recinto, reflexionó que “parecen una vida”, pero en realidad es poco tiempo en relación con otros casos como ese. Los niños y niñas están ya ingresando en la etapa de preadolescencia. “Llegamos”, se escuchó, apenas finalizó la etapa de declaraciones, antes de que varias personas se fundan en un abrazo en la vereda de la sede local de Tribunales.

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